Revista Publicidad y Marketing

Cosas de la publi (A salto de mata XLV)

Publicado el 10 junio 2010 por Manuelmarquez
Cosas de la publi (A salto de mata XLV)Los seguidores más recientes de este blog quizá no lo sepan (dado que hace tiempo que no le dedico ninguna reseña), pero los más antiguos sí son conocedores de mi querencia e interés por el mundo de la publicidad. Un mundo que me resulta atractivo por muchos motivos, y del que, puestos a destacar algún elemento, me llama poderosamente la atención su condición de termómetro social. En ese sentido, más llamativo aún me resulta la incongruencia o contradicción que la publicidad plantea entre sus formas y sus fondos. Y me explico.
En el ámbito formal, la publicidad se muestra como un veradero paladín del progresismo y la transgresión, hasta el punto de haberse convertido (junto al mundo de la ficción seriada televisiva) en el mayor referente de innovación y creatividad (en contraposición al anquilosamiento y estrechez de miras que nos ofrece, cada día de manera más acusada, el mundo del cine). En cambio, y paradójicamente, en cuestión de contenidos, la publicidad se manifiesta como un reducto indudable de conservadurismo, hasta un punto rayano en lo retrógrado, de modo que, en aras a conseguir la máxima eficacia de sus mensajes, el material publicitario raramente transgrede los estándares y premisas sociales más elementales, convirtiéndose, con ello, y bajo el manto de la más absoluta “corrección política”, en un elemento de gran ayuda para la perpetuación de roles, estatus y topicos predeterminados.
En suma, que no es infrecuente que nos encontremos ante spots publicitarios que, bajo un manto de imágenes y sonidos rompedores y vanguardistas, nos “castigan” con mensajes sexistas, machistas, discriminatorios y atentatorios de los principios más elementales de igualdad. Y que difícilmente encontraremos un “objeto cultural”, por llamarlo del alguna manera, que refleje de forma más fidedigna los principios y valores imperantes en una sociedad, que sus anuncios comerciales.
Es ése el motivo por el que me ha dejado verdaderamente estupefacto una cuña publicitaria radiofónica de una conocida marca de automóviles que, basando su promoción comercial en un descuento sobre el precio final de sus vehículos, utiliza como slogan –y señuelo- el de su comparación con un  “paraíso fiscal”. Horror de horrores. O sea, que resulta que, con la que está cayendo, los paraísos fiscales aún no tienen ninguna connotación moral negativa; más bien, muy al contrario, siguen siendo asimilados a, o contemplados como, lugares maravillosos y dignos de estima. Porque, díganme ustedes si no, amigos lectores, cómo se entiende un anuncio sonoro en esos términos. ¿Se imaginan un producto, sea del tipo que sea, que pretenda asociar su consumo y/o uso a prácticas y conductas manifiestamente ilegales y/o inmorales? Complicado, ¿no...? Y absurdo, también. Tales productos serían repudiados por su clientela potencial de manera clara y terminante (además de bastante lógica y razonable).
Francamente, me preocupa. ¿O es lo mío un problema de estrechez de miras? Ya me dirán ustedes, ya...
La fotografía que ilustra el artículo proviene de la galería de Flickr de pablodf, y se publica conforme a los términos de su licencia Creative Commons.

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