La Fundación MAPFRE dedica en la Sala Recoletos una destacada retrospectiva a Anders Zorn, uno de los grandes pintores de la belle époque. Maestro de la acuarela, el óleo y el grabado, el artista sueco convirtió la luz y el agua en protagonistas de una obra que celebra la feminidad, la naturaleza y la elegancia moderna. Una exposición que permite redescubrir a un creador cosmopolita, profundamente ligado a su tierra.
Una de las exposiciones más interesantes de la temporada en Madrid llega de la mano de La Fundación MAPFRE. La Sala Recoletos acoge a partir del 19 de febrero, la muestra Anders Zorn. Recorrer el mundo, recordar la tierra, dedicada a uno de los pintores más notables de la belle époque, el artista sueco Anders Leonard Zorn (Mora, Delecarlia, 1860-1920).
Fue un maestro de la acuarela, el óleo, y el grabado. Pintaba lo que veía con fidelidad inmediata, captando la realidad de su mundo mediante un dominio de la luz natural tan extraordinario, que podría definir el naturalismo luminista de su época. Una paleta limitada que conseguía con brillantez una representación coherente de la luz y la atmósfera.

Anders Zorn. Autorretrato, 1896.
La vida de Anders Zorn ofrece las claves, tanto de su destreza artística como de las temáticas que trató. Nació en 1960 en la región sueca de Mora, donde hoy se puede visitar su casa museo. Su infancia, de orígenes humildes, transcurrió en un entorno rural tradicional, que imprimió su sensibilidad estética ligada a los paisajes del lago Siljan, sus bosques, las costumbres populares, el trabajo agrícola, las festividades religiosas. Tras la muerte de su padre, un cervecero bávaro a quien no llegó a conocer, fue sorprendido con una pequeña herencia que le facilitó mejorar su situación educativa llegando posteriormente, a alcanzar una posición destacada en el panorama artístico internacional, de finales del siglo XIX y comienzos del XX.
En 1875 fue admitido en la Real Academia Sueca de Bellas Artes de Estocolmo. Su intención inicial era dedicarse a la escultura, pero pronto se orientó hacia la acuarela. Y en 1880 obtuvo un primer gran éxito con In Mourning, expuesta en la muestra de estudiantes y muy solicitada por coleccionistas, incluido el rey Óscar II de Suecia.

Anders Zorn, Medianoche, 1891. Óleo sobre lienzo.
Zorn abandonó temprano la academia. Al mismo tiempo, empezó una relación con Emma Lamm, perteneciente a una familia judía de clase media-alta de Estocolmo. Durante estos años se sintió influido por la acuarela de Egron Lundgren, especialmente por su tradición británica basada en la transparencia y el realismo, aunque Zorn desarrolló un lenguaje más sintético e innovador.
Johan Cederlund, doctor en filosofía y director del Museo Anders Zorn, en su libro Anders Zorn Sweden's Master Painter nos cuenta cómo pasó seis meses en España, entre Sevilla y Cádiz donde pintó acuarelas de escenas locales y de sus mujeres. Cuando llegó a Sevilla escribió una carta a su futuro cuñado, Hugo Geber: "Aquí hace calor, hay sol, chicas bonitas y mendigos pintorescos, un paraíso para los pintores". Una de las obras de esta época, Las primas, fue aceptada en el Salón de París de 1882, lo que supuso su primer reconocimiento internacional.

Anders Zorn. Castillos en el aire, 1885.

Anders Zorn. Retrato de Cristina Morphy, 1884.
Ese año, Anders Zorn se estableció en Londres, donde Cederlund nos dice que instalado en Mayfair, comenzó a recibir encargos de retratos, primero de la colonia sueca y después de clientes británicos y estadounidenses. En 1884 realizó un nuevo viaje a España y, con el bello retrato de Cristina Morphy en Madrid, demostró que la acuarela puede competir con el óleo en resultado.
En 1885 regresó a Suecia y se casó con Emma Lamm, que sería su gran apoyo intelectual y figura fundamental para gestionar su carrera. Viajaron a Constantinopla por su luna de miel donde Zorn sufrió una grave enfermedad. Una vez recuperado viajaron por Europa, el norte de África y España. Una pintura que representa el virtuosismo del pintor es Summer Vactions, (1886). Anders disfrutaba de su primer verano, como recién casado con Emma en Dalarö, en el archipiélago de Estocolmo. En esta atmósfera nórdica, el agua es el protagonista de la destreza de Zorn en el tratamiento de la luz.

Anders Zorn. Estudio de un desnudo, 1981 a 1982.
Los reflejos lumínicos en el agua plateada y el remero dotan de movimiento la escena poética, en armónica tensión con la quietud serena de la mujer de blanco.
El mar llevó a Zorn hasta Cornualles y comenzó a pintar al óleo con regularidad. Pintó Pescadores en St Ives, que obtuvo un reconocimiento internacional al ser adquirida por el Estado francés tras el Salón de París de 1888. De este modo, su lugar fue París donde participó en la Exposición Universal de 1889 y recibió la Legión de Honor. Su pintura no fue ajena a la influencia de ciertos elementos del impresionismo, pero siempre manteniendo su construcción formal.

Anders Zorn. Placer de verano, 1886.
Hacia finales de 1880 se dio a conocer por sus desnudos al aire libre, alejados de toda referencia mitológica, centrados en la relación entre el cuerpo femenino, la luz y el entorno natural. Durante los años noventa alcanzó su mayor reconocimiento como retratista internacional, especialmente en Estados Unidos, y desarrolló paralelamente una notable obra gráfica. En 1896 regresó definitivamente a Mora, donde combinó su actividad artística con un intenso compromiso cultural y patrimonial que culminó, tras su muerte, en la creación del Museo Zorn.
