Revista En Femenino

¿Cómo hablar con tu hijo sobre tus autolesiones?

Por Lucy Lucy Chibimundo @chibimundo

Las autolesiones son un tema tabú y por lo tanto hablar de ellas es bastante complicado. El que lo hace teme decirlo porque no sabe cual va a ser la reacción del otro. El otro se suele ver desbordado ante la información porque la idea de que alguien se haga daño a si mismo voluntariamente no es “razonable”.

Los niños son muy listos y observan muchísimo. Se dan cuenta de muchas más cosas de las que creemos. Nunca he ocultado que me he autolesionado, aunque a día de hoy me acerco a los 500 días sin hacerlo. Desde que salí del último ingreso no lo he vuelto a hacer.

Las autolesiones

No voy a entrar a dar información específica de qué son y por qué se dan. En Internet hay muchísima y de muy buena calidad, así que dejo algunos links que a mí personalmente me parecen interesantes en español:

OJO pueden contener imágenes que pueden dañar la sensibilidad de algunas personas.

Las personas que se autolesionan CRECEN

Normalmente las autolesiones aparecen en la adolescencia, aunque también se pueden dar en otros rangos de edad. La mayoría de información que podemos encontrar va encaminada a esa fase vital.

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Algo totalmente invisible y muy real es esto: las personas que nos autolesionamos crecemos. En algún momento no somos niños ni adolescentes, pasamos a ser adultos. Algunas personas incluso tenemos vida más allá y se nos ocurre tener trabajo, casarnos y crear una familia.

Es algo que suele pasar mucho también con los trastornos de la alimentación. La sociedad piensa que es cosa de niñas y adolescentes (enfatizando el aspecto femenino de la cuestión). Los adultos no tienen esos problemas porque es algo que hemos ligado a la edad y al desarrollo. Como si no se tratara de una enfermedad mental si no de un problema que se arregla al “crecer”.

Lamento deciros que las enfermedades mentales no tienen una fecha de caducidad por la edad. Tienen momentos para aparecer, igual que otras enfermedades, y edades en las que aparecen más.

Las autolesiones dejan marcas

Salvo los moratones de los golpes, que terminan por desaparecer, la mayoría de las autolesiones dejan rastro. Quedan marcas y cicatrices. De hecho al buscar información sobre autolesiones saltan muchos resultados sobre cómo curarlas y cómo ocultarlas.

Durante un tiempo las he ocultado. Siempre es más fácil cuando hace frío porque llevamos manga o pantalón largo y se tapa la piel marcada. En verano es más difícil, sobre todo en España. Con las altas temperaturas es prácticamente imposible llevar algo que cubra, aunque sea una tela fina y fresca. Y la sociedad te pone en un lugar muy incómodo cuestionando tus elecciones de ropa al respecto normalmente.

Yo he sido de las personas que practicaban delante del espejo gestos y posturas para ocultar las marcas mientras estaba con otras personas. Tener siempre el brazo bajo la mesa, abrazarme a mí misma, cubrir un brazo con otro… Tácticas que he puesto en uso en entrevistas de trabajo, para “parecer normal” y que la otra persona no se de cuenta.

El caso es que en mi casa no hago esas cosas. Con mi marido y con mi hijo. Así que están visibles siempre que la ropa no me tape.

El momento en el que mi hijo descubre mis marcas.

Hasta ahora no les había dado mayor importancia, para él mis brazos siempre han sido así. Muchas veces a la hora de dormir me acaricia la zona o las manos o el pelo y yo nunca le he apartado o hecho alguna distinción entre esa zona de mi cuerpo y otras sin cicatrices.

Y se ha dado la situación en la que él ha preguntado por el origen de las cicatrices. Me preguntó si papá me había arañado. Por supuesto yo lo negué y le dije que papá jamás nos haría daño a él o a mí. Creo que es importante que tenga esto claro y que se sienta seguro.

Entonces él siguió pensando y encontró un nuevo culpable: el gato. De nuevo lo negué, no quiero que les coja miedo tampoco. Alguna vez ha recibido un zarpazo del gato, sin mayor consecuencia que un arañazo y un gran susto. Según ha ido creciendo gestiona mejor las caricias, de todo se aprende.

Dudé mucho sobre qué decir y finalmente le dije:

Un día mamá estaba jugando con un cuchillo, y tu sabes que eso no se hace, ¿verdad?
Los cuchillos son peligrosos. Hay que tener mucho cuidado.

Loki se quedó pensando y me contestó: “Claro por eso yo los cojo con la punta para abajo”. Muchas veces él pone la mesa (incluyendo cubiertos, por tanto lleva o trae los cuchillos de la cocina al salón) o recoge el lavavajillas. Y siempre le digo que lleve los cuchillos así para que tenga cuidado.

Con esa explicación se quedó bastante conforme, siguió con las caricias y simplemente me dijo:

Mami, tienes que tener más cuidado.

Otra cosa que también le digo yo a él muy a menudo la verdad. Al final me acaba devolviendo mi propia sabiduría.

Explicación adecuada a la edad

Si ya es complicado contarle a otro adulto que te autolesionas, y difícil para el otro entender lo que hace y por qué lo haces, más aún lo es para un niño. Así que decidí contar esa mentira, con la mayor proximidad a la verdad que pensé que sería aceptable.

Sé que en algún momento tendré esta charla con él. Al igual que tendremos que hablar sobre la muerte o el sexo. Son charlas que se suelen posponer porque según la edad puede haber dificultades para entender ciertos conceptos. Pero también lo posponemos porque nos resulta incómodo hablar de eso, a pesar de nuestra posición de adultos.

No he encontrado información sobre cómo hablar con tu hijo cuando eres la persona que ha realizado esa conducta de riesgo. Todo está enfocado desde la “posibilidad” y la “imaginación. Desde algo nada deseable y que no se hace. Pero yo no puedo hablar desde esa posición.

Supongo que es como un padre o madre que fuma le habla a su hijo de que no debe hacerlo. Solo que en este caso la conducta nociva es perjudicial a niveles muy distintos.

Así que en este post apelo a vuestro conocimiento, si os habéis visto en esta situación ¿cómo la habéis afrontado?


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