Revista Ciencia

Colonia de garcillas bueyeras en Santillana del Mar

Por Pedrolmendez
Colonia de garcillas bueyeras en Santillana del Mar
Miércoles
  Mientras disfrutaba contemplando los acrobáticos vuelos de las golondrinas comunes, Hirundo rustica L. durante la tarde del último día de agosto en un valle de Cantabria oriental, comencé a imaginarme las conversaciones que estas aves parecen mantener cuando se alinean sobre los cables de la luz después de estar un buen rato sobrevolando los maizales capturando insectos. Sus peculiares cánticos me parecía que decían:
-- Dentro de poco iremos a África.-- Si, hay que acumular reservas comiendo insectos porque el viaje de vuelta será largo.-- Si, si, muy largo.
  Desperté de estas ensoñaciones al ver una silueta blanca al fondo del valle que  sobrevoló las copas de la foresta que crece en la orilla del río y descendió hasta desaparecer entre los árboles. Comenzaba a oscurecer y miré el reloj, como para asegurarme de lo tarde que era para acercarme a indagar.
Jueves
  Al día siguiente, primero de este mes de septiembre, salí de casa durante la madrugada. El tremendo silencio era la antesala de la bulliciosa alba, caminé en la oscuridad por un camino bien conocido hastallegar al sumidero por el que desparece el pequeño arroyo que recoge las aguas de todo el valle, tragado por la montaña. Me senté sobre una piedra y esperé... Al poco empezaron a cantar las aves más madrugadoras, con las primeras luces de la jornada el alboroto ya era notable, pero ni rastro de aves blancas... Ya empezaba a intrigarme la cosa, primero me dirigí a la penumbra del río. Pasó a bastante altura una ardilla roja, Sciurus vulgaris L. que cruzó el río sin tocar suelo, de rama en rama, de un árbol a otro, después un zorro se llevó un buen susto cuando me encontró donde no se esperaba a ningún intruso. Debía estar siguiendo a la ardilla, pero perdió el desayuno y se fue bastante cabreado. Más tarde se acercaron unas ruidosas cornejas negras... Comprendí que lo que había visto la tarde anterior no estaba allí, había que buscar en otro sitio. Crucé el río y me dirigí al barrio más próximo, ¡Eureka!. Por fín pude ver las misteriosas aves, en un prado detrás de las casas, entre un par de vacas con sus terneros y una novilla había una pequeña bandada de garcillas bueyeras, Bubulcus ibis L., una adulta y cinco jóvenes fácilmente distinguibles porque su plumaje es completamente blanco con las extremidades negras. Las adultas, todavía con el plumaje nupcial, tienen plumas de color ocre anaranjado en la cabeza, en el pecho y en el dorso, el pico es amarillo, etc. Saqué los prismáticos para ver de cerca qué estaban haciendo. Las jóvenes, más inexpertas y miedosas comían los insectos que pululaban alrededor del ganado, entre la hierba, pero el ejemplar adulto, con toda la confianza del mundo, no tenía reparo en aproximarse a la vaca, Bos taurus L. más grande del grupo que tumbada se dejaba desinsectar. Con su pico capturaba tábanos y moscas posadas en la cara del enorme bóvido, tampoco se le escapaban las que se ocultaban dentro de las fosas nasales porque introducía lentamente el pico por la nariz y ¡zas! lo lanzaba rápidamente sobre el insecto que se creía a salvo en ese cálido y húmedo lugar.   Estas relaciones mutualistas son beneficiosas para ambos animales; la vaca se libra de molestos insectos y la garcilla se pega un banquete con tanta comida. Esta especie de ave, sin duda gracias a sus costumbres migratorias y sobre todo a la expansión de la ganadería a lo largo y ancho del mundo, durante las últimas décadas ha colonizado medio planeta, actualmente se puede observar incluso en las islas británicas.
Colonia de garcillas bueyeras en Santillana del Mar
Viernes
  Sin embargo, lo mejor estaba por llegar. Hace varios años que veo estas aves en losprados de la costa cántabra, pero son tan sociables que les gusta formar colonias de cría, a poder ser cerca de cursos fluviales, entonces ¿dónde poder observarlas criando?, pues resulta que es muy fácil. Casualmente, el viernes teníamos previsto visitar Santillana del Mar y por la tarde fuimos a ver su Zoo. La sorpresa que me llevé al ver en su interior una colonia de cría de garcillas bueyeras fue muy agradable porque era la continuación de las observaciones de la víspera.  Sus nidos son pequeñas plataformas de palitroques fabricadas sin esmerarse mucho, eso si, las construyen en árboles altos. El jaleo que organizan es bastante grande y merece la pena detenerse a observarlas, ver cómo los progenitores alimentan a sus crías, etc. Redactaré en breve la visita al parque que en cierto modo es la continuación de esta entrada.
Colonia de garcillas bueyeras en Santillana del Mar
Un saludo

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