PERSONAJES MEMORABLES
Tramas vertiginosas y bien complementadas, personajes muy redondos y un lenguaje brillante son algunos de los valores que acumula esta nueva novela de Santiago Díaz, con Jotadé, su policía gitano, al mando de las operaciones.
Una de las claves para llegar al corazón del lector, cuando se trata, además, de una serie de novelas, consiste en dar con un personaje único, con un protagonista humanizado y redondo, con aristas y virtudes, con sufrimientos y triunfos, en suma, y con una carga de realidad que le haga aparecer como un igual ante los ojos de quien le lee.
Jotadé Cortés, el subinspector creado por Santiago Díaz, hace tiempo que ha alcanzado ya esa categoría de personaje memorable, desde las primeras apariciones en la serie protagonizada por la inspectora Indira Ramos, hasta el momento que vive ahora, comandando su propia serie, de la que acabamos de recibir el segundo título, que ha superado al primero (‘Jotade’), lo que no era nada sencillo.
El autor madrileño, que lleva ya una buena trayectoria en el ámbito del thriller y la novela negra, se ha soltado del todo en los dos volúmenes de la serie publicados hasta ahora, y ha logrado algo complejo, que el lector, cuando cierre su novela, se quede ya esperando la siguiente. Esa atracción no es algo superficial ni facilón, solo se logra con buenos argumentos, tramas bien urdidas y una prosa que sabe dónde hincar el diente, cuándo correr y cuándo pararse a respirar.
Un policía gitano
Este policía gitano (o este miembro de la pestañí), una rara avis en el mundo literario, es un hombre torrencial para lo bueno y lo no tan bueno, pero es un tipo también sin dobleces, que sólo tiene una palabra y que se entrega a los suyos siempre que lo necesiten, lo que le acarrea más de un disgusto y a la vez le proporciona el favor del público. Poco amigo de las normas, tiene su propio código ético, y sobre todo un instinto policial que le hace ser muy bueno en su oficio, aunque un permanente dolor de cabeza para sus superiores.
Aun así, para que la novela sea buena no basta con un personaje, y Santiago Díaz lo sabe, por lo que le rodea de una galería también destacable (Iván Moreno, Lucía Navarro, Verónica Arganza, Garrido, Melero, Lola, etc.), pero sobre todo consigue que la obra pivote sobre cinco tramas que van dosificándose de forma muy medida, y que constituyen otro de los puntos fuertes de la misma.
Osborne y su pasado, además de sus turbias actividades; Melero y su enamoramiento de una gitana, o lo que es casi un reverso del camino de Cortés; Lucía y sus pacientes juveniles en el centro en el que ejerce como psicóloga; Iván Moreno y la viudedad de Indira, así como la crianza de sus hijos y la posibilidad de rehacer su vida; y el propio Jotadé, reconciliado con Lola, preparando sus oposiciones a inspector y tratando de renovar las oposiciones a padre.
Tramas muy bien hilvanadas
Ese
marco de cinco subtramas, como denominarían los más técnicos, es lo que, junto
a la propia investigación, convierte la novela en un organismo vivo y en
constante evolución. Porque ese marco, llamémosle real, se hace muy necesario
cuando los crímenes que se están investigando, tanto los pasados como los
presentes, son tan duros que de otro modo nos estarían sacando el alma por la
boca, y así al menos el autor se asegura de que sigamos acompañándole hasta el
final.
En contra de lo que algunos reseñistas critican, la condición de “thrilleros” de algunos escritores, aquí no hay recursos facilones ni golpes de efecto gratuitos, sino dosificación de los hechos, de los avances policiales y de la propia maldad, venga de la mano de un asesino en serie o de un joven atractivo y manipulador.
Y para que ese efectismo no triunfe hay un par de antídotos: trabajo y técnica literaria. En cuanto al primero, nadie se lo niega a Santiago, que lo ha demostrado como narrador y como guionista. La técnica literaria está de igual modo fuera de toda duda, y se demuestra de forma brillante en dos aspectos destacables: los diálogos y el pasado de los personajes.
Lenguaje vivo y muy rico
Las voces de los personajes siempre son un importante motor en la novela negra, y un mal uso de las mismas puede arruinar la mejor trama. Aquí rezuman vida y naturalidad, y eso implica insertar expresiones del habla gitana y términos calés, pero también atender a la jerga delincuencial y a la de los policías, con los tecnicismos propios de la investigación. Sumémosle, además, el habla coloquial y hasta la de los preadolescentes. Así tendrán una buena muestra de la complejidad de este trabajo narrativo y al mismo tiempo de la frescura que transmite la novela.
La otra parte, el pasado de los personajes, requiere tacto y medida, porque el lector debe conocer lo justo y en el momento adecuado. Los lectores fieles ya saben detalles que no necesitan repetirse, pero sí deben mencionarse para el lector neófito, y ahí radica otra de las dificultades: el equilibrio para no caer en la reiteración y al mismo tiempo incorporar el dato justo.
Todo lo anterior convierte esta novela en algo muy atrayente de lo que cuesta trabajo apartarse, porque cada capítulo, breve y por ello virtuoso, hace que deseemos embarcarnos en el próximo, intentando incluso adelantarnos a los pasos que Jotadé y los suyos van a dar en la investigación.
Si en Alfaguara buscaron en algún momento desembarcar en el ámbito de la novela negra con esta colección, estarán más que satisfechos por contar con Santiago Díaz, que les ha colocado en los primeros lugares de influencia editorial y que ha vuelto a hacerlo con su Juan de Dios Cortés. Con obras como esta queda más que demostrado que la novela negra en España es capaz de producir obras de grandísima calidad.
EL AMO. Santiago Díaz
Alfaguara. 385 páginas.
https://www.laverdad.es/ababol/libros/personajes-memorables-amo-20260418074100-nt.html?fbclid=IwY2xjawRQqjVleHRuA2FlbQIxMQBicmlkETA4blRsTEhXOUYzb3VCUHNoc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHjYb-GswTbVfe84CCh5nxX74pwdpYEYZc_AjEaeX71lJWLx1wkCH_OxwrFN3_aem_jQCkoUbtbmq8yYyFMVX7cg
