Por Dani Arrébola
Una maravilla para ver con la manta puesta y la llave bien echada
Una de las muchas cosas buenas que tienen los Festivales, en este caso el de Sitges, es que resultan el mejor escaparate para descubrir a prometedores directores que, con muchos más kilogramos de ingenio que billetes en el presupuesto, logran presentarse en sociedad de un hachazo, a través de auténticas joyas. Es el caso de James Ward Byrkit. Confieso que necesito leer en biografías que pululan por la red, qué cosas había hecho este hombre antes de esta maravillosa paranoia llamada Coherence y que se llevó el premio al mejor guión en el Festival de Sitges 2013. Y descubro que más allá de escribir algún corto interesante como Rango (2011) y la precuela de Los Piratas del Caribe (2003), y de dirigir varios video-juegos, podemos decir que casi nadie sabía hasta ahora quién era este palpitante e interesante cineasta.

Y la verdad: poco importa el cometa cuando la acción visual (recordemos, elaborada mediante presupuesto humilde y sin ningún efecto ricachón especial insertado) se impone a cada minuto como una bandera izada en el Everest. Coherence funciona desde el primer plano hasta el último, suceso (y no me refiero al cometa) harto meritorio si tenemos en cuenta ese peligro inminente destilado en una atrevida sinopsis para que, sus protagonistas y temerarios guiones, hubiesen caído en constantes fueras de juego. Y cuando descubres la jugada -sin destripar nada de la trama- uno advierte que está profundamente amoldado en ese comedor de luz tenue y temperatura caliente, a pesar de los bajos grados y altas dudas que acechan en el exterior.

Coherence es la mejor opción semanal en cartelera y, probablemente del mes, para verla en una cálida sala, ya sea en solitario o en pareja. Les aseguro que se harán mil y una preguntas y en todas ellas, a pesar de no tener respuestas, reconocerán haber pasado un genial rato de entretenimiento difícil de encontrar.
Puntuación Ránking Apetece Cine: 7,8
