Revista Viajes

Denia al natural, entre la montañas y el mar

Por @asturiasvalenci Marian Ramos @asturiasvalenci
Nos hemos despistado un poco y hemos llegado a Denia. Al alejarnos de esas moles de hormigón que van decorando el norte del mar alicantino nos hemos visto atraídos por unas playas de roca con agua cristalina, sus casitas del barrio marinero y dos impresionantes montañas que aparecen protectoras en lo alto.Denia al natural, entre la montañas y el marBohemia y alegre, colorista y pintoresca, Denia se negó a seguir ese afán del turismo de masas. Quizás aquí, al pasear por su paseo marítimo y por sus tranquilas playas de roca y guijarros, nos preguntemos si somos lo suficientemente inteligentes al no apreciar y valorar lo que la naturaleza nos ofrece y nosotros destrozamos.

La sentiremos con los cinco sentidos al contemplar esa amalgama de casonas que se extienden a lo largo de la costa acompañadas de palmeras, glicinias y jazmines; la escucharemos entre el estruendo de las gaviotas y el bullicio de los barcos pesqueros cuando entren desde la mar hacia la lonja después de un día de pesca; cerraremos los ojos cuando nuestro apetito nos pida un plato de arroz a banda o cuando paseemos entre sus casas encaladas y decoradas con fragantes flores en sus ventanas. Denia al natural, entre la montañas y el marY cuando nuestra mirada se dirija hacia el casco antiguo de Denia veremos como unas murallas se van desplazando por la ladera de la montaña y van desapareciendo detrás de los tejados. Allí, en lo más alto, el castillo que la resguardó durante siglos. Y a su lado, esa mole rocosa que se eleva al lado al lado del mar y que forma parte del Parque Natural del Montgó.

Erizos y caracolas desvelaron que hace un millón de años Denia estaba sumergida en el mar. Luego, el viento y la lluvia fueron los encargados de ir configurando una costa repleta de cuevas, playas y acantilados. Muchas pisadas quedaron grabadas en esta montaña porque el hombre la eligió como hogar. Aquí vivió, cazó y cultivó.

Fueron los íberos los que construyeron un poblado en el s. VII a.C. Siglos después, los romanos tomaron esta pequeña ciudadela fenicia a la que llamaron Dianium. Con la desaparición del Califato de Córdoba, Denia se convirtió en la capital de una taifa que llegó a conquistar Mallorca. Supo aprovechar su posición estratégica para mantener su relación con otros puertos del Mediterráneo y del Al-Ándalus. Aquí llegaron mentes privilegiadas: teólogos, poetas, escritores y pintores. A raíz de la Reconquista la ciudad se fue fortificando. Sin embargo supo mantener su identidad. No se edificaron cúpulas de catedrales porque se prefirió defender la palabra y el arte como expresión de una cultura. La ciudad fue creciendo dentro de sus murallas mientras que al lado del mar quedaron tan solo las casas de los marineros y sus lugares de trabajo.

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Y desde aquí, desde el puerto pesqueroarrancamos nuestros pasos hacia lo alto del castillo. Emprendemos nuestro recorrido a través de calles estrechas y recoletas plazas buscando el lienzo de muralla que nos acerca hasta el portal almohade que nos permite entrar en esta fortaleza. Con más de mil años de existencia, el castillo de Denia recorre la loma de la montaña y se alza al norte del Montgó.

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Portal de la Vila 

Una fortaleza que comenzó a construirse en época musulmana y que tuvo especial protagonismo durante la guerra de Sucesión ya que los dianenses apoyaron al perdedor archiduque Carlos. Felipe V ordenó arrasar el castillo y apresar a sus habitantes. Cuentan que solamente quedaron con vida treinta personas entre ancianos y pobres. A mediados del s. XX restauraron algunos tramos de muralla, torreones y el Palacio del Gobernador.

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Torre del Consell

Después de visitar el museo que hay en la Torre del Consell podemos recorrer dos zonas que vamos a diferenciar a simple vista.

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Vistas a la montaña del Montgó

Si comenzamos a andar hacia nuestra derecha vamos a conocer la zona de la fortaleza más deteriorada. Porque además de las batallas que fueron destruyendo el castillo los dianenses se vieron obligados a derruir parte de sus murallas para que el casco urbano fuera ampliándose.
Denia al natural, entre la montañas y el mar

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Torre del Mig 

Entre los bosquetes de pinos hay algunos restos de estancias y torreones. Estamos paseando entre bancales. Cuando el castillo pasó a manos privadas fue adaptado para el cultivo de la uva moscatel. Esa que tanta fama internacional dio a Denia a principios del siglo XX.Y retomamos alguno de estos senderos para ascender por el camino empredado que nos va a llevar entre jardines, aljibes y torreones a lo más alto de la fortaleza y al Palacio del Gobernador. Si entramos en el Museo Arqueológico vamos a conocer un poco mejor la historia de Denia entre bronces islámicos, ánforas, vasijas…
Denia al natural, entre la montañas y el mar

Denia al natural, entre la montañas y el mar
Pero nada va a ser comparable con las vistas que nos ofrecen esta atalaya y guardián de la ciudad. Ese azul profundo del mar alegrado por sus veleros que se mecen al son de la corriente, las playas de arena y grava que se extienden hasta que las perdemos de vista y la silueta majestuosa del Montgó. Una montaña que no es excesivamente alta pero que debido a su proximidad a la costa su presencia parece aún mayor. Una mole rocosa que desciende hacia el mar y se va convirtiendo en una meseta con zonas de cultivo, calas, cuevas y acantilados suaves hasta el Cabo de San Antonio. Por la pureza de estas aguas fue declarada Reserva Marina.
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Seguramente nos llame la atención entre los cultivos un torreón. Hasta él se puede llegar en un tranquilo paseo por la playa de Les Rotes. La Torre de Gerro perteneció a un sistema vigía ante los posibles ataques de piratas berberiscos en el siglo XVI.Un Montgó que durante el día parece tintinear por la brisa marina que asciende desde la meseta y que por la noche queda sumido en una profunda tranquilidad. Un paraje natural con opciones para recorrer diferentes rutas de senderismo.
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Retomamos nuestros pasos y comenzamos a descender hacia el casco antiguo. Vamos a hacer la típica fotografía en la plaza de la Cruz que, según dicen, es una de las más fotografiadas de Denia.
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Para los más nostálgicos que buscamos rincones pintorescos lo más hermoso de Denia es el Barrio Baix La Mar. Así que nos dirigimos hacia el mar atravesando un entramado de calles cortas y estrechas con sus casas encaladas, de vivos colores o de piedra. Un barrio de intensa esencia popular y marinera alegrado por sus comercios y restaurantes.
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Seguro que nuestra sorpresa es enorme cuando de pronto veamos una gran figura de Play Mobil en una de sus plazas. Se trata del Capitán Jones. Una escultura de bronce que nos recuerda que en Denia se estuvo rodando durante meses esta película y que decenas de habitantes participaron en ella disfrazados de soldados, marineros y piratas.
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Y qué mejor que terminar nuestro recorrido con un paso tranquilo por el puerto deportivo y en dirección hacia una de las playas más hermosas del litoral alicantino hacia el Cabo de San Antonio

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Vistas desde el Cabo de San Antonio 

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