Revista Cultura y Ocio

A sangre y fuego - Manuel Chaves Nogales

Publicado el 27 noviembre 2019 por Elpajaroverde
"Se paga caro, desde luego. El precio, hoy por hoy, es la Patria. Pero, la verdad, entre ser una especie de abisinio desteñido, que es a lo que le condena a uno el general Franco, o un kirguís de Occidente, como quisieran los agentes del bolchevismo, es preferible meterse las manos en los bolsillos y echar a andar por el mundo, por la parte habitable de mundo que nos queda, aun a sabiendas de que en esta época de estrechos y egoístas nacionalismos el exiliado, el sin patria, es en todas partes un huésped indeseable que tiene que hacerse perdonar a fuerza de humildad y servidumbre su existencia. De cualquier modo, soporto mejor la servidumbre en tierra ajena que en mi propia casa".
"Viniendo de un campo o de otro, de uno y otro lado de la trinchera, llegará más tarde o más temprano [...] la única fórmula concebible de subsistencia, la de organizar un Estado en el que sea posible la humana convivencia entre los ciudadanos de diversas ideas y la normal relación con los demás Estados, que es precisamente a lo que se niegan hoy unánimemente con estupidez y crueldad ilimitadas los que están combatiendo".

A sangre y fuego - Manuel Chaves Nogales

Si no fuera por las referencias a Franco y al bolchevismo en las citas precedentes tal vez se haría necesario por mi parte precisar que ambas datan del año 1937. Las he extraído del prólogo de A sangre y fuego escrito por su propio autor, Manuel Chaves Nogales.

La verdad es que no tengo muchas ganas de escribir. No tengo ganas de escribir ni de Chaves Nogales, ni de su prólogo, ni de los relatos que componen este libro, ni de la guerra civil que retratan, ni de por qué si obviamos referencias históricas los fragmentos anteriores se me antojan tan actuales. He estado tentada de no traer este libro al blog y, ahora que lo pienso, no es precisamente el libro lo que estoy trayendo: lo que estoy trayendo es la tristeza y la impotencia que habitualmente traduzco en mutismo.

Soy de la misma tercera España a la que perteneció el periodista Manuel Chaves Nogales. Algunos dirán de mí que no me mojo, que no me defino; de buena gana respondería que mi bando soy yo, que mi bando es aquel en el que tienen cabida los desertores de todos los bandos. Algunos dirán que en la vida hay que elegir, que hay que posicionarse; desgraciadamente, he de darles la razón pero, afortunadamente, aún no ha tocado nadie a mi puerta para obligarme a elegir bando.

A la puerta de Chaves Nogales tocaron el día en que el gobierno de la República abandonó Madrid y él, que tenía ideas (como también las tengo yo) pero no bando, quiso seguir sin tenerlo y optó por hacer las maletas y poner tierra de por medio.

"A partir de entonces soy el único ser humano que habita este pueblo. Alguna vez, durante la noche, ha venido escondiéndose tal o cual madre o esposa fugitiva anhelando saber la suerte de los suyos. Cuando recorren estas calles y estas casas vacías y en silencio, cuando comprueban espantadas que no queda alma viviente, huyen otra vez aterradas. Sólo yo estoy aquí para llorar y rezar por todos".

Una se siente a veces como la única habitante del pueblo de los sin bando: sola y llorando y rezando por todos sin saber siquiera si hay dios o humano que la escuche. Pero, no, somos muchos los habitantes de ese pueblo más real que fantasma. Tal vez no se nos sienta porque los de los bandos hacen demasiado ruido.

"Soy un cochino sentimental -pensaba-; un lamentable artista tan blando y tan incapaz para la revolución como todos los artistas y todos los intelectuales. Tendré que vigilarme".

Soy una cochina sentimental, no soy artista y mi presunta intelectualidad me sirve más bien de poco. Bien sé que el mundo, para bien o para mal, lo cambian los hombres de acción. Bien sé que es necesaria la acción para mover el mundo.

En una escena de uno de los relatos que componen este libro el protagonista se encuentra con una niña que vaga sola y le pregunta cómo saluda su papá: si con los dedos extendidos, si con los dedos cerrados. Símbolos, posicionamiento, bandos; diferenciarse para igualarse usando los mismos métodos, recurriendo a esa estupidez y crueldad que Chaves Nogales consideraba único enemigo suyo y de España. Nuevos símbolos y nuevos bandos para los nuevos tiempos; la misma estupidez y crueldad como enemigo de todos.

El periodista sevillano escribe los relatos de A sangre y fuego entre 1936 y 1937. No sé por qué me sorprende su lucidez en plena vorágine fratricida, sin mediar la distancia temporal que suele aportar amplitud de miras. Al fin y al cabo, no me sorprendo a mí misma haciendo pronósticos sobre acontecimientos recientes y acertando en gran medida. Me siguen sorprendiendo, en cambio, la estupidez y la crueldad y la falta de lo que yo llamo responsabilidad política.

En otro de los relatos de este libro es a la puerta de un obrero contrario a la disciplina proletaria pero ni "cuchillo para los trabajadores" ni "lacayo de la burguesía" a la que tocan obligándole a elegir bando. "Murió batiéndose heroicamente por una causa que no era suya. Su causa, la de la libertad, no había en España quien la defendiese".

Escribo esta entrada el 16 de noviembre de 2019. Es un tanto ridículo este afán de precisión temporal por menos de un par de semanas cuando apenas la ha requerido un libro escrito hace más de ochenta años pues, aunque bien sé que en tan poco días puede haber muchos cambios, mejor aún sé (y, según me he informado, la siguiente idea deriva de El Gatopardo de Giuseppe Tomasi di Lampedusa) que todo puede cambiar para que nada cambie.

No quiero aldaba ni timbre en mi puerta, menos aún la quiero a cal y canto cerrada. No quiero echar a andar por el mundo, quiero mi parte habitable del mismo en España. No quiero ser patriotera, no quiero nacionalismos (incluyendo entre estos el españolismo) pero no se me ocurre en este momento mejor idea de patria que ese vaticinio de ese español desde el exilio que fue Chaves Nogales de la posible convivencia entre ciudadanos de diversas ideas. Y no sé por qué ha de parecer a veces tan difícil de conseguir cuando no somos una cantidad nada despreciable los que pensamos así. O tal vez lo sé demasiado bien pero reconocerlo equivale a eliminar toda esperanza.

"Al otro lado de la bahía empezaban a parpadear las lucecitas de Algeciras, anticipándose al crepúsculo. Detrás, un fondo rojo que luego se hacía cárdeno y finalmente negro había ido borrando el contorno de la tierra de España. Ya no se veía nada".

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