Retrato de Teresa Mestre de Baladía (1869-1949), pintado por Ramón Casas (1866-1932). En la película documental "Abans que el temps ho esborri" (Antes de que el tiempo lo borre) se cuenta la historia de este cuadro y cómo influyó decisiva y trágicamente en la vida de la retratada.
El libro que escribió su bisnieto Javier Baladía, se ha convertido en una película cuyo guión han escrito Victoria Bermejo y él, y ha dirigido Mireia Ros. Una película hecha con fotografías en blanco y negro y filmaciones de época, alternadas con imágenes del mismo Javier Baladía como narrador moviéndose en la Barcelona actual. Se utilizan con mucha agilidad recursos visuales de postproducción con humor, que ayudan a sobrellevar las a veces desmesuradas biografías de los Baladía, y nos descubre personajes que crearon una Barcelona cosmopolita y culta, que atrajo entre otros a Diaghilev y Nijinski, a Einstein, a Richard Strauss o a Carlos Gardel. Entre las dos Exposiciones Universales de 1881 y 1929, los Baladía fueron parte de la alta burguesía industrial que amasó grandes fortunas. Tuvieron tiempo de divertirse en París, apoyar a Pompeu Fabra, crear el Conferentia Club, encargarle casas a Puig i Cadafalch y pusieron en el mapa de los veranos de miles de turistas posteriores lo que entonces eran remotos pueblos de pescadores como Cadaqués o Palamós.
Teresa Mestre era una belleza, además de una mujer inteligente e independiente, que se casó con Jaume Baladía i Soler, con quien tuvo tres hijos. La madre de su marido murió en el parto y fué su tía Ramona Soler quien lo crió. Esta temible mujer era una fuerza de la naturaleza, capaz de dirigir una empresa textil con miles de obreros que le llamaban "el amo" y acudir al despacho de la fábrica con un revólver en la liga y tener un rifle Winchester encima de la mesa para cuando tenía que enfrentarse a las reclamaciones obreras. Era viuda, sin hijos, dominante, y muy fea, lo que con los años había empeorado un carácter ya de por sí poco afable.
Ramón Casas realizó este retrato de Teresa y dicen que cuando Eugeni d'Ors lo vió en su estudio, reconoció en ella a "La ben plantada", la protagonista de las glosas que publicó el verano de 1911 y en las que quisieron reflejarse todas las mujeres de su época, ya que personificó las virtudes de belleza e independencia de la ética noucentista. Sin embargo, el retrato no había sido un encargo. Se supone que lo hizo a partir de dibujos que hizo a escondidas, cuando pintó a sus tres hijos por encargo de la matriarca Baladía. La temible tia Ramona tuvo siempre celos de Teresa y descubrir el retrato le dió la oportunidad de perjudicarla. Ante las sospechas que generó el retrato, y el escándalo consiguiente, le retiró la custodia de sus tres hijos y la recluyó en la casa de Argentona, fuera de Barcelona. Su marido se encontró entre dos fuegos, entre el amor por su mujer y la ira de tía Ramona. Teresa resistió algún tiempo y al cabo de unos meses tomó la única vía posible para una mujer en aquella época: huir. Huyó a Suíza con Josep Pijoan, un intelectual más joven que ella, que le había mostrado su apoyo durante el doloroso proceso de separación de sus hijos. La película incluye la grabación sonora de Teresa en su lecho de muerte en 1949, pidiendo perdón a sus hijos y mostrándoles todo su amor, a pesar de no haber podido volver a verlos en todos esos años, aislada como quedó por tía Ramona.
Una historia trágica, desencadenada a raíz del retrato de una mujer muy hermosa, pintada por un excelente retratista.