Revista Regiones del Mundo

Crónicas afganas:Comprarse una Harley en el culo del mundo

Por Antoniopampliega

Desde camp Bastion (Helmand).

Si anteriormente destacaba las cosas positivas que tiene para un periodista vivir empotrado con cualquier ejército también hay que destacar las negativas… Y es el aburrimiento. El tedioso tiempo que tienes que esperar de una misión a otra. Leer, escuchar música, ver alguna película en el portátil, dormir- o mejor dicho- dar vueltas sobre el catre, ir a la cantina a degustar el ‘delicioso’ rancho militar y… pasear.

Esta opción puede ser bastante fructífera si tienes que publicar alguna entrada en el blog y te has quedado sin ideas. Las bases de Estados Unidos en el sur de Afganistán (tanto en Kandahar como en Helmand) son una inagotable fuente de ideas para un periodista aburrido. Se podría escribir un libro sobre cómo viven los soldados en el frente sin necesidad de salir de la base.

En Camp Bastion a los soldados no les falta de nada- no se puede decir que vivan cómo en casa pero tampoco se pueden quejar. Tienen una pequeña tienda de campaña que hace las veces de ‘coffe shop’. Decenas de ordenadores cubiertos de polvo- el polvo y la arena es a lo único que los americanos no podrán vencer en Afganistán- donde los soldados pasan un rato de asueto mientras esperan su turno para ir a primera línea. Son 30 minutos por cabeza que lo destinan a mandar mails a las familias para informar que están bien, para chatear con la novia a través de Facebook, para ojear la prensa deportiva o simplemente han acabado allí porque no había otra cosa que hacer. También tienen la posibilidad de llamar a casa y escuchar la voz de tu ser querido a miles de kilómetros de distancia.

Muy cerca de este peculiar ‘Campus Party’ los soldados tienen la posibilidad de degustar una suculenta hamburguesa recién preparada por los cinco indonesios que trabajan en la sucursal que tiene Burger King en esta base militar en medio de la nada. Los jóvenes- y no tan jóvenes- soldados hacen cola para abonar sus seis dólares a cambio de un trozo de carne a la parrilla, con patatas y un refresco gigante. “Estamos cansado de comer siempre lo mismo. Después de seis meses aquí todo te sabe igual. Intento venir una vez a la semana para comer algo que tenga sabor”, afirma el soldado Kim perteneciente al primer batallón de los marines.

Camp Bastion es una mini ciudad donde los soldados pueden hacer su vida diaria. De hecho, hasta las calles tienen nombres afganos: Avenida de Kandahar, calle de Zabul, etc… Los soldados tienen a su disposición lavadoras para su uso- sólo tienen que comprar el detergente- duchas con agua caliente y baños pulcros- en el frente la higiene no es que prime mucho os lo puedo asegurar. Los barracones disponen de mantas y mullidos colchones…

Pero lo que más llama la atención es encontrarse un supermercado en medio de la base. Se le conoce como PX y su lema no deja lugar a las dudas: “Vamos donde tu vayas”… Y así es. En la base más mísera que tengan los Estados Unidos en Afganistán allí encontrarás un PX donde puedes comprar casi de todo. No todos los ‘supermercados’ son como los de esta base de Helmand, los tienes más modestos como el de Camp Fiddlers donde es un contenedor de mercancías... pero para un apaño.

Pero volvamos al PX de Camp Bastion. Los soldados pueden encontrar desde una sudadera con el emblema de su unidad (marines, marina, etc…) con la que hacer deporte hasta un ventilador para luchar contra el pegajoso calor afgano. Videojuegos- la PSP tiene multitud de seguidores entre la tropa- películas en DVD, productos de higiene, frigoríficos pequeños donde dejar la bebía a enfriar y… un listado con una treintena de motos Harley-Davidson. De todos los precios, colores y modelos que gustes lo tienen. Desde la modesta Low de color rojo metálico (7.148 dólares) hasta la Tri Glide de un precioso azul eléctrico con radio incorporada por la nada desdeñable cantidad de 28.373 dólares.

“Los soldados pueden adquirir cualquier modelo de Harley-Davidson. Nosotros les hacemos una importante rebaja en el precio, les facilitamos la forma de pago y se las mandamos a casa sin cobrarles ni un céntimo por el transporte”, afirma Kevin Turner responsable de Harley en Camp Bastion mientras enseña el catálogo con las fotografías de las motocicletas a un grupo de marines.

“Llevo tiempo queriéndome comprar una Harley porque es un símbolo americano y si encima me hacen un buen precio, ¿por qué no?”, comenta el soldado Rodríguez, de origen mexicano mientras habla de la forma de pago. Parece que podrá cumplir su sueño…

Con la noche los potentes focos de esta mini ciudad se enciende- los afganos no tienen luz en sus casas pero en Camp Bastion se hace de día cuando anochece- y poco a poco los soldados se refugian en sus barracones. Mañana será otro día y es posible que les toque salir a combatir a un enemigo que no vive entre tantos lujos…


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