Revista América Latina

¡Bienvenido el 2012!

Por Isa @ISA_Universidad

Foto: Nancy ReyesPor: Toni Piñera

Ya es habitual que cada Primero de Enero, la escena de la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana se abra ancha a la Gala por un nuevo aniversario del triunfo de la Revolución. En esta oportunidad, el Ballet Nacional de Cuba saludó nuevamente la importante efeméride con el ballet Cascanueces.
Pero antes del programa hubo sorpresas… La destacada cantante cubana Omara Portuondo recibía, muy emocionada, el Premio del GTH 2011, por su extraordinaria calidad vocal e interpretativa y por la universal cubanía de su arte, según expresó el acta del jurado que estuvo presidido por Alicia Alonso, e integrado por Otto Chaviano, Miguel Barnet y Ángel Vázquez Miyares. Además, durante la Gala del Primero de Enero, que tuvo lugar en la institución de Prado y San Rafael. Allí se dieron a conocer también las Menciones en el Libro de Honor.
Las cortinas se descorrieron…
Los aires frescos de fin de año y comienzo del nuevo acercan en las grandes compañías del mundo, al ballet Cascanueces, la última partitura de Piotr I. Chaikovski, estrenada en San Petersburgo (1892), con coreografía de Ivanov y libreto de Petipá, basado en

una versión de Alejandro Dumas (padre) del relato deEl cascanueces y el rey de los ratones de Hoffman. Nuestra Isla no puede ser menos, y ahora acaba de conquistar nuevamente al exigente público habanero con la coreografía de Alicia Alonso, bailada por el Ballet Nacional de Cuba el primer día del 2012…, y que continuará en la escena los días, 6, 7 y 8 de enero.
En la casa de Clara se celebra la Navidad. Los invitados admiran la hermosa decoración del tradicional árbol creado para esa fiesta. Drosselmeyer, el padrino de Clara, un visitante esperado con ansiedad por los niños, aparece y asombra a todos con sus magias y los muñecos que construye. El obsequia a Clara con un cascanueces en forma de soldado, que la niña recibe con alegría… Así comienza el hermoso sueño-ballet.
La fuerza o la vulnerabilidad del ballet, dependen mucho de la forma en que sus artistas y maestros asuman la herencia de sus predecesores, transmitidas de una generación a otra, porque cada época produce formas artísticas peculiares, que responden a un modo de vida y a un modo determinados en la evolución del lenguaje artístico… Esta frase de Alicia Alonso vibró esa tarde que acercó noveles rostros de la compañía que poco a poco ocupan posiciones, no como relevo, sino como continuidad de una Escuela, junto con otras figuras que ya son leyenda. Entre ellas, Viengsay Valdés, quien motivó al auditorio en su quehacer como la Reina de la Nieves, donde reunió sabiduría, técnica y un lirismo que llena el personaje de un matiz personal. A su lado, un joven valor, Arián Molina, quien realizó una buena faena a su lado como el Príncipe de las Nieves. En él se observa un avance técnico, amén del fraseo como acompañante, algo que perfeccionará, por supuesto, bailando cada día más. Otro duetto de altura fue el de Anette Delgado/Dani Hernández, como el Hada Garapiñada y su Caballero, respectivamente. Ella en cada salida confirma su clase, permeada de una madurez técnica, limpieza en cada movimiento y un decir escénico-estilo, de alto vuelo estético, que se refuerza con el partenaire. Un bailarín noble que se ha destacado mucho en los últimos tiempos, por su inteligente manera de abordar los clásicos, y una destreza interpretativa que une a la técnica, en la que va entrando cada vez más con paso firme. Sin duda, un instante de lirismo puro…
Grettel Morejón convenció en una Clara juvenil, y plena de alegría en un baile fluido que merece todo nuestro elogio, mientras que Yanier Gómez , en el Cascanueces tuvo momentos de despliegue técnico pero creemos que puede dar mucho más en el personaje, y hacerse sentir más del lado interpretativo. Fuertes ovaciones volvió a acaparar aquí, el ágil trío integrado por Maikel Herrnández –quien estuvo más mesurado en el hermano de Clara-, Eliécer Pérez y Alejandro Silva, en la Danza rusa donde despliegan mucho virtuosismo; mientras que Osiel Gounod, puso de relieve, con su vigoroso baile, a un personaje que ha palidecido en este ballet: el Rey de los ratones. Sin la perfección de otras puestas, la danza árabe cautivó en el desempeño de Ivis Díaz, Edward González y David Martínez; el Drosselmeyer de Leandro Pérez tiene estilo, se integra al decir del ballet, y en el vals de las flores destacaron por su buen quehacer, Amaya Rodríguez y Verónica Corveas.
La primera tarde del ballet en el GTH encontró del lado sonoro a una Orquesta, bien dirigida por el maestro Giovanni Duarte, que más allá de algunos desajustes en los instrumentos de viento, nos regaló la hermosa música del compositor ruso, ideal para soñar y bailar, a pesar de que él mismo había dicho que “haría llorar a todo el mundo”…

Fecha: 2012-01-03

Fuente: CUBARTE


Volver a la Portada de Logo Paperblog