Revista Atletismo

Antorchas bajo la luna llena

Por Juan Andrés Camacho Fernández @CorredorErrante
Antorchas bajo la luna llena
Dos semanas después de correr mi última legua, tocaba volver a las andadas, nuevamente en un escenario costero (Torre del Mar), pero esta vez con una temperatura mucho más estival.

Intuía la zona de salida, de cuanto pasamos por el paseo marítimo en la II media maratón de Vélez, a la que llegamos Mayte y yo tras despistarnos un par de veces; allí nos esperaban Cristobal y Manolo, del Club Atletismo Fuengirola.

Una vez aparcados nos encontramos bajo el arco de salida, Cristóbal me entregó el dorsal (no tenía camiseta al haberme inscrito después de los 600 primeros corredores) y nos pusimos a calentar.

Nos encontramos muchas caras conocidas, como a José María Vázquez "Melillero", a Agustín Molina y a varios corredores del Beer Runners que Cristóbal conocía.


Tras trotar un poco busqué un buen lugar para tomar la salida, que se preveía muy rápida, y tras pocos minutos, Cristóbal y Manolo se unieron a mi.


Nos encontrábamos en primera línea, pero como suele pasar, acabamos en segunda, al ponerse delante los "top", a los que, desde luego, no queríamos dificultar la salida.


A pocos minutos de tomar la salida, alguien de la organización comenzó a entregar pulseras fosforescentes, pero cuando nos decidimos a acercarnos ya no quedaban... ¡qué mala suerte!


Bueno, era un detalle sin importancia... vuelta a nuestra posición, bajo el arco... a la que no pudimos acceder, ya que un muro humano que excedía un par de metros el arco nos lo impedía.


Nos colocamos ante él, y tras los corredores que poco a poco se fueron adhiriendo, acabando 4 filas por detrás de la primera línea de salida.


Tras varios minutos tratando de volver a la posición de salida los jueces de carrera consideraron buena la formación, ¡y dieron la salida!


Fue frenética, como en la legua de Marbella, pero dado el número de corredores de esta edición, aun bastante más.


Tras varios empujones (uno casi me lanza al suelo) y más de un pisotón directamente sobre los pies (competía, una vez más, con las Pies Sucios Simna 3), vi una ligera apertura en la parte izquierda y, subiéndome parcialmente sobre la rotonda, fui abriéndome hueco por el lateral izquierdo, cercano a la cabeza de carrera.

Hubiese bajado el ritmo, pero se aproximaba una curva y temía que alguien me llevase por delante si la tomaba muy abierta, así que mantuve el paso mientras escuchaba una agitada respiración tras de mí; era Cristóbal, que llegaba raudo.

Tras coger la curva frené de sopetón, ya que no me esperaba el tramo de arena, y al ser de noche, no veía donde pisaba...

Varios corredores me adelantaron, mientras iba perdiendo fuelle con respecto a Cristóbal.

Pasamos juntos el primer kilómetro, en 3:26, con el mar al fondo, la luna, casi totalmente llena, como testigo, y el camino de tierra iluminado cada varias decenas de metros por antorchas.

La estampa era preciosa, pero el circuito me estaba resultando tremendamente duro, ya que no sabía por donde pisaba y tan pronto tropezaba como caía de golpe contra el suelo.

Me agobié y dejé que se fuese el grupito al que acompañaba, justo al pasar la primera milla (5:33, a un segundo de mi mejor marca en milla), aunque Cristóbal seguía volviéndose a cada pocos metros para ver si retomaba el ritmo.

No estaba nada cómodo, entre el veloz inicio y este tramo... no podía correr a gusto...

Pasé de 3:26 de ritmo medio en el primer km a un ritmo medio de 3:38 en el segundo km... y aunque pasé a un par de corredores, cada vez eran más los que me dejaban a mí atrás, sin esfuerzo aparente.

A lo lejos vi un corredor tendido en el suelo, al que una voluntaria trataba de ayudar; pasé al lado bastante rápido y solo alcancé a oír "no puedo", y vislumbré parcialmente a uno de los corredores árabes del Clínicas Rincón, uno de los favoritos de la prueba desde mi punto de vista (creo que fue 5º en la pasada edición de la media de Vélez).

Por un momento me pregunté si me pasaría a mi también algo así, ya que me costaba respirar, tenía la lengua pegada al paladar y la boca totalmente seca, y pese a ir a un ritmo ya de casi 3:40 min el km llevaba las pulsaciones disparadas y me sentía pesado y lastrado.

Llegando al tercer kilómetro pasó la cabeza de carrera, liderada por Maciej, si mal no recuerdo, y poco a poco fueron pasando los primeros clasificados; al menos la vuelta no sería por el carril...

Tras pasar sobre una rampa de madera y subir y bajar una pendiente enlosada, por la que casi derrapo, enfilamos el paseo marítimo, en el que me daba la impresión de que en cualquier paso me iría al suelo.

Seguía con el corazón desbocado, con la respiración entrecortada y la boca seca y llena de polvo; y quedaban 2 kilómetros... ¡que larga se me iba a hacer la legua!

Me adelantó otro corredor, y en un punto donde una voluntaria nos desviaba el grupito al que perseguía siguió recto; dudé un segundo y seguí a la voluntaria (tan solo dábamos la vuelta a una jardinera, realmente los dos caminos tenían la misma distancia).

Poco a poco el grupo se fue disgregando, pero no conseguía dar caza a ninguno...

1 kilómetro para meta, a 3:50 y con una sensación de sed y de agobio como hacía mucho tiempo que no tenía.

Tras correr por el carril de tierra y arena me parecía muy rígido el enlosado del paseo marítimo, y me daba la sensación de que no corría ni bien.

Poco a poco parecía que me aproximaba a los corredores, y, acuciado por pasos cercanos, pude acelerar.

Primero me adelantaron dos corredores; después, adelanté a uno y otro del grupo al que perseguía.

Ya solo tendría que aguantar la posición 500 metros más...

Cada vez había más gente a ambos lados del paseo, nos animaban, se oían palmas... ¡pero no veía el arco de meta!

Fijaos si soy miope que al saltar la alarma del GPS que marcaba el paso por el kilómetro 5 me puse a ver donde estaba el arco, ¡y lo tenía a poco más de 50 metros!

Esprinté como pude y lo crucé; 18:39, cuajando mi tercer mejor tiempo en 5k en ruta (18:14, 18:22 y 18:28, todos de este año).

El avituallamiento en meta fue un oasis... hacía muchísimo tiempo que no sufría tanto con una prueba, y nos encontramos agua, coca-cola, sandía, melón, helados, chistorra, filetes, bocadillos... todo gratuito y a rebosar.

Me centré en lo básico (tajadas de sandía que se derretían en la boca, agua y coca-cola) y me puse a recuperar el aliento y los niveles de hidratación.

Al minuto llegó Manolo, pletórico, al bajar de 20 minutos tras pegarse una buena tirada cercana a 4 min/km esa misma mañana (y pasando ya los 50 tacos), pero a Cristóbal no lo veía.

Salí a encontrarme con Mayte y Ani, la mujer de Manolo, y juntos buscamos a Cristóbal, a quien encontramos en el interior del polideportivo, en la zona de recuperación.

Nos echamos una foto post-carrera y nos despedimos, ya que teníamos el coche en mala posición y al día siguiente me tocaba "abrir" la playa.

La sensación en esta prueba fue agridulce, no estoy nada descontento con el tiempo obtenido, pero las sensaciones no han sido muy buenas y me voy con la sensación de que podía haberlo hecho mucho mejor; ¡la próxima vez será!

Como siempre comparto con vosotros lo que más me ha gustado y lo que creo que se puede mejorar de cara a futuras ediciones en esta prueba:
Lo mejor
-Sin lugar a dudas el avituallamiento post-carrera, con una inscripción más que asequible y que daba derecho incluso a camiseta para los más rápidos (en inscribirse).

-El recorrido de la prueba, que pese a que no me favoreció en absoluto fue precioso; una pena no haber podido disfrutarlo como se merecía.-El detalle de las pulseras luminosas, el efecto de los corredores entrando a meta con ellas era muy bonito, una pena que no hubiese para todos.A mejorar-Personalmente me hubiese venido fenomenal un puesto de avituallamiento con vasitos de plástico o similar en el giro de vuelta al paseo, para beber un poco o al menos poder lubricar la garganta, totalmente "cerrada" tras la polvareda que había respirado en los 3 primeros kilómetros.

-La salida, que fue un poco caótica aun encontrándome en una de las posiciones más adelantadas (5 primeras líneas).

-El aparcamiento, que intuía que en una zona costera, en fin de semana y por la noche iba a ser difícil, por lo que si se acotase una zona determinada o se informase de los párkings más cercanos a la salida se facilitaría mucho esta labor; personalmente pedí permiso para aparcar en un vado, pero aun así no corrí tranquilo.

¡Nos vemos en la próxima!

PD añadiré en breve fotos a la crónica de la III Legua de Torre del Mar.


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