Síndrome de Burnout (a.k.a. síndrome del trabajador consumido): El síndrome burnout suele deberse a diversas causas. Se origina principalmente en las profesiones de alto contacto con personas y con horarios de trabajo excesivos. Se ha determinado en múltiples investigaciones que el síndrome ataca especialmente cuando el trabajo supera las ocho horas diarias, no se ha cambiado de ambiente laboral en largos periodos de tiempo y cuando la remuneración económica es inadecuada. También puede darse si el ambiente de trabajo es pésimo y las condiciones laborales inhumanas. (Fuente: Wiki).
Considerando como considero que debería considerarse el ser madre y estar en casa como un trabajo en toda regla, no me extrañaría que alguna acabase con la cabeza carbonizada.
En esta ocasión, sin embargo, no soy yo la afectada por el síndrome.
El trabajador consumido en esta casa es, nada más y nada menos, que el hasta hace un par de días valoradísimo y ultraeficiente Ángel de la Guarda de Destroyer (ahora conocido como Antonio Rivero Crespo Jr.; sí, ese, el famoso “cuñao” de la tele).
Y Yo lo entiendo, conste.
Tengo que reconocer que el Excmo. Sr. Ángel Guardián ha hecho un trabajo impecable estos dos últimos años, dejando siempre unos prudentes 2 mm. entre la cabeza de Destroyer y el pico de las mesas, con algún que otro intento educativo (chichoncillos, algún arañazo sin importancia, quemaduras leves), por el bien del niño, por eso de que aprenda que el fuego quema, los picos pinchan, las cabras muerden…etc., aunque sin éxito aparente.
Que el Ángel en cuestión debía estar de baja por depresión o achicharramiento cabecil, lo empezamos a sospechar el sábado, cuando el rubio maléfico quiso abrirle la puerta a su padre y su padre la abrió antes. Chichón doble (puerta contra frente, cabeza contra suelo).
Las sospechas se convirtieron en indicios vehementes cuando el domingo, aprovechando que su hermano mayor había estado cotilleando la nevera y olvidado poner el cierre de seguridad, Destroyer se puso a escalar (sí, escalar) por las baldas (sí, de esas que se extraen cuando tiras suavemente) hasta el tope de la nevera. Resultado: Los yogures (suponemos que el objetivo de su operación) reventados contra el suelo, la balda partida, el compartimento de la mantequilla en mil pedazos y un corte (sin importancia, pero profuso en sangre) en su manita (de cerdo).
Ayer pudimos confirmar, de manera oficial y muy apenados, la baja indefinida del de la guarda… No hubo milímetros entre la boca de Destroyer y el canto de mi cama.
La paleta derecha no aparece por ningún lado (estamos esperando próxima defecación para continuar la búsqueda) y la encía está partida desde el agujero hasta el frenillo. Incluído.
El dentista nos ha asegurado que, a pesar de lo horrible que está el rubio y de la pinta caníbal que tiene cuando ríe (malévolamente), no es grave y estas cosas pasan. Eso sí, tendremos que convivir con cuñao jr. por lo menos 4 o 5 años más, hasta que le salga otro diente.
Deseando que nos manden al ángel sustituto, sobrevivimos como podemos.
