Asistir a la belleza de la madre / mujer, es un regalo para quien se deja contemplarlo desde el corazón. La reconciliación con la propia madre, con la propia naturaleza, con lo instintivo y salvaje, con la “mar”, con la “selva”… con el parir… con el gritar… con la fuerza y la belleza… con la nutrición, con el alimento…
Si uno se deja… es un regalo.
