
Imagen del homenaje que hicieron a Jason Arday, demostrado embustero y comprobado plagiador, pero al ser negro (afrodescendiente, vale) y bien parecido se le permite todo y merece un homenajeEl polémico escritor y periodista Arturo Pérez Reverte ha publicado (verano 2026) una de sus llamativas y provocativas columnas en las que afirma que se está produciendo un declive de occidente, una caída de la cultura y la civilización occidental que, vista con perspectiva, resulta muy interesante. Reflexionando sobre tan contundente proclama se pueden enumerar algunas de las evidencias que la apoyan. Se trata de hechos ocurridos en los últimos meses en, sobre todo, Europa y Estados Unidos
Resulta muy curioso comprobar cómo en Europa se ha propagado una especie de sentimiento de culpa retroactivo, tal vez debido a que, durante muchas décadas (siglos), los europeos han mirado a otras culturas con cierto aire de superioridad, el cual se ha ido transformando en algo así como una sensación de error, de delito, que hoy asumen los europeos en nombre del pensamiento no ya de sus padres, sino de sus abuelos y tatarabuelos. Es como si el hecho de haber ‘impuesto’ a aquellas culturas ideas como los Derechos Humanos, la democracia, la igualdad ante la ley…, sea algo de lo que avergonzarse; y si a ello se añaden los avances tecnológicos surgidos en occidente y expandidos a todo el mundo en medicina, la radio y la televisión, el ordenador, internet y el móvil, los automóviles y la electricidad, el uso de recursos energéticos (fósiles, hidroeléctricos, nucleares, eólicos, solares), e incluso propuestas más lúdicas como el deporte, los Juegos Olímpicos o el rock & roll (jazz, soul, funk)… En fin, que todas estas propuestas y avances tecnológicos, culturales o artísticos expandidos desde sus lugares de origen (Europa y América sobre todo) han producido en los occidentales ese sentimiento de culpabilidad que los inclina a pedir perdón a las culturas que se han beneficiado de todo ello.
Se pueden enumerar algunos ejemplosde cómo occidente trata de redimirse de actos, personas e ideas del pasado. Así el caso de Jason Arday. Es éste un asunto más que curioso y sorprendente. Jason Arday era un académico británico de ascendencia ghanesa que se suicidó a mediados de agosto de 2026 a los 41 años. Su carrera fue meteórica, pues en su corta vida consiguió varias licenciaturas y maestrías, publicó libros, tesis doctorales y estudios diversos; fue acogido y aclamado en varias universidades británicas (como la prestigiosa Cambridge) convirtiéndose en un icono cultural. Sin embargo, todo lo conseguido en tan poco tiempo empezó a llamar la atención, sobre todo de periodistas (no sólo, puesto que la universidad de Birbek, donde dijo haber logrado una maestría en psicodinámica, declaró que nunca habían tenido un alumno llamado Jason Arday), que extrañados por tantos logros en tan poco escasos años, empezaron a investigar. Descubrieron que muchos de sus libros, tesis doctorales y publicaciones habían sido plagiados descaradamente, abundantemente. Igualmente, se demostró que muchas de las actividades que Arday afirmaba haber llevado a cabo eran falsas, incluyendo sus ‘proezas’ deportivas (como haber corrido 35 maratones en 30 días)… Sin embargo, todas estas evidentes falsedades fueron disculpadas hasta por las propias universidades. Y las investigaciones de los periodistas fueron calificadas como ‘acoso’. Por todo esto, cuando se suicidó (el forense aseguró que no cabía la menor duda), seguramente porque era consciente de que sus mentiras, manipulaciones y plagios había sido descubiertos, se montó una especie de funeral-homenaje y un acto de acusación contra todos los que habían desenmascarado sus mentiras. ¿Por qué? Pues porque era negro (o afrodescendiente, si se prefiere), joven y bien parecido, algo que ‘viste’ y da prestigio a las universidades británicas; es decir, si este señor hubiera sido blanco y europeo, nadie, absolutamente nadie, lo hubiera homenajeado. Todo este caso es muestra evidente de que Inglaterra quiere redimirse de los pecados de sus bisabuelos encumbrando a un mentiroso, eso sí, negro.
En fechas parecidas saltó a los medos el caso de Lindsay Clancey, una madre de EEUU que mató a sus tres hijos, de ocho meses, cinco y tres años. En cualquier otra época toda la sociedad la hubiera acusado de infanticida brutal, sin embargo, existe una corriente e EE UU (además de otros lugares de occidente, incluyendo España) que no sólo la justifica, sino que la disculpa, hasta el punto de que su asesina con cientos de miles de apoyos en las redes sociales y millones de dólares recaudados para su ‘causa’. Hablan de problemas sicológicos y hasta de psicosis post-parto, a pesar de que esta psicosis suele durar de 3 a 10 días, puede llegar a mes o mes en algunos casos y muy excepcionalmente a los tres meses, pero ¿hasta los ocho meses? Pues el caso es que hay quien sostiene, contra toda evidencia, que esta asesina es una víctima y que los culpables son (¡cómo no!) la sociedad y (claro) el marido. Ella mandó al marido a hacer unos recados, luego asesino a sus hijos y luego hizo como si quería suicidarse, es decir, una sucesión que indica premeditación, frialdad y pleno conocimiento. Lo curioso es que si el asesino hubiera sido el marido de nada le hubieran servido alegaciones de psicosis o enfermedad mental, nada de eso, la sociedad entera estaría pidiendo pena de muerte para él. Pero como Lindsay es mujer…, pobre. En poco hablarán de aborto post-parto o psicosis post-parto cuando una madre mate a su hijo de 20 años.
También puede mencionarse la arremetida con su automóvil de un islamista contra la manifestación del orgullo gay en Berlín, con resultado de un muerto y muchos heridos, algunos graves. Una manifestante afirmó que “habría preferido que el asesino hubiera sido un blanco cristiano”. Es decir, lo que le importa no es el acto brutal, el muerto y los heridos, sino quién era el asesino. Es otra muestra de la postura occidental ante los islamistas, y ello a pesar de que en países de cultura islámica la mujer es un ser inferior, y los gais o quienes profesan otra religión son reos de muerte.
Podría hablarse de la imposición del lenguaje políticamente correcto (romaní, clown o afrodescendiente en lugar de gitano, payaso o negro, términos que usan los interesados sin problemas). O del hecho de que la natalidad cae en Europa de modo imparable mientras que el número de mascotas crece de modo imparable; y a la vez, cada vez hay más musulmanes y que sus tasas de natalidad auguran que en poco tiempo serán mayoría, ganarán elecciones, tomarán el poder y, seguro, impondrán las leyes islámicas. Para cuando los ‘buenistas’ y los occidentales antioccidente se den cuenta ya será tarde.
Evidencias que apoyan la afirmación de Reverte: occidente se autodestruye.
CARLOS DEL RIEGO
