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614.- "Recordad que el éxito lo trae la suerte"

Por Ignacionovo
Autor: Michael Lewis El discurso de Michael Lewis (escritor norteamericano experto en periodismo y literatura financiera) en la Universidad de Princeton, se ha comparado con el legendario discurso de Steve Jobs en la Universidad de Stanford, por su brutal sinceridad y contundencia.
“A la gente no le gusta que su éxito personal sea explicado por el papel que la suerte ha jugado en sus vidas. Sobre todo, a aquellos que han llegado más lejos. Quieren pensar que su triunfo era inevitable. No están dispuestos a admitir el papel que ha jugado el azar”. De esta forma explicaba Michael Lewis en la ceremonia de graduación de los estudiantes de Princeton, la manera en que tendemos a infravalorar lo accidental, arbitrario y accesorio en nuestro camino hacia el éxito.
“El mundo no quiere admitir que estamos sujetos al azar”, señalaba el escritor, recordando que cada carrera está escrita en sus propios términos y sujeta, en un alto grado, a lo imprevisible.
Lewis ha conocido la fama mundial por ser el autor de la novela Moneyball, adaptada recientemente al cine con Brad Pitt en su papel protagonista (pinchando sobre la frase podrás ver el trailer). En ella el escritor defendía que las formas que tenemos de evaluar el talento no suelen ser las más apropiadas, ya que se basan antes en factores colectivos que en individuales. El ejemplo de un equipo de béisbol en el que se apoyaba la historia, sirve para argumentar cómo la vida no está condicionada por una lógica matemática: “En teoría, los equipos más ricos contratan a los mejores jugadores, y por ello, deberían ganar siempre”. Pero la realidad no es así, y siempre hay factores que se escapan a nuestro control.
En su intervención, Michael Lewis recurrió a su trayectoria como escritor de éxito para ejemplificar de qué manera nuestras historias se construyen a partir de hechos inesperados. Lewis se graduó en Historia del Arte en la Universidad de Princeton, y al considerar que se encontraba poco preparado para el mercado laboral, decidió escribir una tesis sobre Donatello como primer paso en su carrera literaria. Cuando estuvo terminada, Lewis preguntó a su director qué le parecía el texto, a lo que este respondió con un seco “vamos a decirlo de esta forma: nunca te intentes ganar la vida con ello”.
Lewis se encontró entonces en la misma encrucijada que otros graduados que no sabían qué hacer con sus vidas profesionales, por lo que decidió centrarse en escribir. Una noche cualquiera, en una cena, Lewis fue ubicado al lado de la mujer de un gran inversor de Wall Street, que le ofreció un trabajo en la empresa Salomon Brothers, la compañía que estaba “reinventando la forma de invertir en Wall Street”. Un golpe de suerte, porque fue lo que le proporcionó el tema de su primer libro.
Lewis decidió tomar el camino más difícil. En lugar de aceptar el cheque de miles de dólares que la compañía le ofrecía por seguir trabajando allí, decidió renunciar a los cuantiosos beneficios materiales que le habría granjeado el trabajo y dedicarse a lo que verdaderamente pretendía: escribir un libro. Lewis ignoró el consejo de su padre de “esperar diez años, amasar tu fortuna, y entonces escribir tu libro”, y de esa forma, a los veintiocho años vio cumplido su sueño, consiguiendo vender más un millón de ejemplares de El póquer del mentiroso, que denunciaba los sueldos desproporcionados ofrecidos por Wall Street.
Consiguió la fama, se garantizó una larga carrera y, en definitiva, obtuvo la oportunidad de dedicarse a lo que quería. ¿La respuesta que recibió de su entorno? Que todos reconociesen que había nacido para ser escritor. Exactamente todo lo contrario que le había recomendado su director de tesis. Algo que nunca hubiera ocurrido si el azar no le hubiera sentado al lado de aquella mujer desconocida.
Moneyball tenía otra moraleja: no dejes que los resultados de la vida te engañen. Aunque no sean totalmente arbitrarios, implican un alto porcentaje de suerte”, proseguía Lewis, respondiendo a aquellas concepciones que señalan que el éxito es el destino prefigurado para la gente con talento. La enseñanza principal del autor es que no hay caminos marcados para el éxito y que ninguna historia está escrita de antemano.
“Reconoced que si habéis tenido éxito, es porque habéis tenido suerte”, recordaba a su auditorio. “Quiero recalcar esto porque es algo que es muy fácil de olvidar”.
Lewis también les dijo a los recién graduados que no debían de considerarse unos elegidos. O, por lo menos, “que no deben comportarse como si lo pensaran así”. Y, por último, Lewis recordó a los estudiantes de Princeton lo azaroso del éxito. “Debéis ser conscientes del carácter arbitrario de vuestra situación. Formáis el grupo de los afortunados. Tenéis suerte de tener los padres que tenéis, de haber nacido en este de país, de estar en un lugar como Princeton donde podéis conocer a otra gente afortunada y por ello poder ser aún más afortunados”, concluía Lewis. De esta forma, el autor recordaba a su auditorio su condición de privilegiados, y que no tenían otra razón para sentirse especiales más allá del mero azar. A partir de ese momento, señalaba Lewis, está en vuestras manos trazar vuestro propio camino.
Discurso completo de Michael Lewis (en inglés)
Enlace con la noticia publicada en Elconfidencial.com



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