Revista Cultura y Ocio

Cómo empezar mi árbol genealógico

Publicado el 20 septiembre 2014 por Antonio Alfaro De Prado @genealogiah

Este es un post para quienes desean comenzar a descubrir su historia familiar pero aún no han creado su primer árbol genealógico que será la base de la investigación. Hasta este momento habrán oído relatos sobre su familia, seguramente han garabateado algún esquema sobre sus parientes y han encontrado mucho ruido en internet sobre apellidos, escudos y demás.

Comenzar es más fácil de lo que parece. De hecho, puede ser hoy mismo, en este momento, no hacen falta grandes medios ni muchos documentos, veamos unos sencillos pasos:

1-Olvidar las historias fantásticas que aparecen en los diccionarios de apellidos y en internet. Borremos de la memoria las historias sobre orígenes godos, romanos, héroes y blasones que siempre surgen al buscar cualquier apellido. Vamos a empezar como debemos, desde nosotros hacia atrás, con los pies en la tierra.

2-Tomemos papel y bolígrafo. Sí, estamos en el siglo XXI y son ya casi reliquias, pero vayamos al grano y no perdamos el tiempo con programas informáticos, que ya llegarán. Un buen folio y un bolígrafo y comencemos con el más sencillo y cercano de nuestros árboles; yo, mis padres, mis abuelos y… ¿quien más recuerdo? Anotemos todos los antepasados que conocemos, fechas, lugares, circunstancias de todo tipo (si tenían algún oficio, militares, eclesiásticos, miembros de alguna organización o club, alguna actividad relevante, etc). Dejemos constancia tanto de los datos que sepamos con certeza como de los dudosos, que marcaremos con interrogaciones para intentar confirmarlos.

3-¿Qué más datos podemos encontrar en casa? Los familiares que conviven con nosotros serán nuestros primeros entrevistados, a quienes mostraremos el árbol y nos lo podrán ampliar o corregir. Revisemos también los viejos álbumes de fotos y cualquier documento que tenga algunos años. Las fotos nos hacen aparecer personajes de la familia que no habíamos recordado, permiten muchas veces percibir las edades relativas de los fotografiados, nos muestran lugares familiares o accidentales, los propios trajes y uniformes nos hablan de oficios y del ambiente social, etc.

Y por supuesto revisemos los documentos, que aunque no tengan cientos de años de antigüedad sí pueden referirse a  personas nacidas hace ya muchos años y encerrar referencias muy interesantes; desde testamentos y particiones de herencias a títulos de propiedad de inmuebles o de objetos, cartillas, permisos, carnets… Todo esto deberá ser objeto de escrutinio para ver qué datos contienen.

4-Consultemos a nuestros familiares. En todas las familias hay algún pariente especialmente aficionado a recordar sucesos y nombres, probablemente será también quien guarde más documentos de todo tipo, él o ella serán nuestro primer objetivo. Vayamos con nuestras primeras notas, esa hoja que ya comienza a estar llena de nombres y referencias. Ese encuentro hay quien recomienda que se realice con un guión previo y con grabadora, a modo de interrogatorio periodístico, es una opción para los más organizados. También se puede plantear como una amena charla, con suerte larga, donde lo importante es que anotemos todos los datos que nos pueda ir aportando sobre nuestros familiares, incluidos aquellos que pudieran parecer insignificantes o fantasiosos.

Con el tiempo iremos viendo si todo esto era cierto o no, pero tengamos presente que muchas leyendas familiares pueden no ser ciertas en su totalidad pero sí contener valiosas pistas que nos serán de utilidad.

Aunque quizás solo contemos al inicio con uno o dos familiares que parezcan interesados por la historia familiar, convendrá ir comentando a los demás que hemos iniciado nuestro árbol genealógico, quizás de quienes menos lo podamos esperar nos puede llegar un buen consejo o una novedad. Tengamos en cuenta que todas las personas han tenido en algún momento cierta curiosidad por su familia y guardan alguna información al respecto. Comunicarlo es también una oportunidad para encontrar ayudantes inesperados y para que puedan implicarse en la búsqueda.

5-Examinemos nuestro primer árbol. Cuando ya hayamos hecho la primera ronda de consultas (tengamos claro que habrá muchas más en el futuro) podremos poner en limpio ese primer arbusto convertido ahora en arbolito. Ya habremos tenido las primeras sorpresas, aparecieron nombres, apellidos, lugares e historias que desconocíamos y vamos descubriendo que unas ramas son más conocidas y que de otras apenas si se sabe algo de ellas.

6- ¿Hacia donde continuar? Quizás tengamos claros nuestros primeros objetivos, por donde queremos avanzar, ¿es así? Se trata de una cuestión muy importante para no perdernos ni desanimarnos. Si no lo hemos decidido aún, será el momento de que consultemos el post Orientemos la búsqueda

Los siguientes pasos serán escoger un programa informático adecuado y empezar a conocer los documentos que confirmarán nuestro primer árbol, temas que trataremos en sucesivos posts.


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