Revista Opinión

Cataluña. Camino a la secesión

Publicado el 19 septiembre 2015 por Manuhermon @manuhermon
Cataluña. Camino a la secesión Presentación del libro ''Catalunya. Camino a la secesión''
Catalunya, un nuevo estado se ha puesto en marcha con fecha marcada para dar un golpe sobre la mesa en 2014. Esta es una opinión de quien prefiere seguir compartiendo el viaje por entenderlo más beneficioso para los pueblos de ambos territorios. A nadie se le puede obligar a amar, por lo que las salidas a este problema nunca podrán ser impuestas, el deseo de vivir juntos no es posible soportarlo en la fuerza, acciones violentas no resolverán el problema, lo agravará en ambos lados, porque muy pocos querrán convivir con individuos brutales. Dicho lo cual, permanecer callado es una mala postura, no son buenos los vacíos en política, porque otros los rellenarán. Quien escribe pretende influir, decía un antiguo colega, si alguien presenta un papel además de sacar lo que lleva dentro, lo hace para que otros puedan compartir, para iterar, para interpelar, a segmentos de población para quien habla, nunca a todos. Nadie debería permanecer callado, ni aceptar los límites marcados por algunos, de irse o quedarse.
A los independentistas tradicionales parece inútil intentar modificar sus convicciones, pero ellos no están solos en este conflicto, el movimiento por la independencia lo conforman un tercio de soberanistas tradicionales, y una mayoría de sobrevenidos recientemente, mitad catalanistas, antes unionistas, y mitad de indignados a consecuencia de la crisis. En el aumento del movimiento y su transversalidad, influye no solo la cuestión de historia y lengua, los factores económicos han sido puestos en primer plano, el magma en el que estamos inmersos, la crisis económica, política e institucional, que golpea brutalmente las condiciones económicas, laborales y de equidad social, todo ello en el marco global de los mercados y los emergentes influye en nuestras vidas y en las relaciones políticas y económicas. Al otro lado del soberanismo, no están solamente los españolistas, millones de españoles carecen de información suficiente sobre unas u otras razones y otros muchos muestran simpatías por los nacionalismos periféricos, por diversas causas entre las cuales no es desdeñable su antiderechismo españolista. Este trabajo no acepta como buenas las razones esgrimidas para la ruptura, cuyos argumentos, en ocasiones neoliberales y xenófobos, se expanden sin oposición siendo asimilados, no solo allí, por decenas de miles de personas, inicialmente no independentistas. 
La cuestión nacional no es una invención, tampoco está generada por fuerzas españolistas, tiene raíces emocionales que alimentan los nacionalismos respectivos, la cuestión es su dimensión y las posibles alternativas planteadas en cada momento para encajar la convivencia de la diversidad, porque habrá que aceptar que la vida en España siempre tuvo altos componentes de pluralidad y mestizaje. Se encontraron respuestas en los últimos 35 años, tras el franquismo, durante la Transición, las izquierdas junto a los diferentes nacionalismos y la derecha, que en aquellos momentos superaba a la derechona, encontraron salidas pactadas al encaje de los diversos intereses, de clase, políticos y de identidad nacional, que permitieron configurar un espacio común, aceptado mayoritariamente en Catalunya y en el resto de España, puesto en cuestión solo por minorías, hasta hace poco tiempo, no otra cosa indican las preferencias electorales mostradas que apostaban por el sistema político autonómico encajado en la Constitución y los Estatutos. A pesar de que siempre fue considerado por el catalanismo como un marco de negociación bilateral Cataluña-España, lo cual se acercaba al espíritu Confederal, más que al Federal que se adoptó, cuyo marco bilateral debería haberse facilitado entre el conjunto de CCAA, -con el Senado y otros instrumentos federales no desarrollados-. 
La situación permaneció estabilizada, con lógicas disputas de intereses que siempre existirán, pero mantenidas en el marco común que hoy parece inaceptable. En todo caso, los datos estadísticos mostraban gran apoyo global de los catalanes a partidos no independentistas cuyas políticas y estrategia, defendían el estatus de Catalunya dentro de España, en el marco aceptado mayoritariamente por el conjunto de los españoles, manifestados en múltiples votaciones en las que se ejerció el derecho a decidir de los catalanes. Incluso hasta hace pocos meses, en la 3ª onada de 2012 las encuestas del CEO, de la Generalitat reflejaban cifras minoritarias de ciudadanos cuya máxima preocupación fuera la independencia, apareciendo economía y precariedad laboral en primeros lugares, al igual que en el resto de España. Los equilibrios se rompieron con las crisis, y tras la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut, al tomar una superior dimensión las fuerzas soberanistas.
Parece que de poco sirve ahora discutir sobre la bondad del Estatuto, -de hecho existe y pocos lo consideran-, quedó arrinconado por los acontecimientos, el rechazo a algunos de sus artículos después de ser aprobado parlamentaria y popularmente, es un ejemplo de leyes que no están bien diseñadas, o se hace antes, o después de aprobado en referéndum es una mala idea. Aquello fue el aldabonazo de una nueva realidad imparable, que se alimenta con fuerzas ante cada embestida de la caverna nacionalista, de allí y aquí, -las dos son peores-. Amenazas, llamamientos al orden, campañas de desprestigio, mentiras, manipulaciones, etc. no son factores que alimenten el cariño y animen a vivir juntos, todo lo contrario, los golpes sobre la mesa y el odio, crispan y aumentan el poder de los extremistas, mientras, muchos parecen olvidar que la mejor solución al problema solo será posible si fuera aceptada por amplias mayorías para lo cual debe contener principios e intereses de todos.
Los nacionalismos tenían un frente de oposición en las corrientes de izquierdas y progresistas, ahora con poca voz, militancia y simpatizantes abandonan posturas e ideas siendo arrastradas por el tsunami del populismo catalanista. En dicho proceso derrotista influye poderosamente la crisis política, económica, la globalización, los mercados financieros y el empuje de los países emergentes, lo cual genera enormes contradicciones que han roto los equilibrios existentes en el mundo occidental. También influye que miles de izquierdistas quisieran separarse del nacionalismo español asfixiante y excluyente, que identifica como español solo valores franquistas y nacional católicos, en ello influye que se hayan apropiado de la historia de España, sin que las izquierdas posteriores a la República lograran construir un relato histórico susceptible de ser abrazado masivamente, hemos aceptado vivir expulsados de la historia, lo cual consigue separar a millones de ciudadanos del sentimiento colectivo de pueblo español, muchos de los cuales se suman a las corrientes nacionalistas periféricas considerándolas erróneamente más democráticas, cuando en todo caso, los dos son peores. Añadan el destrozo carca e ideologizante de salida de la crisis, y tendremos un panorama que abona la separación. 
La secesión no la frenará la violencia, ni órganos judiciales, es un problema político y como tal, solo encontrará salida por la política, sin olvidar que las leyes forman parte de la política aunque nunca podrán sustituirla, la democracia también son las formas y las leyes son parte de ellas. El cariño, los sentimientos de pertenencia al colectivo, no pueden ser obligados, pero tampoco abandonados al vacío que siempre ocuparían otras emociones, tan erróneo es creer que se pueda forzar a amar como que exista neutralidad sentimental sin actuar, porque la animadversión se inocula por intereses políticos. El silencio en política es un grave error y este Gobierno de España, con su Presidente Rajoy está mudo respecto a casi todo, orillando su enorme responsabilidad en esta cuestión, como poco para desmentir, para facilitar datos, mientras tanto un estado nuevo se puso en marcha, con gran manipulación de cifras y argumentos suma cada día amantes que no encuentran otras razones para abrazar el futuro con ilusión. Al tiempo que extienden una enorme carga de odio entre catalanes –Somos una colonia de España, los españoles nos roban, nos explotan- , y se amplía el número de descerebrados españoles.
Una de las regiones más ricas de España, de Europa y del mundo, dice que son una colonia, con altísimos estándares de vida y libertades, cuyas riquezas son propiedad de catalanes, los líderes políticos, ejecutivos, dirigentes, mandos intermedios del aparato productivo, mediático, cultural, deportivo, social… son catalanes, no hay nadie de la metrópoli dirigiendo aquella sociedad. Sus casas tienen mejores condiciones de edificación, comodidad, entorno, mercancías y servicios, teléfono, televisión, calor, agua, tamaño…, sus barrios asfaltados, luces, parques, espacios comunes… la sanidad, medida en camas, médicos, enfermeros, hospitales… la educación medida en cantidad y calidad de estudiantes infantiles, medios y superior, en titulación media y universitaria, en calidad científica, … la disponibilidad de bienes de consumo, coches, lavadoras, teles, teléfonos, conexión a internet, y un larguísimo etc. de comparaciones los sitúan a mucha distancia por arriba de casi todas las regiones españolas.
‘Pero en Catalunya hay pobres’. Es cierto, y en Extremadura y Andalucía…pero ellos no acusan al pueblo catalán de su situación, como sucede a la inversa. Hay pobres en todas partes, pero el movimiento por la independencia en Catalunya dice, escribe, sostiene, no una ni dos ni tres veces… que los españoles les roban. Es terrible que los niños catalanes tengan esa visión, terrorífico que enseñen desde el sistema educativo a odiar y sentir que los españoles del barrio de Pescadería en Almería les roban, que los obreros del metal malagueños y los trabajadores de hostelería de la Costa del Sol, se aprovechan de ellos, que los parados gaditanos y jornaleros onubenses y granadinos viven a su costa, que los trabajadores de la Arrixaca de Murcia se llevan su dinero, que los peques de Moratalaz y Vallecas tienen sus barrios urbanizados y comunicados a costa de los niños catalanes, en fin que los ciudadanos de León, Zamora, Salamanca, Ávila, Cáceres, Badajoz o Huelva tienen mejores condiciones de vida que en Cataluña, lo cual es una enorme mentira según reflejan todas las estadísticas disponibles…Lo afirman, no una, ni tres, sino miles de veces. Sí, hay pobres en Cataluña, pero ellos no dirigen el movimiento, no fijan los objetivos, no escriben su propaganda, no son los difusores de la xenofobia. 
El movimiento independentista es transversalmente ideológico, también por edad, sexo, clase, procedencia regional, religión… aunque liderado e impulsado por élites intelectuales y culturales de la burguesía catalana tradicional. Las dudas surgen alrededor del peso y liderazgo del capitalismo catalán y hasta donde empujarán, sin que pueda afirmarse que las grandes corporaciones sean partidarias del proceso secesionista, aunque ven con buenos ojos que pudieran reducir sus impuestos al tiempo que el Estado aumente las inversiones en Catalunya, lo cual redundaría en aumentos de sus beneficios, siempre que no pongan en peligro la pertenencia al mercado único español, puerta de entrada al europeo. Esa puede ser la meta que logren a corto plazo, pero no duden que cualquier salida dejará rescoldos difíciles de apagar en muchos años. Minimizar los daños, solo será posible con mucha claridad.
Manuel Herranz Montero. Diciembre 2013

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