Estamos a punto de terminar el curso, recoger trabajos, despedir rutinas y empezar a mirar hacia lo que viene tras las vacaciones de verano. Para los niños que acaban Educación Infantil, “lo que viene” tiene un nombre que suena importante: Primaria.
Para ellos, pasar a Primaria suele significar hacerse mayores. Lo viven con ilusión, con curiosidad, con ganas de subir al piso de los mayores, con nuevas responsabilidades y rutinas. Pero esa ilusión también puede convivir con cierta inseguridad. No es raro que en estas semanas o al inicio del curso aparezcan más preguntas, más sensibilidad o incluso pequeños miedos que antes no estaban tan presentes.
Y a las familias también les pasa. Junto a la alegría de verles crecer, puede aparecer cierta nostalgia: esa sensación tan común de sentir un poco de pena porque se hacen mayores demasiado rápido y dejan atrás una etapa tan bonita. A veces, junto a esa emoción, aparecen también algunas dudas: si estarán preparados, si el ritmo será muy exigente, si sabrán organizarse, si les costará leer, si dejarán de jugar, si se adaptarán bien al nuevo curso. Es normal. Los cambios importantes remueven también a los adultos.
Por eso, quizá el primer mensaje que conviene transmitir es sencillo: Primaria es un cambio, pero no una ruptura. No empiezan de cero. No tienen que llegar sabiendo hacerlo todo. Primero de Primaria está precisamente para seguir construyendo, reforzar las bases y acompañarles en ese proceso de crecimiento.
No necesitan llegar perfectos
A veces, con buena intención, los adultos podemos anticipar Primaria como si fuera una especie de prueba para la que hay que llegar muy preparados: “ya verás en Primaria”, “vas a tener que trabajar mucho”, “allí ya no eres pequeño”.
Son frases que decimos sin darle demasiada importancia, pero que pueden generar miedo o hacer que el niño viva la nueva etapa con angustia. No se trata de ocultar que habrá cambios, porque los habrá. Habrá más estructura, quizá más tiempos de trabajo, nuevas asignaturas, más autonomía y mayor responsabilidad. Pero todo eso se aprende poco a poco.
Es mucho más útil hablarles desde la confianza: “vas a aprender muchas cosas nuevas”, “al principio habrá cambios, pero te vamos a acompañar”, “no tienes que saberlo todo desde el primer día”, “si algo te cuesta, lo iremos practicando”.
La autonomía también da seguridad
Cuando pensamos en el paso a Primaria, muchas veces nos centramos enseguida en la lectura, la escritura o las matemáticas. Y sí, son aprendizajes importantes. Pero hay otro aspecto que ayuda muchísimo a que un niño se sienta seguro: la autonomía.
Preparar la mochila, recoger sus cosas, vestirse por las mañanas, esperar un turno, escuchar una instrucción o terminar una pequeña tarea son aprendizajes que también forman parte de este cambio.
Acompañar no significa hacer todo por ellos. Significa estar cerca, guiar, recordar y animar, pero evitando hacer lo que son capaces de hacer por ellos mismos. A veces tardarán más. A veces se les olvidará algo. A veces habrá que repetirlo muchas veces. Es parte del proceso.
Cuando un niño siente que es capaz, gana confianza. Y esa confianza le acompaña también en el aula.Los niños se adaptan mejor cuando perciben que los adultos confían. Si ven a su familia tranquila y al colegio cercano, el cambio se vive de otra manera. No significa que no puedan aparecer dificultades, sino que sabrán que no están solos.
El objetivo no es que lleguen a Primaria perfectamente preparados. El objetivo es que lleguen acompañados, con ilusión, con confianza y con la seguridad de que pueden aprender.
Crecer no significa dejar de necesitar ayuda. Crecer significa ir haciendo cada vez más cosas, sabiendo que los adultos seguimos cerca.
Olga Mateos Cañas
Psicopedagoga y orientadora de Educación infantil y primaria
Directora del Departamento de Orientación
La entrada (Crecer con calma: Cómo afrontar el paso de Infantil a Primaria), se publicó originalmente en Orientablog
