Hoy es día de lavadoras, de ropa limpia con olor a jabón de Marsella que se disuelve en este aire, demasiado quieto y húmedo para cumplir su función hoy con rapidez. También es día de tender la ropa atendiendo a su tamaño y su resistencia al secado. Y de ordenar, de recopilar, estudiar cada objeto descolocado durante la semana por el uso, las prisas y la desidia y devolverlo a su lugar con meticulosidad de psicópata para que no estorbe y lo encuentre la próxima vez que lo busque. También de deshacerse de lo efímero, de facturas, de tickets de compra, de los por si acaso.
Hoy es día de recapitular, de hacer un punto y aparte después de tantas subordinadas, paréntesis, comas, suspensivos, adjetivos y complementos de nombre. Y eso hago. Este blog reta a los mercados y a la crisis, al miedo y a la incertidumbre, como el ibiscus que florece desde ayer en la ventana del estudio y se va de vacaciones. ¿Qué sabrá esta planta de mercados? De sed sí que sabe, pero echa mano de reservas y ahí está. Como yo, como todos: una superviviente.
Este cambio de párrafo deja una línea viuda, pero es una viuda alegre con espacio para que sople el aire y para respirar a fondo. Tiempo de descanso, de relax también para mí. Estuve más de 17 meses en el dique seco, buque de carga oxidado esperando el desguace en un viejo astillero. Pero, contra todo pronóstico, empezó la reparación. Me reciclaron en velero y volví a salir a mar abierto, a este azul desconocido de la Red. Gracias a una tripulación de

