Revista Cultura y Ocio

Diástole, mil demonios aullando

Por Agora

Diástole, mil demonios aullando.Emilio Bueso.Diástole.Salto de Página. Col. Púrpura. 2011.Emilio Bueso (Castellón, 1974) es uno de los autores con más proyección del panorama nacional reciente. Comparto sus influencias (Palahniuk, Lovecraft, Barker) e inclinación por el género de horror. La obra ha recibido el importante premio Celsius de la Semana Negra de Gijón 2012. Además, su ópera prima Noche cerrada me pareció buena.Intenté dejar al margen todo lo anterior para realizar una valoración no mediatizada; puse el listón crítico en rojo, a niveles crueles: soy defensor de que la calidad literaria no debe estar asociada sólo a unos géneros y temas. Por esas razones, el libro debía golpearme muy fuerte para impactarme: era su reto, demostrarlo. Sístole.Me ha forzado a besar la lona en el primer asalto. Diástole.Porque, si se valora cada elemento literario por separado, resultan de gran calidad; pero en conjunto, constituyen una obra extraordinaria, literalmente hablando, fuera de lo común. "Veamos de qué está hecho el infierno".Poco se puede decir de la historia sin romper la magia. Jérôme, un genio de la pintura “de los caóticos, de los buenos, de los yonkis”, perdido en su propio abismo de fracaso y adicción, es contratado para retratar a un hombre misterioso, en una mansión malsana. El posado durará cuatro noches (número mágico y ritual en la pintura), durante las cuales escuchará la historia de Iván, su enigmático modelo. Se trata de una trama redonda, intensa y bien cerrada, con un final impactante. No se extiende más allá de lo necesario (rasgo de escritura de Bueso). Combina elementos de diferentes géneros (novela negra, horror, realismo sucio) para engrasar una precisa maquinaria de reloj: una bomba sucia directa al corazón.La voz narrativa empleada es el presente de indicativo. Puede resultar extraño, pero es un engranaje importante de la novela, una elección estética premeditada del autor. El estilo es frenético, calculado, cáustico, impactante. Destila una lírica de lo horrible, un poema en prosa, el de un ¿protagonista? consciente de su propio fracaso, de haber tocado fondo, pero que realiza, aún así, un viaje iniciático a través de las tinieblas, una caída en montaña rusa hacia la más absoluta oscuridad. Culmina con una epifanía del horror interno y externo, una transformación integral, sin retorno, mediante la catarsis pictórica.Mil demonios aullando”.Extraordinaria, sin duda, pero también porque no está destinada a todos los paladares: puede resultar indigesta a según qué sensibilidades. Es una novela dura, que propone escenas fuertes de manera explícita (no hablo de vísceras, esto transita en las esferas del alma). Está repleta de referencias cinéfilas, literarias y, sobre todo, pictóricas. Aunque su lectura no es difícil, sí resulta exigente con un lector dispuesto a sacarle toda la sangre al relato.Además, describe una realidad política y social muy cruel (accidentes nucleares, conspiraciones, drogas, empleos miserables, etc.): mundos extremos que ignoramos, como al mendigo borracho cerca de nuestro portal. Se muestra al depredador fratricida que brota cuando el hombre toca fondo (o techo), el que todos llevamos dentro. El elemento sobrenatural retrata el reflejo de nuestro lobo.Como objeto, el libro tiene calidad: papel cremoso, agradable a tacto, letra nítida y grande. Viene acompañado por un señalador que reproduce la reveladora ilustración de la portada (por Carla López Bauer). No hay erratas, ni problemas tipográficos. Perfecto también en este sentido. En resumen, formidable e intachable en su coherencia interna. De esos relatos que amo y odio, porque es la historia que desearía escribir (como poeta y técnico en radiodiagnóstico): terrorífica y bella, lírica y sucia. Una novela de las brillantes, de las que serán redescubiertas, de las que tiras con envidia contra la pared para recogerlas y seguir leyendo. Sístole.No cumple las expectativas: las pulveriza. Diástole.Fernando López Guisado.


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