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Crítica de cine: 'Cosmópolis'

Publicado el 11 octubre 2012 por Lapalomitamecanica
Bajo la máscara de Bane estaba Cronenberg
Crítica de cine: 'Cosmópolis'
Nota: 2
Lo mejor: técnicamente es limitada pero muy sólida.
Lo peor: es más pedante que Dragó, Pepe Ruiz y Arrabal en una cata de vinos.
Cosmópolis es uno de esos retos intelectuales. Una película que es al cien por cien una metáfora social muy pura y también muy puta, no sólo porque su visionado sea más complicado que jugar al Scrabble con Arturo Pérez-Reverte, sino porque en su afán de realizar un análisis contemporáneo de la desmoralización a la que la tecnología, el dinero y el sexo han llevado a los habitantes del primer mundo, no duda en venderse al espectador más barato, alternando desnudos gratuitos y algo de gore por medio de un discurso pretendidamente aleccionador que aguanta menos un estudio en profundidad que Robert Pattinson un cara a cara con Paul Giamatti. La última criatura de David Cronenberg está muy cerca de ser el peor trabajo de un director que, con Una Historia de Violencia y sobre todo Promesas del Este aún frescas en el recuerdo, se encuentra viviendo una segunda juventud a pesar del patinazo que supuso Un Método Peligroso. O eso pensábamos.
El propio Cronenberg se ha encargado de adaptar la novela homónima de Tom DeLillo en la que un billonario de 28 años, Eric Packer (Pattinson), vive su particular odisea como si de un Ulises de nuestro tiempo se tratara. El noble objetivo que persigue el joven ya no es el reencuentro con sus seres queridos, sino un simple corte de pelo en su barbería favorita que nos avisa de entrada del bajo concepto que tiene el autor de nuestra época. Para llegar a su destino, el apático protagonista tiene que atravesar Manhattan en su limusina en el peor día posible, ya que una visita del Presidente ha provocado que lo que se esperaba que fuera una manifestación pacífica se transforme en una revuelta de la clase obrera en toda regla. Para complicar más las cosas, una amenaza creíble contra su vida preocupa a su guardaespaldas (Kevin Durand, visto en Lost y Resident Evil 5), pero lo que realmente obsesiona a Packer es que a pesar de llevar dos semanas casado con Elise (Sarah Gordon), una escritora de moda que supone un buen complemento para los actos sociales, aún no ha conseguido que ella sienta el mínimo interés por compartir fluidos.
Crítica de cine: 'Cosmópolis'
Fiel al esquema planteado por Homero pero cambiando el navío por una limusina high-tech que parece un módulo anexo a la nave Prometheus, el viaje de Eric se desarrolla casi por actos teatrales centrados en sus encuentros con personajes clave en la evolución que sufre hasta llegar a la meta. El protagonista no tiene reparos en caer rendido ante una sirena con el rostro de Juliete Binoche, su marchante de arte, ni en pedir predicciones económicas a la hechicera a la que da vida Samatha Morton mientras comparte con todos nosotros la visión cargada de anhelo existencial que tiene del mundo aquel al que no le falta de nada. El activista encarnado por Matthew Almaric que propina un tartazo a Packer en la cara no es más que un reflejo del lugar privilegiado dentro de la decadencia global en el que está situado el protagonista y del odio que eso genera. Pero una vez el sistema colapsa (la historia se ambienta hace una década), su fortuna se desvanece y los manifestantes empiezan a fijarse en esa limusina que parece flotar en derroche y altanería mientras pasa por su lado sin percatarse de su desesperación. 
Precisamente, este mismo año Cronenberg arremetía contra los que consideran arte a la trilogía murciélaga de Nolan por no dejar de ser una historia "para niños" sobre "un tío corriendo por ahí con mallas". Unas declaraciones bastante irónicas cuando su película bien podría ambientarse simultáneamente a los disturbios en Gotham vistos en Rises, siendo Packer el ejemplo perfecto del aquel merecedor de una condena de muerte por parte del tribunal creado por Bane y presidido por El Espantapájaros. La principal diferencia es que mientras la película de Nolan se servía de una figura tan popular como la del superhéroe para transmitir sus preocupaciones sobre nuestra sociedad, la de Cronenberg abusa de los diálogos trascendentales, despojando a la cinta de todo juego o margen de maniobra al vomitar ella misma su subtexto. El resultado es una conferencia de hora y media con la decadencia como único tema, alguna tetica, uno o dos disparos -que bien podrían venir de alguno de los oyentes al suicidarse-,  y con un tipo como Robert Pattinson, que aún no ha demostrado ser capaz de desligar su carisma de los colmillos, como principal objetivo de unos focos que, todo hay que decirlo, están muy bien situados. 
Crítica de cine: 'Cosmópolis'
Que Pattinson arrastra dolorosamente no sólo el estigma de la fama crepusculera sino también la deformación que ha supuesto el personaje de Edward en su madurez como intérprete es tan evidente como capaz de suscitar compasión. Al fin y al cabo, aceptar el protagonista en una película de bajo presupuesto de un cineasta tan particular como Cronenberg inmediantamente después de concluir una saga taquillera ya es toda una declaración de buenas intenciones. Incluso, poniéndonos en el peor caso para Pattinson, su elección parecería responder a una jugada maliciosa por parte del cineasta al explotar esa imagen de estrella de cine superficial de la que goza el actor de no ser porque otros intérpretes consagrados como Binoche o Paul Giamatti tampoco se libran. Porque poco importa que estemos ante una de las cintas mejor fotografiadas de la filmografía de Cronenberg, obra de su colaborador habitual Peter Suschitzky, cuando el plano fijo que encañona a los personajes está al servicio de una verborrea infumable.
A pesar de que Eric Packer no lleva mallas y de que el mal no aparece encarnado tras una máscara y una voz distorsionada, Cosmópolis es mucho menos madura que The Dark Knight Rises en su intento por contarnos la misma historia sobre lo malos que somos y la porquería de mundo que les estamos dejando a nuestros hijos. Solo si eres un fan acérrimo del director canadiense y te sientes obligado a contemplar sus luces y sus sombras, si eres un crítico de cine que disfruta tanto escribiendo sobre cagadas inmensas como de clásicos instantáneos o, probablemente la opción más coherente de todas, si en tu habitación cuelgan pósters de Crepúsculo y crees que el apocalipsis maya de 2012 tiene que ver con el final de tu saga favorita y no quieres morirte sin verle el culo a Robert Pattinson, solo entonces, quizás deberías plantearte ver Cosmópolis. El resto, con leer esta crítica -o cualquier otra-, ya habéis cumplido vuestra penitencia por vivir en el siglo XXI.

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