Luego se acercaban al rincón de labores, y les hacían entrega de los pompones y trabajos de telar de cada niño. La maestra, en cuclillas para poder estar a la altura del niño, hacía algún comentario sobre las labores (muy bajito, era imposible escuchar lo que decían a cada niño, porque era sólo para que cada niño pudiera escucharlo).
Por último, todos pasaban a la imagen final. Allí la maestra explicaba al niño (esto lo supe cuando le tocó a Joaqui) que allí estaba representada la tierra, con todo lo que nos dá: el agua, el trigo para el pan, los arboles, los animales; e invitaba al niño a elegir una figura de las tantas que se veían allí representadas.
Joaqui escogió a un leñador con su hacha.
A medida que iban completando el camino, cada familia se despedía de los maestros, y luego se retiraba, en silencio.Sin actos. Sin disfraces. Sin estridencias. Así terminamos el año.Y todo lo que tuvo de sencillo, lo tuvo de hermoso.
