Revista Cine

Balance de la Seminci’55: Dramas consagrados y noveles para una Espiga compartida

Publicado el 07 noviembre 2010 por La Mirada De Ulises

Varias notas definen la última edición de la Seminci, celebrada entre el 23 y el 30 del pasado mes de octubre. Por una parte, la crisis económica seguía presente con una disminución del presupuesto que se hacía notar en un menor número de películas y en el recorte de un día en su duración, en la supresión de buena parte de la alfombra roja y en la reducción de invitados de renombre que aportasen glamour al festival –aunque de suyo nunca lo tuvo ni lo busca–, en la pequeña presencia del evento en la vida de la ciudad… sin apenas galas y fiestas, sin carteles que diesen color al entorno urbano y con menor repercusión mediática y ruedas de prensa que en ediciones anteriores. Pero ahí se terminan los “peros”, porque la escasez de recursos no afectó a la calidad del producto, y la programación mejoró incluso a la de antaño en una apuesta por integrar maestros consagrados con otros noveles que aportaban trabajos más que dignos. Esa fue la nota del Festival y también del Palmarés, en la que el Jurado presidido por el cineasta indio Adoor Gopalakrishnan daba la Espiga de Oro ex aequo al iraní Abbas Kiarostami por “Copia certificada” y al debutante argentino Miguel Cohan por “Sin retorno”, mientras que la de plata se la llevaba Agustí Vila con “La mosquitera”.

Balance de la Seminci’55: Dramas consagrados y noveles para una Espiga compartida

Otra característica de esta Seminci era la mirada al pasado como intento de recuperar una identidad que, por momentos, parecía diluirse e incluso perderse. Nunca ha dejado la Semana de ser un escaparate del cine de autor y un descubridor de nuevos talentos, pero quedaban lejos las figuras de Bergman, Guédiguian, Loach, Paskaljevic, Egoyan, o el mismo Kiarostami…. y se hacía necesario dar en la diana de una nueva figura emergente. En esa road movie, quién mejor para abrir el Festival que Icíar Bollaín, que en 1995 había despegado desde esta tierra al ser premiada como mejor nuevo director por “Hola, ¿estás sola?”. Ahora traía “También la lluvia” –candidata española a los Oscar®–, un acercamiento al mundo del cine a través del rodaje de una película sobre la Conquista de América, a la vez que denuncia del abuso y atropello de las corporaciones capitalistas que pretendieron privatizar en agua en la Bolivia del año 2000 en la conocida como “guerra del agua”. Paralelismos no exentos de anacronismos históricos para recoger la indefensión del pueblo nativo y pobre, que tiene a Paul Laverty como guionista y a Gael García Bernal, Luis Tosar y Karra Elejalde como intérpretes más sobresalientes. Buen trabajo de producción y dirección, sin embargo, con una historia personal un poco forzada en su desenlace y con alguna concesión al espectador, para una película comprometida socialmente y bien construida en el guión.

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Otro regreso a la Seminci se vivió con Antonio Banderas, que en 1989 se había llevado el premio como mejor actor por “La blanca paloma” y que ahora recibía su Espiga de Honor. También fue agraciado con el mismo reconocimiento el francés Claude Chabrol, de quien se preparaba un ciclo desde hacía meses con lo mejor de su dilatada carrera y al que se esperaba en la ciudad para recibir el correspondiente homenaje. Pero la muerte le visitó el pasado mes de septiembre, y su presencia en el Festival quedó reducida a sus películas –incluida la última que dirigió, “Bellamy”, inédita en España–, y a una publicación a cargo de Cahiers du Cinéma. España, además de una mesa redonda en torno a su cine. La Semana no se olvidó tampoco de recordar al vallisoletano por excelencia del último siglo, Miguel Delibes, y proponer su nombre para el premio al mejor guión de la Seminci de cada edición. Una nueva cabecera, más moderna y en sintonía con el renovado logo que también se estrenaba este año, completaban algunas de las novedades promovidas por su director, Javier Angulo, quien al término de la Semana anunció su intención de conceder en adelante un premio al mejor director, algo necesario en un Festival que hace gala de ser de autor.

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Recortes presupuestarios, una mirada de homenaje y agradecimiento, y el habitual compromiso social con las causas justas y los más desfavorecidos. Siempre el cine de la Seminci ha pretendido ser espejo en el que recoger y denunciar lacras de nuestros días, y eso ha vuelto a quedar patente en varias cintas de este año que nos hablaban de los malos tratos y de la ausencia paterna, de una familia rota por la guerra o por las dificultades de la convivencia, de una soledad y rutina que todo lo carcome y de la necesidad de afecto que todos tenemos. De fondo, una violencia física o emocional que rompía los lazos entre padres e hijos, entre hombres y mujeres, y un ambiente dramático en el que la lucha por salir adelante generaba héroes de a pie y villanos sin justificación. Ese es el humus de unas historias puestas en imágenes que hemos podido ver durante ocho intensos días, y que el sábado 30 de octubre se despedía con el beso de amor al cine que figura en su logo.

Balance de la Seminci’55: Dramas consagrados y noveles para una Espiga compartida

La Seminci ha capeado el temporal de la crisis y ha retomado con más fuerza la senda de autor, con una programación notable y con algunos títulos sobresalientes, con un Palmarés discutible (y desequilibrado, véase en Kiarostami-Cohan) en algunos de los premios… más por las ausencias que por las presencias, y con una mayor presencia de espectadores en las salas. En su despedida, su director adelantó la intención de programar un ciclo de cine sueco para la próxima edición, y de intentar también preparar otro en torno a la literatura española de los años cincuenta. Desde ahora esperaremos doce meses para verlo, para asistir a la recuperación del mejor cine y al descubrimiento de nuevas estrellas… aunque sería recomendable que la Seminci mirra la vida con más sentido del humor y albergara más comedias de calidad, pues su repertorio resulta en ocasiones demasiado lúgubre, oscuro y pesimista… y no sería bueno que se identificase el cine de autor y el compromiso con la problemática desaforada, con el dolor y la muerte que inunda la Semana Internacional de Cine de Valladolid.

Para leer el balance íntegro, con el análisis de cada película de la Sección Oficial, ir a esta página.


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