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Corazones de acero: en tierra hostil

Publicado el 11 enero 2015 por Juancarrasco @JuanCdlH

Corazones de acero: en tierra hostilA lo largo de la historia del cine estamos habituados a contemplar epopeyas bélicas de colosal belleza (la guerra es lo que tiene, es lo más feo que existe pero altamente fotogénica en la gran pantalla) que narran casi siempre desde el bando de los vencedores momentos cruciales para la Humanidad. La originalidad que atesora esta potente cinta es la de presentarnos una historia del fin de la Segunda Guerra Mundial, de la parte en la que el bando aliado entra en las entrañas de Alemania con los soldados germanos retirándose, rindiéndose o defendiendo sus posiciones con más sentido del deber que esperanza. Además, para subrayar esa sensación de estar viendo algo distinto, la acción se centra en el interior de un tanque estadounidense, a esas alturas de la contienda lo único en lo que los alemanes eran superiores en armamento.

Puede verse hoy, en la era de los drones y las batallas que son vencidas por el bando que mejores aviones posea, desde una óptica alejada un escenario como este, de cuerpo a cuerpo, de tanques disparándose ensaladas de cañonazos a tres metros de distancia y de cuchillos entre los dientes, pero así fueron las cosas y así agradece la película el espectador. Corazones de acero, una aceptable versión doblada de Fury, título de la cinta en inglés y apodo del carro de combate que se torna un protagonista más, es una película como la misma guerra, dura, sin contemplaciones (aunque sí concesiones en forma de alguna secuencia que deja sensación de desconcierto general) que retrata las miserias de la gente y la capacidad de supervivencia o de aferrarse a lo que sea que se puede llegar a tener en situaciones límite. No apta para retinas sensibles, asistimos con ella a elementos visuales de alta crudeza, en absoluto gratuitos, que recuerdan que hasta al final de las mismas, las batallas entre personas son el mayor ejemplo de fracaso de la especie humana.

David Ayer, especialista en cine de acción, dirige con sentido de la ubicación de cada cámara, del cuidado del detalle y el manejo de los escenarios a un plantel estupendo que se luce al completo metiéndose en el pellejo de estos temerarios soldados-escoba que deben poner punto y final a la contienda, tarea que en absoluto va a resultar sencilla. Dicho plantel está encabezado en el papel de mandamás por Brad Pitt, productor de la cinta, que muestra buen hacer, estupenda forma y compromiso con el proyecto, y está bien secundado por actores como Shia LaBeouf (con un bigote que le queda tan bien como a Gandhi un fusil), Michael Peña, Logan Lerman o Jon Bernthal. Pitt luce con efectividad esa cara suya a lo Leyendas de pasión de parecer que va a liquidar él solito a todo el ejército enemigo, aunque uno sepa que en la práctica sea tarea imposible y claro, así es más fácil seguir al jefe hasta el mismísimo infierno.

Corazones de acero: en tierra hostil
El ritmo deliberadamente pausado al son que dicta el avance de un tanque por territorio hostil, lejos de hacerse pesado, es una de las claves de éxito de este trabajo que comienza mejor de lo que acaba (se diluye en convencionalismo en su último tercio de metraje), pero que recomiendo sin dudarlo a los amantes del género y también a los que aprecien una pequeña historia dentro de un escenario enorme. A riesgo de que se me atribuya exceso de osadía, a mí me recuerda por momentos y salvando distancias, a la óptica bélica del Clint Eastwood director, y ello ya lo dice todo…

Dirección: David Ayer. Título original: Fury. País: USA. Duración: 134 min. Género: Cine bélico, acción. Guión: David Ayer. Intérpretes: Brad Pitt (Don ‘Wardaddy’ Collier), Shia LaBeouf (Boyd), Logan Lerman (Norman), Michael Peña (Trini ‘Gordo’ Garcia), Jon Bernthal (Grady), Jason Isaacs, Scott Eastwood (Miles), Xavier Samuel (Parker). Producción: Bill Block, John Lesher, Ethan Smith y David Ayer. Música: Steven Price. Fotografía: Roman Vasyanov. Estreno en España: 9 enero 2015.


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