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El agente y el principal

Publicado el 05 marzo 2010 por José Luis Ferreira
El agente y el principal

Hay, por lo menos, dos formas de conseguir que una organización funcione. Una primera consiste en decirle a cada uno lo que tiene que hacer para conseguir el fin de que se trate y pagarle a cada uno si hace lo que se le dice. Tiene la desventaja de que muy a menudo quien puede ordenar a cada uno (el que paga) no sabe qué es lo que hay que hacer para conseguir el resultado.

Otra manera consiste en dejar libertad a los individuos, para que hagan lo que crean conveniente y pagar por resultados. Tiene como desventaja que, en algunos casos, los resultados no siempre se obtienen a pesar de que los individuos tomen las mejores decisiones y trabajen de la mejor manera. Puede haber un elemento de suerte.

La economía de la información muestra, sin embargo, que la segunda manera suele ser mucho mejor para todos. Para el que cobra, la aleatoriedad en el pago se ve de sobra compensada por el mayor pago en caso de éxito. Para el que paga, el mayor pago se ve compensado por mejores resultados.

Por ejemplo, el dueño de un negocio (el principal) contrata a un experto (el agente). Si el experto hace bien su trabajo, el dueño ganará 100 ó 30 con iguales probabilidades, pero si lo hace sólo cumpliendo mínimos, ganará 30 con total seguridad. Hacer bien el trabajo le cuesta 10 al experto, pero hacerlo cumpliendo mínimos le cuesta 0. Si el dueño le paga una cantidad fija (20) y solo puede saber si cumple o no los mínimos, el experto no hará ningún esfuerzo, se llevará los 20 y el dueño 10 (30 que gana menos 20 que paga).

Si, en cambio, el dueño paga por resultado, puede pagar 60 si el resultado es bueno y 20 si es regular. Si el experto se esfuerza ganará 40 en media, a lo que hay que restar el esfuerzo, que es 10, así que se queda en 30. El dueño ganará 25 en media (100 menos 60 ó 30 menos 20 con iguales probabilidades).

No entender esto limita la productividad, sobre todo en la cosa pública, más reacia a pagar por resultados. En la Universidad española la mayor parte del salario depende de cumplir unos mínimos (muy mínimos) que, eso sí, están reglamentados. Las cosas que puede y no puede hacer con su presupuesto un Departamento están muy limitadas y controladas (la manera de contratar, pagar y promocionar al profesorado, por ejemplo). Si se permitiera más libertad y más presupuesto a cambio de más resultados (investigación de calidad, por ejemplo) y menos si los resultados no llegan, todo el mundo ganaría (en media, algún mediocre sin ganas de trabajar vería su salario disminuido).

Mientras no se supere el miedo a la libertad y a ser evaluado todos los esfuerzos por mejorar la universidad basados en decirle a la gente lo que tienen que hacer serán costosos y poco útiles.


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