Revista Arte

Desarraigo

Por Felipepostigo
-Una ausencia de veinte años- pienso con pesar y hago lo posible por entender cuanto tiempo significa en realidad-No ¿Qué digo? Algunos más de veinte han pasado desde el día del entierro- aventuro, mientras desde mí improvisada atalaya, no puedo evitar un ansioso reencuentro con el paisaje: Este; el Gran Hotel y allá, al final de la calle, vivía Conchita. Al otro lado del parque, casi frente a frente con su chalé; el Seminario. Detrás; la Ciudadela y por aquí, hacia el norte, en los bajos de esa casa gris que aún no ha perdido la aguja de la torre, teníamos la tienda y el almacén. Recuerdo que en un piso de arriba estaba la emisora de radio y al lado, el bar de la señora Orosia…, Era un bar de postín; ya lo creo.
A pesar del maquillaje de modernidad, de que el progreso, aquí como allá, siempre enseña la patita colocando chinos y bancos en el local de los viejos negocios que daban identidad a los rincones, lo reconozco todo: la esquina del Hostal, la escalinata del Paseo Franco, esta plaza con cuyo nombre no acierto pero que aún conserva los mismos sauces, la terraza, velador decían entonces, de la selecta cafetería Somport… No sé; quizá no esté hablando de veinte años, sino de cuarenta, pero aun así, es aterrador descubrir cómo se reivindican los recuerdos que daba por perdidos. Los miro a la cara, me miran y nadie reclama nada por lo que deduzco que una parte de mi vida hace mucho que dejó de ser importante para alguien. Me angustio y no hallo relación entre aquel Pablito y este Paul y me apena de pronto que no sirvieran para nada tantos esfuerzos, desvelos, proyectos… -Un día la vida da un giro y todo empieza de cero; nada ha valido para nada- Una sensación jodida esta del desarraigo –Desarraigo- repito entre dientes y me suena peor que si hablara de traición. Sin embargo, no puedo negar que este café me ha sorprendido como sorprenden los cafés extranjeros y que el camarero me ha gritado como gritan los españoles que creen que la barrera del idioma es una forma de sordera. No tengo dudas. Un franchute de los cojones es lo que soy. No sé cuándo ocurrió, pero no hay más que verme…

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