
Por fin ha caído en mis manos un libro que me ha gustado.
Este libro dice tantísimo, te hace pensar de tal manera para las pocas páginas que tiene, que no me es posible condensarlo todo en una entrada. Daría para muchas conversaciones en un sofá, caminando, en el bar...
No me ha parecido la maravilla que muchos dicen, pero sí es cierto que me ha gustado y me ha hecho pensar, lo cual a día de hoy se agradece enormemente.
La autora, sin usar el horror, lo sanguinario explícito, el morbo, ni nada por el estilo, te mete de lleno en un momento de la historia humana donde parece que se ha sobrevivido a algo que podría haber acabado con todo, pero que se ha superado.
Al menos eso parece a primera vista, en la superficie.
Los animales tuvieron que ser sacrificados para salvar la vida. ¿Problema? Que aunque fue "necesario", se llevó a cabo quemándolos vivos. Esto ya denota ciertas cositas de la sociedad y no precisamente buenas o que auguren nada bueno.
Una cosa es la supervivencia, otra lo que se haría para sobrevivir, ¿dónde podríamos el límite? ¿Pondríamos alguno?
Y ahí la autora empuja una y otra vez para que veamos que el horror puede llegar a ser cotidiano al disfrazarlo de supervivencia.
El mundo ya no tiene animales que consumir, ahora hay una parte de la "humanidad" que sirve de carne, y se consume igual que la animal.
Tras una época turbulenta, el nuevo sistema se asientó y vemos cómo la humanidad sigue adelante, pero a nada que escarbas un poquito cual arqueólogo de película con un cepillo de dientes, ves que la sociedad está completamente podrida y solo están alargando un poquito su total declive y extinción.
¿Realmente una sociedad puede cambiar tanto de paradigma (comer animales a comerse a personas) por mucho que se les llame reses, no tengan derechos, no se les vea porque están en criaderos, etc., etc., etc.,? ¿O sería algo tan extremo para nosotros que acabaría con todo aquello que nos hace humanos, convirtiéndonos en simples bestias?
El libro muestra, con toda la cotidianidad del mundo, cómo se genera esa carne (violación de las mujeres (hembra res, inseminación para los animales), cría, selección de las personas (reses) para unas cosas u otras, su asesinato (sacrificio para los animales), descuartizamiento, envío, compra y consumo. Pero no se queda ahí, para nada, eso es una parte.
Si ya no vemos a todos los seres humanos como tales, por mucho que la ley fuese clara sobre qué (o quién) se puede comer... ¿No habría mercado negro para carne? ¿De dónde sacarían esa carne? Aquí la llaman carne con nombre y apellido porque podía ser de cualquiera. Las cacerías, si no hay animales, ¿creeríais que desaparecerían o cambiarían también? Los experimentos en laboratorios, dadle una vueltita...
Y así con todo.
Todo aquello en lo que estaban relacionados los animales, ahora ya solo hay humanos. Pensad por un momento el hacerle lo mismo a una persona, a un igual por mucho que una ley diga que no lo es. ¿Cómo es os queda el cuerpo? ¿Qué dice entonces de nosotros ahora mismo? La autora no entra para nada en esta pregunta, pero la misma es inevitable, está ahí, lo que debemos hacer es actuar diferente a las personas del libro y no desviar la mirada.
Y eso, día tras día, en la psique hace mucho.
La sociedad que vivió esa transición se la ve enferma psicológicamente con unas contradicciones internas que les erosionan día tras día, y llevan a no pocos a la barbarie. Pero las nuevas generaciones que no tienen con qué comparar porque no conocieron a los animales y desde siempre han comido carne humana... Oh, eso sí es digno de leer.
La brecha generacional nosotros podemos creer que es grande hoy en día, pero esperad a leer cuál sería en un mundo ya roto, abocado a la extinción del ser humano, pero donde los mismos se niegan a verlo y luchan con uñas y dientes aparentando no hay ninguna degradación y que por lo tanto no hay que parar nada.
Para mí la lectura es clara respecto al poco futuro de esta sociedad. Claramente terminarán matándose los unos a los otros, que hace tiempo pasaron un punto de no retorno que no supieron ver (o tal vez sí) pero decidieron mirar para otro lado.
No hay horror, no hay escenas sanguinarias gratuitas, no hay regodeo en esas escenas que impactan al lector, hay algo mucho peor.
Hay aceptación.
Hay normalidad.
Pero al mismo tiempo hay una sociedad podrida, una mente enferma que ya no sabe cómo escapar de la verdad y una sociedad tan desconectada que la barbarie extrema, continuada y hasta institucionalizada es vista como algo normal y divertido.
¿Podría alguien vivir (realmente vivir), no sobrevivir, en ese mundo?
¿Qué límites traspasados serías capaz de soportar?
¿Realmente una sociedad de este tipo puede sobrevivir?
Este libro puede compararse a esas películas en las que todo parece bien en la superficie pero que te deja con el culo torcido, tu cuerpo y tu mente te avisan de que ahí se esconde algo que de normal no tiene nada, y en cuanto te fijas un poco más, unes cabos y vas viendo la verdad, el horror crece y no solo por los hechos, sino por su aceptación.
Estas líneas no hacen honor alguno a la historia. Hay muchísimo más de lo que cuento, la autora explora las posibles causas (horribles), cómo está institucionalizado, las consecuencias en los diferentes personajes (gente vacía, otro que están desconectados de su línea base, quienes se suicidan, quienes acaban en la locura, quienes dan rienda suelta a su barbarie, etc.), la diferencia entre generaciones...
La cotidianidad del horror, de aquello que jamás tuvo ni siquiera tuvo que pensarse.
