Revista América Latina

De José Gregorio Hernández al COVID-19

Publicado el 09 julio 2020 por Jmartoranoster

Esmeralda García Ramírez

José Gregorio Hernández Cisneros (JGHC) nació el 26 de octubre de 1864 en Isnotú, actualmente municipio Rafael Rangel del estado Trujillo, en Venezuela. Por línea materna descendía del cardenal Francisco Jiménez de Cisneros (confesor de Isabel la Católica), y por vía paterna, es emparentado con Francisco Luis Florencio Febres-Cordero Muñoz (santo hermano Miguel). Fue médico, científico, profesor, filántropo, católico franciscano seglar, admirado por su solidaridad hacia los más necesitados. Fue el mejor estudiante de su promoción universitaria; cursó estudios en la Universidad de París; fue profesor de la Universidad Central de Venezuela; fundador de la Cátedra de Anatomía Patológica; escribió “Elementos de Bacteriología”, primer científico en escribir sobre este tema en Venezuela. Murió en Caracas el 29/06/1919, dejando un gran ejemplo de sensibilidad y amor por los más necesitados, de profunda vocación por su profesión. Muere el médico, nace un mito y así el culto a su figura llega hasta la actualidad. JGHC concibió la medicina como una vocación de servir siempre a los demás, lo que le valió el título de “médico de los pobres”. En 1949 la iglesia católica inició su proceso de canonización para otorgarle su santidad, pero ningún “milagro” convenció tanto a El Vaticano como el de la niña de 10 años (Yaxury Solórzano Ortega), de San Fernando de Apure, quien recibió un tiro en la cabeza víctima de un asalto contra su padre el 10/03/2017 y se recuperó de la herida de bala, según testimonios, por la intervención de JGHC, por lo que El Vaticano aprobó el decreto que reconoce el milagro de JGHC y el 19/06/2020 abrió paso para su futura santificación, convirtiéndose así en uno de los logros de mayor satisfacción para la mayoría de los venezolanos que profesan la religión católica.

Después de la partida física de JGHC, durante estos cien años, la humanidad ha padecido innumerables enfermedades —algunas creadas en laboratorios—, virus que han inventado para controlar a la humanidad. El COVID-19 es una enfermedad infecciosa más de las tantas que ha elaborado este sistema controlador que ha impactado en todos los órdenes a la humanidad en lo político, social, cultural y económico. Es la reafirmación de la crisis terminal del modelo civilizatorio moderno, que nos ha dejado desafíos: el primero es que, a pesar del afán de destruir al planeta las élites: promoviendo guerras, sobreponiendo el capital por encima del hombre, la humanidad está comprometida a salvar el planeta. El segundo, requiere de un trabajo en conjunto por parte de todos los líderes del mundo para derrotar al coronavirus que ya sobrepasó los once millones de personas infectadas. En este sentido, la participación del pueblo es fundamental pero su contribución debe ser con una alta formación consciente para impulsar el bienestar social y no los privilegios individuales de una clase política que está atada al poder, al confort y a pisar fuerte a los de abajo. Por último, la pandemia nos obliga como sociedad a transformar los patrones de conducta, de consumo desenfrenado impulsado por este sistema salvaje, a desaprender para aprender a Ser más Humanos, para promover la solidaridad, la hermandad y la responsabilidad con consciencia colectiva; pero también exige a sus gobernantes a virar su visión del ser como Ser Humano y no la primacía de la economía sobre aquel. Hay que terminar la relación del crecimiento económico con la destrucción de la naturaleza, de la economía con la esclavitud del hombre al servicio del capital y no a la humanidad; el control económico de quienes manejan el mundo contra toda una humanidad que le imponen sumisión, que la privan no solo de libertades económicas sino de libertades espirituales, la subyugan con ritos, le diseñan creencias a su medida de control, escriben biblias para hacer creer que hay un Dios que castiga cuando el humano no se somete a sus verdugos.

Hemos pasado por una infinidad de dogmas, por la creencia de la existencia de los milagros a seres imaginarios, o a seres que existieron producto de sus actos humanistas, solidarios y altruistas. No hemos visto “un milagro” de los que practica la religión cristiana de un paciente contaminado por coronavirus, porque en realidad los verdaderos héroes que están dando esta batalla son los médicos y enfermeras que luchan todos los días para salvar vidas, muchos de ellos se han entregado de manera tal que sus vidas se quedaron en los hospitales: murieron salvando vidas. Jesús de Nazareth decía ¿por qué os maravilláis, si maravillas harán ustedes? Como gran visionario nos señaló las inmensas capacidades que como humanos tenemos, de las maravillas que podemos hacer. JGHC fue un humano más que hizo maravillas para salvar a la humanidad y su espíritu aún revolotea hoy ayudando a salvar vidas; solo que la iglesia católica (experta en manipular), tergiversa la forma y usa su imagen para fines lucrativos, para que los creyentes no indaguen la verdad de este enigma. No es casual que de José Gregorio Hernández pasemos al COVID-19, en plena pandemia no hay milagros de ninguna imagen. Ojo puede ser cualquier “santo”, solo que JGHC es la coyuntura para distraer y dogmatizar para seguir captando incautos, es un sofisma de distracción. En realidad el “milagro” ocurre en virtud de que todo Ser ha heredado la gracia de nuestro arquitecto universal, porque somos un espíritu cuyo poder espiritual puede realizar cualquier proeza y hacer su propio “milagro” que es parte de la realización de lo que somos. La intención de un ser de aferrarse a un yeso para que obre por la imposición de quienes elevan estas imágenes (santos) a los altares, lo conlleva a creer, a tener fe en el yeso, sin embargo, el verdadero “milagro” lo ejerce su fe, su poder de realización como espíritu que puede realizar su propia “maravilla de sanación o de creación”. Tenemos millones de contaminados y ningún santo en este momento está ejerciendo ningún efecto sobre el COVID-19.

El miedo, el temor, la angustia, no permite que los afectados puedan desarrollar su sanación a través de su energía, la cual está bloqueada por el temor, por su falta de fe en sí mismo. Está demostrado que el verdadero milagro es cuidarnos de la expansión del virus, aunque seamos creyentes el virus nos ataca y los que nos sanan son seres reales. Un creyente confundido puede decir: Jesucristo, Bolívar, Arnulfo Romero, Camilo Torres, Chávez, fueron religiosos y hay ateos de ultraderecha. Jesús y Bolívar, como el resto de la humanidad, les tocó ser parte de un sistema que le impusieron en el momento, pero en la etapa que ellos vivieron indagaron sobre la verdad, no se conformaron con las mentiras de los hombres que hacían culto a una religión, despertaron de manera consciente espiritualmente y se deslastraron de un paradigma que es más peligroso que una pandemia, lo que no ocurrió con JGHC ni otros mártires. Dudo que existan ateos ultraderechistas, pero están más claros que un creyente o político religioso. El daño espiritual que le hacen a JGHC con este tipo de ritos es inimaginable, la iglesia lo sabe, pero lo más lamentable es que el presidente Maduro también, lo cual afecta la elevación espiritual del ser. Lo más importante es que cada Ser Humano aprenda a desarrollar sus propias maravillas, su potencial, su autosuficiencia, solo así será verdaderamente libre.

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Esmeralda García Ramírez

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