Revista Talentos

Contra el cielo.

Por Majelola @majelola

Contra el cielo.
En Villa del Norte, estalla un coche con cincuenta kilos de pólvora y tres personas dentro, dos hombres y una mujer. Los medios de comunicación difunden la noticia de que se trata de miembros del comando terrorista más sanguinario de la (así llamada) Organización. El padre de la joven muerta, un librero recientemente viudo de ascendencia judía, niega que su hija perteneciese a la banda, aunque para aumento de su desgracia las evidencias parecen incontestables. Tiene en su contra a una prensa ansiosa de carnaza, una sociedad enfrentada y unas conciencias acostumbradas al alimento predigerido. Pese a su gran dolor, se enfrenta a todos para limpiar el nombre de su hija y dejar clara su condición de víctima. Ignora la razón por la que ella estaba en ese coche, pero conocía a Ainara mejor que nadie, y eso le basta. 
A partir de aquí veremos desfilar a todos los arquetipos posibles de una geografía fragmentada, mucho más que por las ideas, por la violencia. 
Esta es la dedicatoria que ha elegido Salvador Robles para su novela: 
"A los asesinados (y a sus familiares) en el mal llamado “conflicto vasco”. A los que, ante la injusticia, durante los “años de plomo”, nunca miraron hacia el otro lado.". 
No le fue fácil al autor –que reside desde hace muchos años en Bilbao- encontrar una editorial que se atreviera a publicar el libro en el País Vasco. Sevilla tuvo que ser, con su lunita plateada. ETA todavía estaba matando cuando él andaba con su libro bajo el brazo, tentando a la suerte. 
Hubo un editor que le exigía poner nombres y apellidos, ciudades y lugares concretos. Pero Salvador se negó. No hacía ninguna falta, todos conocemos esos nombres, y además, el terrorismo es una lacra universal. ¿Por qué iba a constreñir la reflexión en un solo escenario?
Tengo que decirlo: esta novela me ha impresionado. He encontrado tanta verdad en este argumento compacto, lúcido, sin flecos, en el que no hay un renglón que no supure realidad. Una realidad tan palpable y cotidiana que lo difícil es tomar distancia de las palabras. 
Arranca con casi cien páginas magistrales en las que ejecuta un retrato pormenorizado del sufrimiento, en una secuencia hiperrealista de la negación y la angustia. Nos sitúa detrás del microscopio y nos muestra, sencillamente, esa realidad de cada minuto que resulta demasiado prosaica para ser noticia, pero que es el material resbaladizo del que están hechas nuestras vidas. 
“A Rubén se le nubló la vista al mismo tiempo que la cabeza empezaba a darle vueltas, o quizá era la habitación la que se movía en círculo, como una noria gigantesca que giraba a una velocidad vertiginosa, de repente, notó que una fuerza avasalladora, como un huracán, arrancaba la imaginación de sus raíces y la propulsaba hacía arriba, muy arriba. ¿A dónde? Al infierno. El infierno suyo no se hallaba en las entrañas de la tierra, sino arriba, sobrevolando su cabeza, contra el cielo.”.
Es necesario un talento más que notable para reproducir este proceso de un modo tan extraordinariamente fiel. Después empieza la noria mediática, la insensibilidad colectiva, la mecanicista forma de buscar, procesar, difundir y recibir la información. Y aquí entramos todos, unos más que otros, sí, pero no se salva nadie, porque siempre habrá algo que nos llegue de refilón, o con la guardia baja; porque tenemos prejuicios, porque somos influenciables y no queremos admitirlo. Y porque, llevados a un límite, casi todos somos capaces de lo indecible, de aquello mismo que en otros consideramos abyecto. 
“Si no me quedase otra opción, sí, los mataría; por salvar a Ainara, sería capaz de cualquier cosa, hasta de matar a uno, dos o tres semejantes”, respondió Rubén cayendo de rodillas sobre la moqueta, derrotado por el dolor y la vergüenza. Él, por lo que considerase una buena causa, también sería capaz de matar, como ellos.”.
Contra el cielo es una historia verdadera. La ficción aquí solo sirve para enfatizar lo real. El autor habla de entornos que conoce bien. Y de naturalezas humanas, en sus confluencias y sus disyuntivas. Esa naturaleza misteriosa que nos hace semejantes sin dejar de ser extraños. Aquí hay algo más que un texto muy bien escrito; hay un libro valiente, y un libro a secas, pero en toda la extensión de la palabra. Y como saben bien los que bien leen, “libro” es una palabra muy extensa. 
La novela tiene su intriga; hasta el final no vamos a saber si la hija de Rubén Levi era o no terrorista. Tiene incluso materia para una película, y personalmente creo que podría alumbrar una maravillosa obra de teatro. Pero donde me rindo por completo es ante la maestría de Robles para mostrarnos la anatomía del dolor: nos lo pone sobre la mesa aderezado con una abundante ración de dignidad, encarnada en este admirable padre coraje.
Todavía guarda esta novela una enseñanza de vida, pero de vida enlazada con la muerte que no podemos evitar. Es una enseñanza para los supervivientes:

“Se nos ha inculcado la creencia de que recuperar las ganas de vivir es algo así como traicionar a nuestros difuntos. Una creencia atroz. Vivir intensamente es el mejor homenaje que podemos hacer a nuestros seres queridos.“.
¿Por qué? Porque ellos viven en nosotros, y si nosotros nos convertimos voluntariamente en despojos, a despojos reducimos su legado y su memoria. 
Mariaje López.
Nota: Tengo dos noticias que darte; una mala y una buena. Te daré primero la mala: te resultará difícil encontrar este libro en las librerías; está descatalogado. La editorial sevillana Paréntesis quebró, y el libro, que había tenido una gran acogida y excelente repercusión mediática, se quedó envarado en la costa. Lo puedes encontrar quizá en librerías de segunda mano, y en las bibliotecas. En las del País Vasco ha sido uno de los libros más solicitados. La buena noticia es que Salvador no se resigna a que esta novela no llegue a más lectores, y piensa, no sabe todavía cómo, relanzarla. Conociéndole no me cabe duda de que lo llevará a cabo, pero mientras, prueba en las bibliotecas.
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