Revista Coaching

Cerrar puertas para abrir otras

Por Stern @nesuispasjuliet
La amistad, como el amor, no suele durar para siempre, excepto en contadas ocasiones.
Hay amistades que se dejan por desidia, porque el tiempo las acaba erosionando o porque llega un punto en la vida en que esas amistades ya no nos aportan nada.
Tal vez es uno de los ejercicios más complicados en la vida, pero cada cierto tiempo, es bueno dar un vistazo a nuestras amistades, a quiénes tenemos a nuestro alrededor, qué significan para nosotros y qué nos aportan.
Hay que cerrar puertas para poder seguir con la vida y abrir otras nuevas, distintas y más importantes para nosotros.
Los amigos, como ya dije en un post anterior, pueden llegar a convertirse en esa pequeña familia ficticia pero tanto o más importante que la sanguínea, llegar a ser aquellos que te acompañen durante todo el camino hasta el fin de los días, los que te hagan reír y llorar, los que acudan a ti con una sola llamada, con los que una simple mirada sirva y los silencios se vuelvan cómodos con ellos. Somos animales sociales y, a pesar de necesitar también momentos de soledad, hay algo más fuerte y poderoso que nos impulsa a vivir relacionados con los demás, a buscarnos y a sentir la necesidad de encontrar aquellos que sean más afines a nosotros.
Como me dijo un amigo hace poco, "la gente encontramos la verdadera amistad, cuando se encaja intelectual y emocionalmente", y creo que no hay verdad más grande en la amistad que esa.
Puede que te lleves bien con alguien, que salgas con ellos, que te diviertas, pero los que acabarán siendo de ese círculo importante, son aquellos con los que puedas hablar, descubrir el mundo, discutir sobre temas comunes y, además, con los que te unan esos lazos de amor y bienestar, con aquellos con los que el reloj parece engullir las horas y con los que no importa intentar mostrarse perfecto delante de ellos.
Hay amistades, que con el tiempo uno se da cuenta que no eran tanto y que han acabado siendo poco más que una relación de conocidos, un mensaje de "feliz año" y otro para el cumpleaños ( si nos acabamos acordando).
Uno sabe cuando merece la pena luchar por alguien, por la relación que nos une, por quién cogeremos el teléfono para llamarle y no perderle en el tiempo.
Pero eso supongo que también es una de las lecciones de la vida y que solo aprendemos de verdad con el transcurso de los años, cuando vamos madurando y vemos quiénes siguen allí siempre y por quiénes sigues allí siempre.
Cerrar puertas, para abrir otras nuevas, como el ciclo de la vida, como el paso de los días.

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