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Club de Detectives

Publicado el 02 julio 2020 por Ana Laura
Cuando era chica, tenía un Club de Detectives.
No sé de quién fue la idea, seguramente mía, que nunca fui muy normal. Pero lo cierto es que Enid Blyton y Malcolm Saville eran una constante en la biblioteca de varias niñas allá por los ‘80, y los misterios -reales o inventados- nos fascinaban.
Dos Claudias, una Andrea, una Patricia y yo aprendíamos a diferenciar las huellas de pájaros en el terreno y encender fuego con dos palitos, arriesgábamos la vida escalando el pozo de aire de un edificio y hacíamos equilibrio en los pretiles de jardines encerrados. Todas cosas muy útiles, por supuesto, para niñas que vivían en el centro de Montevideo, rodeadas de baldosas y asfalto, con fósforos a demanda y ni una montaña en las cercanías.
Y sin misterios. Creo que lo más parecido a un hecho enigmático que detectamos fue la aparición periódica a los pies de un árbol de unos discos de vinilo rotos, seguramente más atribuibles a la censura de la Dictadura que a algún criminal ignoto.
Club de Detectives

Pero ¡cómo nos divertíamos! Entre las continuas mudanzas del club desde el sótano de las Rivero/Martínez al de los Cazarré, las recorridas por el barrio buscando misterios o las clases de detective que debíamos preparar para cada sesión del club, se ocupaban las vacaciones de invierno, los vientos de primavera y los sopores del verano.
Hoy, más cerca del otoño, espero que se concrete una largamente pospuesta reunión de detectives. Sin misterios.


EriSada

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