Revista Cine

BAFICI 2014: Críticas de Competencia Internacional (parte 1)

Publicado el 07 abril 2014 por Proyectorf @Proyectorfant

Proyector Fantasma está cubriendo incansablemente el BAFICI, y aquí te acerca algunas de las críticas de lo que estuvimos viendo dentro de la Competencia Internacional del Festival:

20.000 Days on Earth (Gran Bretaña). Dir por Jane Pollard e Iain Forsyth.

Este film, y digo film porque me parece que excede la categoría de documental o rockumental que tan habitualmente solemos ver, se centra en la figura del inmenso y maravilloso Nick Cave, compositor, cantante, pianista, escritor australiano. Sin embargo en esta oportunidad, si bien se trata de la vida del compositor, la producción se aleja de los lugares comunes, y el enfoque se pone en la persona detrás del personaje que compone este héroe musical.

Inicialmente se ve a Cave en un contexto hogareño, luego las escenas se alternan entre su estudio, sus momentos de escritura y composición junto a su vieja máquina de escribir,  salas de ensayo, recitales, casas de amigos y colegas, y hasta momentos revisando su archivo personal. Nick Cave en la mayoría de estos momentos claramente actúa pero no por eso, la propuesta es menos genuina o sincera; por algunos momentos lee en off textos propios actuales y pasados, y por otros el clima, la lluvia y la playa serán el acompañamiento central de un relato intimista, reflexivo y personalísimo.

Durante 95 minutos se suceden anécdotas deliciosas (desde compartir escenario con Nina Simone, contactarse por primera vez con Kylie Minogue o el recuerdo de su padre leyendo Lolita) además de charlas mientras él mismo maneja. Serán de la partida  el actor Ray Winstone, su ex colaborador Blixa Bargeld, la propia Minogue, y su socio Warren Ealis; con quienes intercambiará opiniones sobre el paso del tiempo, la música como fuente de vida, y los deseos. Un film que si bien por momentos cae, y roza los rockumentales banales, va mucho más allá del mero acto nostálgico. Por Marianela Santillán

 

Sarah préfère la course (Canadá). Dir. Chloé Robichaud

Este film (que además es la ópera prima de Robichaud) narra y retrata la vida de Sarah (Sophie Desmarais), una veinteañera con una ligera tendencia hacia un trastorno de ansiedad relacionado a la inhibición social. Su vida personal es prácticamente nula,  tiene una personalidad retraída, tímida, y una postura que roza lo asexual, todos componentes que le dificultarán relacionarse con sus pares.

Una vida monótona donde el único afán de nuestra protagonista es  entrenarse para poder correr profesionalmente en un equipo. A través de este objetivo, conoce a un joven con las mismas aspiraciones, con quien viaja a Montreal para realizar sus sueños y metas, aún debiendo convivir e incluso casarse para conseguir subvenciones y becas estatales que les permitan desarrollar sus aptitudes físicas.

Esta película resulta interesante si partimos de la base de que todos los lugares comunes de la típica comedia romántica están ausentes, y donde el enfoque está puesto en este personaje femenino, tan reprimido y tan gris, que a la vez dedica fuerza y empeño por el deseo que la motoriza. Por Marianela Santillán

La salada (Argentina) Dir. Juan Martín Hsu

“La salada” muestra una temática dura y frecuente en este país, la inmigración. Muchas personas vienen por un futuro mejor y se encuentran con las dificultades que implica el desarraigo, el empezar de cero en una cultura distinta, con costumbres chocantes, por eso elige como universo la famosa feria del sur del conurbano, lugar donde se encuentran varias nacionalidades.

Sin embargo, solamente sirve el nombre para hacer conjunción de la vida de una chica coreana (aunque se sienta más argentina) cerca de casarse con el hijo de un amigo del padre, un adolescente boliviano que recién llega y un joven taiwanés que de alguna forma no llegó del todo a Sudamérica y se enfrenta a sus problemas de comunicación a una cultura diferente, a pesar de su fuerte esfuerzo al mirar casualmente películas de cine nacional. Todo un guiño de parte de Hsu.

La inmigración es universal, pero el amor también, ahí es donde esos tres mundos se encuentran. La cultura del amor es diversa y no es simple nunca, los mandatos familiares mandan en ciertas culturas, en otros el romance se da naturalmente. Mientras las tres historias avanzan en paralelo se van uniendo ligeramente, pero a pesar de las diferencias que pueda haber entre culturas tan disimiles, la complejidad de esos personajes está muy bien abordada, con un relato que sabe emocionar y ponernos en el papel de los protagonistas. La lucha por la adaptación y por cumplir un rol a veces es más fuerte, los protagonistas de las historias nunca dejan de estar obligados por lo que traen detrás de ellos.

El hecho de tomar a la Salada también como una escalera dentro del contexto social, y no como un antro ilegal de falsificaciones y negocio marginal es otro de los puntos favorables del director.  Se trata de una historia que sabe emocionar, la opera prima de Juan Martín Hsu es un gran trabajo que no sólo supo hablar en primera persona, sino que tomó la experiencia de los demás y lo expuso en varias escenas con fuerza narrativa. Quizás fue en la historia de Bruno (el joven boliviano) la que menos riqueza tuvo, pero todas de alguna forma saben tomar las problemáticas que existen entre los inmigrantes. Por Germán Morales

 


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