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Aprender jugando

Publicado el 12 junio 2012 por Plob

Siempre nos resulta llamativo ver determinados comportamientos en los animales, que nos recuerdan a los nuestros, sobre todo porque, frecuentemente, tendemos a olvidar que somos uno más de los muchos animales que pueblan la tierra. Uno de estos comportamientos que siempre nos llama la atención es observar los juegos de las crías de casi cualquier especie.

Y es que los animales también juegan. De hecho, el juego ha sido fielmente documentado en animales de sangre caliente, y con mucha mayor frecuencia en mamíferos que en aves; de hecho, en determinados estudios acerca del juego en las aves no se ha llegado a resultados concluyentes, por lo que algunos autores dudan de la capacidad de juego de estos animales. A partir de esta discriminación se ha establecido una relación entre la capacidad de jugar con poseer un cerebro evolucionado, una infancia larga, el cuidado parental, la división social o el amamantamiento de las crías, en mamíferos, o la cacería en grupos, en carnívoros.

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Dos pequeños suricatos (Suricata suricatta) a la carrera. En animales tan sociales como los suricatos el juego es una parte esencial en la designación de los roles dentro del grupo.

El juego se basa en la imitación y en la exploración por ensayo y error por lo que podemos concluir que se aprende a jugar, y se puede aprender jugando. Pero, ¿por qué juegan los animales? Evidentemente, e igual que nos pasa a los seres humanos, el juego posee un claro valor adaptativo. A este respecto, hay tres hipótesis principales, que resumiremos a continuación:

  • Hipótesis del entrenamiento físico: el juego físico activo sirve como entrenamiento físico, mejorando la fuerza muscular, los reflejos, aumentando el vigor, etc. Además, se sostiene que la etapa infanto-juvenil es un período crítico para ese desarrollo. Esta hipótesis explica la índole variada pero repetida del juego y la combinación de breves momentos de alta actividad y largos de baja actividad, pero no explica el juego específicamente social ni el juego con objetos.
  • Hipótesis del entrenamiento social: la función del juego social consiste en establecer vínculos sociales y facilitar el aprendizaje de la dominancia y de la comunicación intraespecífica. Aunque esto no indica que el juego sea imprescindible para que exista una socialización. Por ejemplo, los monos ardilla no presentan juego social debido a las circunstancias ecológicas, pero sí presentan una cohesión y un comportamiento de grupo normal. Esta hipótesis no explica los rasgos estructurales del juego social.
  • Hipótesis del entrenamiento cognitivo: está relacionada con las habilidades derivadas de la exploración y conocimiento del entorno a través del juego, pero no explica el juego social ni físico.

Vemos que ninguna de las tres hipótesis nos da una explicación completa del valor adaptativo del juego, pero que entre las tres sí que podemos entender este valor adaptativo del juego derivado de los beneficios que produce, ya que desarrolla fuerza física, resistencia y habilidad, regula el índice de desarrollo del individuo; es además una táctica comportamental que fortalece la cohesión y vínculo social y define jerarquías.

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Este joven ocelote (Leopardus pardalis) desarrolla su agilidad jugando al trepar por esas ramas, igual que los niños pueden desarrollarla en unos columpios.

Así, muchos de los beneficios conseguidos a través del juego se obtienen mediante un aprendizaje, ya que el juego refuerza la estimulación sensorial, especialmente si es variada y nueva, regulando el índice de desarrollo del individuo. Además, a través del juego se aprenden tácticas y comportamientos útiles para, por ejemplo, la caza o para estrategias útiles para la competencia intraespecífica, y, por último, cabe destacar que tiene un papel importante para definir jerarquías y fortalecer el vínculo social y la cohesión, dado que los animales aprenden a identificar a «los suyos» mediante un aprendizaje irreversible, o impronta, y aprenden también tácticas útiles para ocupar un lugar determinado dentro de la jerarquía del grupo.

Este artículo se ha elaborado para la XIV Edición del Carnaval de Biología, que en esta ocasión corre a cargo de Biotay.

  


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