Revista Coaching

516.- "Lo más deprimente que le puede suceder a un profeta es que se equivoque. Lo más preocupante para los demás es que tenga razón"

Por Ignacionovo
Autor: Aldous Huxley. Profeta: persona que hace predicciones de hechos futuros a partir de ciertas señales o de su intuición. Adivino: persona que predice el futuro o descubre las cosas ocultas o ignoradas, haciendo uso de la magia o de poderes sobrenaturales. Aparentemente, uno y otro (profeta y adivino) ejercen el mismo tipo de oficio y la supremacía de alguno de ellos sobre el otro carece de fundamento. Se trata, en esencia, de similar faena: anticipar lo que pasará aplicando la mera intuición.
Decía Marco Tulio Cicerón que se sorprendía de que un adivino no se riera cuando se cruzaba con otro adivino, siendo ambos depositarios del mismo secreto embaucador y siendo partícipes, por tanto, de una milenaria mentira que a pesar de la evidencia de su falsedad, ha conseguido engañar y cegar a muchos a través de los siglos.
Llegar a saber anticipadamente lo desconocido o lo que está oculto por medio de la magia, la interpretación de signos u otras maneras no sujetas a la razón, ha sido, y en algunos casos aún sigue siendo, un pasatiempo con multitud de adeptos. Así, a lo largo de los siglos hemos visto como se desarrollaban técnicas tan estrambóticas de adivinación como la aeromancia, que es la adivinación mediante la observación deliberada y específica de los fenómenos atmosféricos; la alectromancia, adivinación con gallos; la aluromancia, adivinación practicada con harina; la ciclomancia, la adivinación en la que se consulta una rueda giratoria; la lampadomancia, augurios del futuro obtenidos por la observación de las oscilaciones de las antorchas o la ololignomancia, predicciones basadas en el aullido de los perros.
Cualquiera de estas técnicas nos movería a la risa, sino fuera porque hay personas que se las toman muy en serio y que con el afán de hallar respuestas que no encuentran en ninguna otra parte, se entregan a ellas para tratar de encontrarlas.
Sin embargo, el oficio de oráculo andante, que pudiera parecer reservado a personas con la inteligencia justa, ha contaminado a lo largo de la historia a un conjunto de sujetos eminentes, capaces, perspicaces y despiertos, que no se resistieron a predecir lo que ellos pensaban que, inequívocamente, ocurriría en su futuro; quedando después sobrepasados por los acontecimientos. La de augur es una labor muy ingrata, porque la vida siempre supera cualquier previsión, por estúpida que parezca, y siempre va más allá de nuestras limitaciones mentales.
Pongamos algunos ejemplos de profecías... que no fueron.
"¿Cómo podría un barco navegar contra viento y marea mediante un fuego debajo de su cubierta? Le ruego que me perdone, no tengo tiempo para escuchar sin sentidos." Napoleón Bonaparte, hablando a Robert Fulton del barco de vapor, (1800).
"Querido señor presidente: El sistema de transportes de este país está siendo sacudido por un medio de transporte conocido como ferrocarril, Como usted debería saber, los vagones son empujados a una exagerada velocidad de 15 millas por hora por la locomotora que, además de poner en peligro la vida de los pasajeros, ruge y provoca une estruendo en su camino a través del paisaje, incendia los campos, asusta al ganado y aterroriza a las mujeres y a los niños. Ciertamente, el Todopoderoso nunca tuvo intención de que la gente viajara a esa velocidad suicida." Martín van Buren, gobernador de Nueva York, (1830).
"Los americanos tienen la necesidad del teléfono, pero nosotros no. Nosotros tenemos a los mensajeros." William Perece, ingeniero jefe de la oficina británica de Correos, (1878).
"Cuando cierre la exposición de París, la luz eléctrica morirá con ella y nunca más oiremos hablar de ella." Erasmus Wilson, profesor de Oxford, (1900).
"El caballo está aquí para quedarse, pero el coche es solo una novedad, una moda pasajera." El presidente del Banco de Michigan, aconsejando al abogado de Henry Ford para no invertir en la compañía Ford Motor, (1903).
"El cine es poco más que una moda perecedera. Lo que la audiencia quiere es ver carne y sangre en el escenario." Charlie Chaplin, (1916).
"Nunca se construirá un avión más grande que éste." Un ingeniero del Boeing 247 después del primer vuelo de dicho avión en el que cabían 10 personas. (1933).
"La televisión no durará. Es un éxito transitorio." Mary Somerville, (1948).
“Pero, ¿para qué puede valer eso?”Ingeniero en la división de sistemas informáticos avanzados de IBM, hablando sobre los microchips. (1968).

Reflexión final: “Lo malo para los agoreros del fin del mundo es que cuando suceda no podrán decirnos a los escépticos: Ves como yo tenía razón.”



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