Hoy sí recuerdo lo que he soñado. Eras tú otra vez, claro. Seguía tu silueta en los capítulos de un libro que hablaba de lo que construimos juntos. En una historia complicada de la que todavía no me atrevo a enfrentar el epílogo si no es contigo. Estabas justo al lado del punto y aparte de cada página; más allá de los puntos suspensivos y los espacios en blanco.
Te he rozado con los dedos y casi logro retenerte entre los signos de exclamación de todo lo que quise gritarte; entre los signos de interrogación de todo lo que nunca me atreví a preguntar. Pero te has desvanecido en el último momento y te he vuelto a perder. Y de nuevo he despertado en mi lado de la cama, solo, con un puñado de paréntesis vacíos y un dolor en el pecho.
