Revista América Latina

De cómo pudieron haber asesinado a Hugo Chávez (XV).

Publicado el 11 agosto 2014 por Jmartoranoster

*JUAN MARTORANO.

El doctor Al- Abub había sido aleccionado sobrecómo preparar a una persona para que grabase un video en el quereconociera su culpabilidad y emplazase al mundo a reconocer lajusticia de las exigencias de los captores. Sus tutores le explicaronque eso podía lograrse mediante el uso de drogas para creardesorientación, inducir miedo, producir estímulos confusos y causarcansancio y debilidad física.
Casey había decidido que al doctor Al-Abub lomotivaban una moral pervertida y una fe fanática en sí mismo. Eldoctor Gottlieb y el doctor Cameron habían actuado movidos por lasmismas fuerzas. ¿Estaban hechos de la misma pasta? La pregunta habíaempezado a rondarle por la cabeza después de estudiar los archivosde la CIA que no habían sido destruidos y cuyo contenido el doctorGottlieb había insistido en que no recordaba. Aquellos experimentosse habían llevado a cabo en las ciudades más civilizadas deNorteamérica, la canadiense Montreal. Los métodos que el doctorAl-Abub estaba utilizando eran prácticamente idénticos a los que eldoctor Cameron y el doctor Gottlieb habían empleado sobre pacientesdesprevenidos. La idea, contó Casey más tarde, “dabaescalofríos”.
Aunque nunca se quitará de la cabeza la pérdida deBuckley, Casey tenía mucho más de lo que preocuparse en el terrenode la guerra química. Lo que inquietaba a Casey, según reconociómás tarde era que estas armas no conocían límites: “Cuanto máslejos llevaba el hombre sus investigaciones sobre el intrincadosistema de la vida, más los científicos de Fort Detrick y otroslugares parecían decididos a crear un arma para interferir en lo queDios había creado”, le dijo al autor del libro “Las armassecretas de la CIA” , a Thomas Gordon.
A Casey le inspiró honda repugnancia la propuestade lo que venían a ser unas sustancias bioquímicas basadas en laraza, diseñadas para afectar sólo a ciertos y determinados gruposraciales. La idea provenía de un científico de Fort Beloir,Virginia, un centro anexo a Fort Detrick, que había descrito en undocumento en el que afirmaba: “ Teóricamente es posibledesarrollar por así decirlo armas etno-químicas, para explotar lasdiferencias genéticas que ocurren de manera natural entre gruposespecíficos de la población. Esas armas serían capaces de matar auna población enemiga seleccionada”. La bomba étnica seprogramaría, explicaba con entusiasmo el autor, para atacar elsistema digestivo de ciertos grupos raciales, “para hacerlosincapaces de aguantar la comida de otro grupo. Los árabes, porejemplo, recibirían una toxina de tipo porcino”. La bomba tambiéntomaría por blanco diferentes grupos sanguíneos. Entre losmusulmanes de las repúblicas islámicas soviéticas abundaba lasangre tipo O. Se programaría la biobomba étnica para que infectasea ese grupo. Casey se había apresurado a escribirle una nota alpresidente: “No debe permitirse nada de este estilo”.
Sin embargo, Casey preveía una época
“…probablemente para el siglo XXI, cuando podrámanipularse lo suficiente la doble hélice del ADN para utilizarla enla investigación de la guerra bioquímica. El objetivo más probableserá producir un nuevo supergermen que dejará el sistemainmunológico más indefenso que nunca. En última instancia podríano sólo matar a grandes poblaciones sino, en caso de necesidad,convertir a quienes sobrevivieran en mutantes, monstruos creados porel propio hombre”. ¿Estarían señalando aquí la creación delVirus de Inmunodeficiencia Adquirida (VIH), mejor conocido como Sida?
El 5 de septiembre de 2001, Thomas Gordon señala ensu libro “Las Armas Secretas de la CIA”en su primera edición enel año 2007, señala que repasa uno de los veintidós e-mails yfaxes de sus contactos en diversos servicios secretos del mundo quemandaban actualizaciones sobre algunas informaciones previas. A lolargo de un cuarto de siglo estas fuentes han proporcionado el“trasfondo” (palabra genérica para definir todos los datosdelicados que no pueden atribuirse directamente a la fuente) quehicieron posible libros como los de Gordon o trabajos deinvestigación como éste y que permiten publicar verdaderosreportajes de investigación como este, pese a lo extenso.
Aquella mañana, había un e-mail procedente deWashington escrito con el habitual estilo lacónico del remitente:“El Pentágono ha construido en secreto una fábrica de armasbiológicas capaz de producir suficientes gérmenes letales paramatar a muchos millones de personas”. Con un toque de ese humornegro que a menudo caracterizaba su trabajo, había añadido:
Las bioarmas son tan espantosas que hacen que uno sesienta a gusto con las nucleares; por lo menos ésas solo te fríen.Con las bioarmas ni te enteras hasta que un puñado demicropartículas te entra en los pulmones. Entonces lo único que tequeda es elegir la muerte que quieres: ahogarte, desangrarte oasfixiarte a lo largo de unos cuantos días o a lo mejor unas pocassemanas. Y en todo momento sabes que vas a morir porque unos médicos,hombres y mujeres, realizaron el juramento hipocrático y luegodecidieron o fueron convencidos de que no era aplicable a ellos.
La fuente citaba varias de las armas biológicas quela cúpula secreta había almacenado: ántrax, brucelosis, botulismo,peste, viruela, cólera. Algunas tenían nombres más esótericos:Marburg, Machupo, Junin, Ébola y encefalomielitis equina venezolana.Todas ilegales. Pero había más. Dado que era posible que los rusos,en las postrimerías de la Guerra Fría, hubieran combinado el virusdel Ébola con la viruela, la cúpula de los servicios secretosestadounidenses estaba intentando descubrir como lo habían hecho“Una especie de versión nueva de la regla de la necesidad de sabera cualquier precio”, escribía la fuente. Añadía que era posible,gracias a los avances en genética, crear gérmenes quiméricos;organismos artificiales formados por dos naturales: “También seestá trabajando en producir genes tan genéticamente refinados queserían resistentes a cualquier antídoto. Recuerda que los biobombasson mucho más baratas de fabricar que una bomba nuclear; latecnología puede encontrarse fácilmente y todo puede escondersetras esa vieja tapadera de investigación farmacéutica. Nos estamosacercando a la hora del bioapocalipsis”.
La fuente trabaja en la comunidad de los serviciosde inteligencia estadounidenses; es una persona cuerda y equilibrada;es cuidadoso con lo que afirma. Aún así, había revelado en esemensaje que el Pentágono había construido una base secreta en labase de Nellis de las Fuerzas Aéreas, en Nevada, de por sí una zonade máxima seguridad. La fábrica se encontraba en el sector másrestringido de todos. Se llamaba Campamento 12, sin más. “ Paraacercarse siquiera hay que pasar más controles que para entrar enlas entrañas del Pentágono o la Casa Blanca. Soldados armadospatrullan los últimos accesos al Campamento 12, sunterráneo en sumayor parte”, había escrito la fuente.
La construcción de la fábrica había empezadodurante la Administración Clinton, en 1997. Durante la presidenciade Bush la habían ampliado considerablemente. En su e-mail, lafuente escribía: “La existencia del Campamento 12 por fin dasentido a por que Bush se ha negado a firmar el acuerdo para ampliarel acuerdo sobre armas biológicas de hace veintinueve años. Lo hanratificado 140 países, todos los cuales quieren ampliarlo. Sinembargo, Estados Unidos, como bien sabe Bush, tendría que revelar loque pasa en el Campamento 12”.
El acuerdo sobre armas biológicas de 1972 prohibíaespecíficamente que cualquier signatario desarrollase o adquirieraarmas que propagasen enfermedades.
Aún así, la fuente era categórica: en elCampamento 12 científicos estadounidenses se preparaban parafabricar, entre muchas otras cosas, una cepa más virulenta deántrax. Para hacerlo usarían agentes biológicos alteradosgenéticamente que se mejorarían hasta alcanzar la calidad querequería un arma. A diferencia del acuerdo sobre armas químicas, elacuerdo sobre armas biológicas no prevé ningún control. Además,casi todo lo que se usa para desarrollar bioarmas se usa en laindustria farmacéutica o agrícola. Eso se conoce como el “problemadel uso dual. El mismo equipo que hace falta para producir piensopara pollos puede usarse, con una ligera adaptación, para elaborarun agente biológico”, declaraba el e-mail.

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Pero estapublicación de estos trabajos, ya en sus partes finales continuarán,por razones de espacio, en la próxima entrega.

¡Bolívary Chávez viven, y sus luchas y la Patria que nos legaron siguen!
¡Hasta laVictoria Siempre!
¡Independenciay Patria Socialista!
¡Viviremosy Venceremos!

*Abogado,Activista por los Derechos Humanos,Militante Revolucionario y de la Red Nacional de [email protected] Socialistas (RENTSOC).http://juanmartorano.blogspot.com/ http://juanmartorano.wordpress.com/ ,[email protected] .com ,[email protected] ,juan [email protected] com. ar . @juanmartorano (Cuenta en Tuiter).

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