
Blood diamond (Edward Zwick, 2006. EEUU): previsible actioner de aventuras con un mínimo de denuncia y conciencia social sin personalidad ni incorrección alguna, situado en una Sierra Leona en plena guerra civil con el tráfico ilegal de diamantes como su mayor activo, así como atractivo, para enriquecerse. Un DiCaprio con un más que aceptable acento británico-sudafricano, muchas armas y todavía más disparos, explosiones y persecuciones, todo ello orquestado con cargante formalidad por otro de esos realizadores hechos en, por y para Hollywood (Leyendas de pasión, El último samurái). Entretiene, al menos.





