Revista En Masculino

De tal palo, tal astilla

Por Papacangrejo @Papicangrejo

 De tal palo, tal astilla

Dicen que de tal palo, tal astilla.Los que pasáis por aquí de vez en cuando ya sabéis que tengo cierta afición a aporrear el teclado. Sí, hablo de esa famosa novela mía que se vende a la misma velocidad que las obras de la Sagrada Familia y que, con un poco de suerte, acabará siendo un éxito arrollador... en el mercadillo de mi barrio. El caso es que, aunque mi carrera literaria esté plagada de bloqueos creativos y de glorias puramente imaginarias, parece que la genética ha decidido hacer de las suyas, pero esta vez para bien.
Resulta que el gen de juntar letras ha mutado y se ha perfeccionado en la siguiente generación. La cosa empezó con Cangreteen. Allá por 4º de la ESO, hace un par de años, decidió (les obligaron) presentarse a un concurso de narrativa de su instituto y, para sorpresa de nadie (bueno, mía un poco, que soy padre y sufro por defecto), lo ganó. Lo hizo con un relato breve que rebosaba un ingenio y una soltura que ya me gustaría a mí tener cuando me siento a mirar el cursor parpadeante en la pantalla. Aquello fue un chute de orgullo tremendo, pero pensé que sería un caso aislado, un chispazo de brillantez adolescente entre partida y partida de la consola.
Pero me equivocaba.
El otro día llegó Cangrejito a casa con una sonrisa que no le cabía en la cara. Habían organizado un concurso de poesía entre todas las clases de 5º de su colegio y, agarraos fuerte: ha quedado primero. Primero. En poesía. Yo a su edad pensaba que rimar "camión" con "corazón" era la cúspide de la lírica moderna, y este niño se me vuelve Bécquer de la noche a la mañana, con rima, métrica y un desparpajo que me dejó con la boca abierta.
A partir de ahí, pues qué os voy a contar: llevo días con el pecho inflado como un palomo y una tontería encima que no me la quita nadie. A veces uno se pasa la vida educando, repitiendo las mismas cosas mil veces, y esperando en secreto que a los hijos se les pegue algo bueno de ti, y resulta que las cosas pasan, sin más.
Yo, en mis cincuenta y pico, nunca he ganado absolutamente nada en esto de escribir, ni un mísero accésit en las fiestas del pueblo. Pero, sinceramente, sentarme en el sofá y ver que estos dos me superan por la derecha, sin poner el intermitente y siendo tan jóvenes, es mejor que ganar cualquier Premio Planeta. De tal palo, tal astilla, sí... pero con la madera mil veces mejorada.


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