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Cuando la Gran Vía se llamaba Avda. José Antonio

Por Lasnuevemusas @semanario9musas

La novela de Anna Rossell es polifacética: dos partes en que salta de la picaresca en la primera al drama en la segunda.

Una obra de factura técnica coherente, fluidez exquisita en el lenguaje, uso muy cuidado de la puntuación, algo tan difícil a veces, y gran capacidad de captar y mantener la atención del lector. La autora, al igual que en su producción poética, disfruta jugando a enredar palabras e ideas.

Laura, el personaje principal de la novela, narra en primera persona sus vivencias de niña, adolescente y joven universitaria en Barcelona desde los primeros años cincuenta hasta 1975, año de la muerte de Franco, y lo hace con absoluta congruencia, con la voz de la niña, la adolescente y la universitaria, con gran claridad de criterios adaptados a cada época de su vida. El hilo de la narración es homogéneo, los detalles encantadores y la calidad lingüística envidiable.

La primera parte, el día a día desde los ojos de una niña, describe maravillosamente el devenir de la vida en Barcelona en aquellos años. Ya las primeras líneas avisan de lo que nos espera:

" Tampoco esta vez nos habían dejado el coche en el garaje Diana. Eran las terceras Navidades que mi hermana había deseado el regalo de sus sueños. El coche hubiera dado a nuestra familia en un periquete el mismo rango de la familia vecina."

La descripción de un domingo en misa es antológica:

" Los domingos y fiestas de guardar íbamos a misa a la parroquia. No sabía muy bien por qué había que ir a la de las doce, pero era a la que había que ir. A esta hora la iglesia se ponía a rebosar... [...] Casi todos los que se quedaban al fondo eran hombres. Las mujeres se las apañaban para colocarse siempre en buen lugar, sobre todo aquellas que querían lucir sus pieles o sus joyas, que eran la mayoría. Había en la disposición del público asistente una curiosa ordenación de mayor a menor en función de los abrigos de pieles y los sombreros y guantes que llevaban. Así las filas más cercanas al oficiante y al altar eran ocupadas por señoras y caballeros de la mejor sociedad cuya representación iba diluyéndose entre la medianía en sentido decreciente. [...] Mis ojos quedaban justo a la altura de las manos de los adultos, que descansaban en el apoyabrazos del reclinatorio de delante. A mi lado el color rojo brillante del esmalte de uñas atraía aún más la mirada hacia lo que ya de por sí era todo un espectáculo: un muestrario de joyas cargadas de colgantes se aseguraba protagonismo con su insistente tintineo cada vez que había que persignarse."

La niña Laura intenta ver críticamente su entorno:

" La Gran Vía era una calle muy ancha y con muchos coches y tranvías, por eso le habían puesto otro nombre, que era el de un señor importante: avenida de José Antonio Primo de Rivera. Yo pensaba que más importante que él debió de serlo su primo, porque a él solo lo mencionaban por el nombre de pila."

Y va madurando a medida que pasan los años. Ya como adolescente se manifiesta su tendencia crítica:

" Nos anunciaron la visita de mosén Jaime con el júbilo y la algazara con que se comunica a alguien una buena nueva que va a transformar su vida para siempre, y en el momento de su llegada se armó tal revuelo entre las monjas que no pude por menos de pensar en el que armaban las gallinas del terrado de mi abuela Antonia cuando el gallo se acercaba a alguna de ellas con su cresta inhiesta y su pecho erguido."

Cuando la Gran Vía se llamaba Avda. José Antonio
No solo critica el estamento monjil. La concepción de la mujer como instrumento para servir y agradar al hombre, tan normal en la época, despierta ya en ella un rechazo absoluto.

" Para las chicas no había más que un destino (lo de ser monja ni me lo planteaba, ellas apenas se me antojaban mujeres, sino casi un género aparte): casarse, ser madres, coser, lavar, quitar el polvo y fregar y, si se hacía caso a las recomendaciones de la Sección Femenina en sus consejos preparatorios para el matrimonio, también algo bastante parecido a ejercer de prostitutas, solo que con la bendición de la Santa Madre Iglesia y sin cobrar."

Pero es en la segunda parte, con el ingreso en la universidad, donde Laura, a pesar de sus dudas y sus miedos, toma conciencia y madura, forzada por los vaivenes emocionales y el devenir político. A pesar de sus temores se implica en el movimiento estudiantil. En esta segunda parte su lenguaje ya se ha hecho mayor:

" Conocí a Irene una tarde de enero en el bar de letras. Letras era el nombre abreviado que le dábamos todos a nuestra facultad. Era un día plomizo y desapacible de los que yo aprovechaba para trabajar en la biblioteca. [...] En una de las mesas del fondo vi a Julián, uno de los pocos compañeros de curso con los que había establecido una relación personal. Estaba enfrascado en lo que a todas luces era una acalorada discusión con una chica rubia, de cabello largo y liso, que lo miraba fijamente con ojos vivos y desafiantes."

Y la implicación política de Laura ya está presente:

"... gozaba con lo que aprendía por el mero hecho de escuchar: las exigencias de Felipe IV, el conde-duque de Olivares, el alzamiento de los segadores, el Hábeas de Sangre en junio de 1640, Rafael de Casanova, el asalto de las tropas de Felipe V a Barcelona, el Consejo de Ciento, la resistencia de Barcelona y de Cardona, la abolición en 1716 de las instituciones catalanas con los Decretos de Nueva Planta."

Anna Rossell desgrana hábilmente el devenir de la juventud universitaria en unos años en que la rebeldía ante el sistema fue motivo de encierros, manifestaciones y escaramuzas de todo tipo. Fue una época inestable que Anna Rossell describe detalladamente conservando la expresión novelada. Hay momentos tiernos, amorosos, trágicos, ligados fluidamente entre sí.

" Como de costumbre allí estaba Julián, que al verme entrar en el aula me saludó con una amplia sonrisa y un guiño de conquistador nato dispuesto a casi todo de buena mañana. Correspondí a aquella muestra de simpatía sentándome a su lado, le pedí un cigarrillo... [...] El claustro ya empezaba a bullir de agitación y la tensión aumentaba cada minuto con el nerviosismo que se apoderaba de todos nosotros ante la perspectiva de que hicieran su entrada los temidos hombres grises con la mano sobre el mango de la porra, capitaneados por su jefe, un personaje siniestro de puro habano entre los dientes, gafas oscuras y cara de sanguinario torturador. [...] La bota negra le aplastó la mandíbula, fogonazos de ira descargaron muerte sobre una cabeza ausente. La sangre le estalló en la cara. Ensimismado en su enloquecido paroxismo, un rostro enajenado de ojos idos, ciego para otro rostro, rojo y roto, un vértigo alucinado, demente. Paralizada en mi rincón oscuro presencié aquella vorágine de odio hasta el final: un charco de sangre, el amasijo de una carpeta abierta, papeles desparramados, unas gafas rotas. "

Y, en el entramado, las relaciones y los problemas familiares. Rossell narra una vida en su totalidad. Describe en una frase un drama:

" Cuando el horror y el dolor lo ocupan todo, la vida se hace insoportable. "

Es una novela histórica, también en traducción al catalán, que no deja indiferente a la mente interesada en los convulsos últimos veinticinco años del franquismo.

Cuando la Gran Vía se llamaba Avda. José Antonio

De Anna Rossell, que ha cultivado todos los géneros, se ha publicado en el ámbito de la ficción:

Poesía: La ferida en la paraula, Quadern malià / Cuaderno de Malí, La Veu per companya, Àlbum d'Absències, Alma escarchada / Ànima gebrada / Suflet înghețat, Auschwitz-Birkenau. La prada dels bedolls / La pradera de los abedules

Novela: Mondomwouwé, Aquellos años grises (España 1950-1975), Aquells anys grisos (Espanya 1950-1975

Libros de viaje: Mi Viaje a Togo, El meu viatge a Togo, Viaje al país de la tierra roja: (Togo y Benín), Viatge al país de la terra roja: (Togo i Benín)

Dramaturgia: SIUATL (Historia de México a través de tres generaciones de mujeres mexicanas, Work in progress), SIUATL - De huidas, guerrillas y fandangos (En coautoría)

Traducciones: El Elegido ( Der Erwählte, de Thomas Mann), Thomas Mann y los suyos ( Thomas Mann und die Seinen, de Marcel Reich-Ranicki), ¡Happy birthday, turco! ( Happy birthday, türke!, de Jakob Arjouni)

© Manolo Ávila Urbano
Cuando la Gran Vía se llamaba Avda. José Antonio
Manolo Ávila acabó magisterio en el año 1969 en la Escuela Normal de Magisterio de Barcelona.
Ingeniería técnica, especialidad informática, en 1975 en Bonn y Düsseldorf (Alemania). Cursó estudios de Ingeniería en la Escuela Superior de Ingenieros de Terrassa y de matemáticas en la Universidad de Bonn (Alemania). Durante toda su carrera profesional ha ejercido como informático. Su excelente formación en humanidades, gracias a la educación recibida en la escuela salesiana donde cursó sus estudios, le ha permitido escribir paralelamente al ejercicio de su profesión, de manera amateur, esporádicamente, poesía, narrativa breve y crítica literaria.

Anna Rossell
BARCELONA, AQUELLOS AÑOS
El despertar de una conciencia
Ed. Círculo Rojo, 2020, 176 pp

Cuando la Gran Vía se llamaba Avda. José Antonio

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