
La crema quemada es un pequeño espectáculo culinario: el instante en que el fuego del quemador transforma el azúcar en una capa crujiente y dorada, sellando la suavidad de la crema con un toque de caramelo. En estas cazuelas, el contraste entre lo rústico del barro y la delicadeza del postre crea una escena cálida y artesanal. Las ramas de canela y las ralladuras de limón aportan un perfume sutil que despierta los sentidos antes del primer bocado. Cada cucharada revela la armonía perfecta entre textura y sabor: el crujido del azúcar tostado seguido de la cremosidad sedosa del interior. Un clásico que nunca pasa de moda, capaz de convertir cualquier mesa en un rincón de pura dulzura.
Ingredientes para la Crema Quemada (4–6 raciones)
1 litro de leche entera
6 yemas de huevo
200 g de azúcar
40 g de maicena
1 rama de canela
La piel de 1 limón (solo la parte amarilla)
Azúcar extra para caramelizar
1. Aromatizar la leche
Calienta la leche junto con la rama de canela y la piel de limón. Cuando esté a punto de hervir, apaga el fuego y deja reposar 10 minutos para que infusione bien.
2. Preparar la mezcla de yemas
En un bol, bate las yemas con el azúcar hasta obtener una mezcla cremosa. Añade la maicena y mezcla hasta integrar.
3. Incorporar la leche
Retira la canela y el limón de la leche. Vierte la leche caliente sobre la mezcla de yemas poco a poco, sin dejar de remover.
4. Cocinar la crema
Lleva la mezcla al fuego y cocina a temperatura media, removiendo constantemente, hasta que espese. No dejes que hierva para evitar que se corte.
5. Reposo y presentación
Sirve la crema en cazuelitas y deja enfriar primero a temperatura ambiente y luego en la nevera durante al menos 2 horas.
6. Caramelizar
Antes de servir, espolvorea una capa fina de azúcar y quémala con un soplete de cocina hasta obtener la clásica costra crujiente.
