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Basílica de Majencio y Constantino

Publicado el 16 julio 2026 por Rmartin
Basílica de Majencio y Constantino
La Basílica también conocida como Basílica Nova ("basílica nueva"), fue comenzada por el emperador romano Majencio y terminada por el también emperador Constantino I. Siendo el último y más grande monumento de la época imperial construido en el corazón de la Ciudad Eterna. Construida en la colina de la Velia, que unía el Monte Palatino con el Esquilino, no forma parte del Foro Romano, pese a encontrarse en la zona arqueológica que se extiende hasta las laderas de la colina Velia, justo al lado del mismo. Fue construida junto a la vía Sacra, entre el Foro Romano y el templo de Venus.    En la Antigua Roma, la basílica era uno de los edificios más importantes, estando destinado a la administración de justicia, y a los tratos comerciales. La función predominante de esta basílica, fue albergar la actividad judicial del prefecto urbano, que era el cargo administrativo más importante de la ciudad en la época del Bajo Imperio. En el siglo IV, el Secretarium Senatus, sede del tribunal con competencia sobre los procesos relacionados con los miembros del Senado, se trasladó desde la Curia Julia hasta la zona del ábside septentrional de la basílica de Majencio.    Con Constantino y sus sucesores, este tipo de edificio fue elegido como diseño de los grandes lugares de culto cristiano, probablemente porque su forma basilical tenía menos asociaciones paganas que las de los templos greco-latinos, permitiendo reunir en ella a grandes congregaciones. Debido a lo cual, el término basílica, se convirtió en sinónimo de una gran iglesia o catedral.
Basílica de Majencio y Constantino

Historia

La construcción comenzó en el lado septentrional del Foro Romano bajo el emperador Majencio a principios del siglo IV —año 308—, pero no fue terminada hasta el año 312, una vez que Constantino derrotara a Majencio en la Batalla del puente Milvio. El edificio se erigió cerca del templo de la Paz, que, en aquella época probablemente estuviera abandonado, y del templo de Venus y Roma, cuya reconstrucción estuvo a cargo de Majencio. Constantino no sólo la terminó, sino que también la modificó. Estudiando las excavaciones, y la planta de la Forma Urbis Severiana, se ha llegado a la conclusión de que, en este punto, se alzó un gran complejo destinado a almacenaje de la época de Domiciano, simétricamente contrapuesto a otro que se alzaba al otro lado de la Sacra via summa, sumamente dañado durante las excavaciones realizadas en el siglo XIX, ya que lo confundieron con una construcción medieval. Una parte de este edificio lo ocupaban los Horrea piperiana, almacenes de pimienta y de especias.    De la Edad Media, tan solo queda de la basílica, la nave septentrional con sus tres bóvedas de cañón hechas en hormigón. La nave lateral meridional y la central quedaron destruidas por el terremoto del año 847. En el siglo XI se realizó una copia a escala 1/5, en el atrio de la abacial de San Valeriano y San Filiberto de Tournus. En el 1349 la bóveda de la nave se derrumbó a causa de un nuevo terremoto.    Ya en la Edad Moderna, en el siglo XV se recuperaron fragmentos de mármol de la basílica, que hoy se conservan en el patio del Palacio de los Conservadores. Con la llegada del Renacimiento, los grandes arquitectos encontraron en ella fuente de inspiración para sus trabajos, siendo copiada para la construcción de la nave de la Basílica de San Pedro del Vaticano. En 1613, la única columna que sobrevivió al terremoto, la mandó llevar el papa Paulo V a la plaza de Santa María la Mayor, para erigir la Columna de la Paz, donde la podemos admirar aún hoy en día.    En la pared exterior de la basílica, en la fachada que da a la via dei Fori Imperiali, hay mapas que muestran diversas etapas del surgimiento del Imperio Romano, añadidos durante el régimen fascista de Benito Mussolini. De entonces, un mapa que representaba el "Nuevo Imperio Romano", fue quitado del muro tras finalizar la guerra. Durante los Juegos Olímpicos de Roma de 1960, se celebraron aquí los eventos de lucha.
Basílica de Majencio y Constantino

Descripción

El edificio es de planta basilical, rectangular, elevada sobre una plataforma, también rectangular, de hormigón, de 100 metros de largo por 65 de ancho. Está dividida en tres naves, siguiendo la orientación este-oeste. Así podemos ver que su planta está inspirada en la empleada en la era cristiana para construir las primeras iglesias, de planta rectangular con tres naves.    La nave central era más larga y más alta que las laterales, tiene 80 por 25 metros, y estaba cubierta por tres enormes bóvedas de arista en opus caementicium, suspendidas a 35 o 39 metros sobre el suelo, apoyadas sobre cuatro grandes pilares de mármol proconesio de 14,5 metros de alto, cada una adosada a su terminación. Se levantó un entablamento (conjunto de molduras que corona un edificio o un orden de arquitectura y que ordinariamente se compone de arquitrabe, friso y cornisa de mármol), del que sólo quedan restos de los bloques parcialmente insertos en los muros.    Las naves laterales medían 16 metros de ancho por 24,5 de alto. En lugar de emplear las formas tradicionales, estaban divididas a su vez, en tres secciones comunicadas entre sí y hacia la nave central. Sus tres secciones están separadas y articuladas por ocho columnas monolíticas de mármol, de 14,5 metros de altura y 5,4 de circunferencia, consideradas las más grandes de la antigua Roma. Las naves estaban cubiertas por tres bóvedas de cañón semicirculares perpendiculares a la nave. Las bóvedas estaban aligeradas mediante casetones octogonales aún visibles en la parte que sobrevive (nave lateral septentrional). Como en las grandes termas de la época imperial, la basílica hizo uso del vasto espacio interior con su efecto emocional.    En el proyecto de Majencio, la entrada principal se encontraba en el lado este, de cara al Coliseo, precedida por una escalinata. Por ella se accedía a un vestíbulo de 8 metros de profundidad que bordeaba toda esta fachada oriental. En esta sala cinco entradas permitían acceder a la basílica: tres a la nave central y una en cada una de las laterales. Esta entrada realizada sobre el lado corto opuesto al ábside, es una disposición que luego sería típica de las primeras basílicas cristianas.    Justo en el extremo opuesto, a la testera de la nave central, se abría un ábside precedido por dos columnas. Allí se colocó una estatua colosal, acrolito (antigua estatua de la época grecorromana que superaba con creces el tamaño de las personas más altas) construido parte en mármol y parte en madera y bronce dorado, de 12 metros de alto. En su origen, dicha estatua representaba al mismo Majencio, siendo luego reformada con los rasgos de Constantino I. Algunas partes marmóreas, descubiertas en el año 1487, se encuentran, en la actualidad, en el patio del palacio de los Conservadores en el Campidoglio, en los Museos Capitolinos. La cabeza medía 2,60 metros y el pie 2.    La esquina noroeste de la basílica se añadía a la pared del foro de la Paz, desembocando a la vía de comunicación que existía, ya con anterioridad, entre el Foro Romano y la zona de Carinae (Suburra). Majencio mandó construir un pasadizo bajo esta esquina noroeste, de unos 4 metros de ancho por 20 de largo.    Tras su victoria sobre Majencio en el puente Milvio en el año 312, Constantino I, se encontró con la basílica inacabada, decidiendo reemprender la obra, aunque modificando el proyecto inicial. Creó un nuevo eje norte-sur. Por el lado norte, construyó un segundo ábside, tan grande como el primero, con 15 metros de ancho. Es posible que fuera diseñado para superar problemas estructurales. Estaba cubierto por una bóveda de horno y en las paredes había nichos que albergaban estatuas sobre dos órdenes. Los nichos estaban encuadrados por edículos (templetes que sirven de tabernáculo, relicario, etc.), constituidos por pequeñas columnas que se apoyaban en ménsulas que salían de la pared. Sobre el fondo del ábside estaba realizado un podio en mampostería destinado a albergar el tribunal de los jueces.    En el lado sur, el que daba a la vía Sacra, abrió una segunda entrada, que fue descubierta durante unas excavaciones realizadas en el siglo XIX. Es un porche saliente (próstilo) con cuatro columnas (tetrástilo), con fustes en pórfido. Se accedía a esta entrada por una escalinata, necesaria para superar el desnivel existente entre la vía y la Velia. El color del edificio antes de su destrucción era blanco, y estaba dotado por numerosos enlaces verticales: en el interior de la mampostería en el ángulo noroccidental estaba inserta una escalera de caracol, de la que hoy quedan cinco peldaños; otra debía encontrarse en el opuesto ángulo sudoriental.    Los materiales utilizados para la edificación fueron el hormigón, el ladrillo y el mármol. El gran grosor de sus muros —de hasta 6 metros—, y la enorme envergadura del edificio hizo de él en aquel momento uno de los monumentos más destacados de Roma. En la época de su construcción, fue la estructura más grande construida y de ese modo es un edificio único. Se usaron las técnicas de ingeniería conocidas incluyendo innovaciones tomadas del Mercado de Trajano y las Termas de Diocleciano, que son el mejor ejemplo de las grandes salas termales. Las termas de Diocleciano se transformaron después en la basílica de Santa María de los Ángeles.    La bóveda de cemento, es un ejemplo de la ingeniería romana. Se parece a muchas basílicas de la época como la basílica Ulpia, en que presentaba un enorme espacio abierto en la nave central. Aunque, a diferencia de otras basílicas, en lugar de tener columnas para soportar el tejado, todo el edificio fue construido usando arcos, algo mucho más común en las termas romanas que en basílicas. Las bóvedas de arista que cubrían la nave central repartían el peso a sendos contrafuertes, aprovechándose el espacio entre ellos cubriéndolos con bóvedas de cañón y acotándose con un muro sin función portante. Las fuerzas laterales de las bóvedas de arista eran soportadas por naves laterales. Así pues, la estructura de la basílica es de muros y las grandes columnas de mármol tienen una función estrictamente decorativa. Como los muros contrafuertes estaban sobredimensionados, se practicaron en ellos huecos y puertas para permitir el paso por las naves laterales mientras que la nave central estaba ocupada en otras actividades.    Otra diferencia respecto a las basílicas tradicionales es el tejado de la estructura. Mientras que las basílicas tradicionales tenían tejado plano, la de Majencio se construyó con un techo con casetones, que disminuían el peso de la estructura y minimizaban las fuerzas horizontales ejercidas sobre los arcos exteriores. La iluminación procedía de las ventanas situadas en las naves laterales, y de las semicirculares de la nave central, de mayor altura que las laterales.
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