
Cada día estoy conociendo más profesionales cuyo nivel de desmotivación es crónico y a veces patológico. Eso que llamamos “estar quemados”. Unas veces es por la dificultad de encontrar sentido a un trabajo que cada vez es más exigente y que afecta a lo personal. Otras se trata del poco margen que tienen para realizar aportes y tomar decisiones. En otros casos son razones mucho más básicas como la percepción de falta de respeto o consideración. En ocasiones hay quien tiene el paquete completo de factores desmotivadores. Y es evidente que todo esto afecta a la productividad de una forma radical.
Durante muchos años me sentí frustrado al tener la sensación de haber facilitado el desahogo de algunos profesionales pero no tanto su avance o superación de dificultades. La cosa empieza con que sabes que “una persona que no quiere nada es invencible” y que en esas circunstancias no hay curso o taller que sirva para algo. Te pones empático y escuchas para lograr que surja la apertura. Y, sin quererlo, tu escucha refuerza la actitud victimista y no logras ir más allá.
Salir de esa situación sigue siendo todo un reto para el que hace falta habilidad pero también recursos. Aquí abajo indico algunos que pueden ayudar a que un profesional en apuros inicie un camino de resiliencia.
Algo de inspiración para cambiar de rumbo
Todas las situaciones tienen aspectos que dependen de ti y otros que no. Puedes verlo aquí de una forma muy gráfica. Las personas que focalizan su atención en la “zona de preocupación” tienden a sentirse “víctimas”. En esto, puede ser muy útil/ necesario expresar nuestra frustración e incluso nuestra indignación con lo que nos pasa. Sin embargo, conviene tener cuidado con no quedarse ahí porque a veces es reconfortante y justifica nuestro inmovilismo. ¿Te suena esta actitud?
Hay cosas que no van a cambiar y es mejor que te hagas a la idea cuanto antes. El sentido que se suele dar a “tienes que ser positivo” es a veces una idiotez. Y si insistes en vivir de la fantasía la cosa acabará en frustración. Si estás en un agujero lo primero es dejar de cavar. En el terreno profesional, por ejemplo, esperar que las cosas vuelvan a ser como antes puede que no sea una buena idea. Tampoco esperar que los entornos “VUCA” dejen de serlo y todo esté más tranquilo. Se puede aplicar lo mismo a la expectativa de que tu jefe cambie o las circunstancias sean menos estresantes.
Empecemos a cambiar el rumbo. A mi me ayuda observar a quienes superaron las circunstancias más duras. Ayudan a relativizar las nuestras propias. Hay muchos ejemplos alrededor. Y por supuesto en la red… ¿Recuerdas la actitud de Guido en “La vida es bella”? Si no ves en ello más que una ficción puedes leer la experiencia de quienes superaron los campos de concentración. Es un libro magnífico que puede ayudarte a encontrar un sentido en las circunstancias más grises. Siempre podemos mirar para otro lado pero hay ejemplos muy poderosos e impactantes de personas que han superado dificultades extraordinarias. O incluso de personas que saben que van a morir y aún así encuentran en ello una motivación.
Probablemente haya un tiempo para la queja y otro para la resolución. Evitar caer en el victimismo y centrarse en lo que depende de nosotros mismos amplia nuestra área de influencia y nos hace más productivos y felices. También hace el camino de cambiar lo que no nos gusta. ¿Qué depende de ti?: Buscar tu “área de influencia”, identificar qué puedes hacer y tratar de centrar tu atención en estas acciones.
