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Dos niños y un destino

Por Avellanal

En 1970, Belfast era una ciudad cuyos barrios estaban convertidos en ghettos. El conflicto de Irlanda del Norte había desatado una espiral de violencia y un reguero de sangre que se prorrogarían por varias décadas más. Tomando tan aciaga circunstancia histórica como contexto, el director Terry Loane compuso una preciosa película que retrata la amistad entre dos niños en el umbral de la pubertad (tema manido, pero no siempre bien tratado).

El viejo conflicto entre los protestantes, ávidos de resguardar el tutelaje británico, y los católicos, partidarios de la integración con la república de Irlanda, o bien de la independencia, encuentra su símbolo más paradigmático en el puente que divide a Belfast. En ese marco inestable, Mickybo –hijo de una familia católica pobre– y Jonjo –primogénito de un pudiente matrimonio protestante–, coinciden por obra del azar cuando el primero, escapando de dos bravucones con quienes ha intercambiado robos recíprocos, se atreve a franquear el implícito límite que levantan las murallas del sinsentido. A priori, todo debería enfrentarlos: además de las procedencias religiosas y de los bandos opuestos, Mickybo es extrovertido, díscolo y desaliñado, mientras que la timidez, la aplicación y la prolijidad son los signos distintivos de Jonjo. Así y todo, el improbable dúo termina tan unido como Butch Cassidy y Sundance Kid.

Y es que Mickybo y Jonjo consolidan su amistad merced al entusiasmo que les genera el emblemático film de George Roy Hill que recreaba las andanzas de los dos famosos pistoleros estadounidenses. Decididos a sacarse el tedio de encima, los pequeños se fugan de sus problemáticos hogares, con la firme y dulce convicción impúber, mítica y masculina de reanudar los legendarios pasos de Paul Newman y Robert Redford, tomándolos como brújula y manual de vida. Siguiendo esa quimera transformada en un imaginar colectivo que los conducirá a surcar campos, laderas y bosques, la utopía infantil se convierte de repente en un viaje errático, pero sobre todo, en un viaje de aprendizaje.

Dos niños y un destino

Lejos de ser una film pretencioso, Mickybo and Me se nos revela como el relato gracioso y conmovedor de una historia sencilla, que únicamente aborda de modo lateral –pero con más profundidad que las películas que se sumergen de lleno– el conflicto social que deja a la deriva a un par de chicos prófugos que tan sólo tratan de llegar cabalgando a Australia, el añorado paraíso imaginario.

Sería una pena, para quienes disfrutamos hasta el día de hoy contemplando aquel apoteósico paradigma del western romántico y crepuscular (Leone más Peckinpah), que ésta joya del cine irlandés se nos pasara por alto. No solamente porque, por medio de fragmentos, Butch y Sundance otra vez estarán en la pantalla grande, sino también por el perfecto ritmo narrativo del filme, la ternura que desprenden ciertas situaciones, los ingeniosos diálogos, las estupendas interpretaciones de los mocosos protagonistas y la lección de tolerancia que su amistad constituye.

Mickybo and Me (Irlanda, 2004).
Director: Terry Loane.
Intérpretes: John Joe McNeill, Niall Wright, Julie Walters, Ciarán Hinds, Gina McKee.
Calificación: 7,25.


Dos niños y un destino

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