Cada cual con sus circunstancias, si tuviera que pronunciarme sobre uno de los mejores momentos de mi vida, uno de ellos sería aquel en el que un discapacitado mental, trajeado de bimeta y con galones por hombreras, dijo: «Reemplazo del 92, por última vez, ¡rompan filas!». Y me largué de allí sin mirar atrás lleno de dicha de la cabeza a los pies. El otro momento, aún por llegar, pero seguro que mágico e intenso como el antedicho, será cuando una voz imaginaria me diga algo así como: «Por última vez, fiche antes de salir, ¡y bienvenido a su jubilación!». Tan anheladas palabras darán inicio al que supongo será el último ciclo de mi vida, y solo quedará lo que le contestó John Rambo al Coronel Samuel Trautman, cuando este le preguntó: «¿Cómo vas a vivir, Johnny?». A lo que el interpelado, con voz cavernosa y lapidaria, mientras se alejaba con paso lento, pero firme, contestó sin mirar atrás: «Día a día».
