Con dieciocho años, Rachel se había convertido en una joven pintora capaz de vivir de la venta de sus cuadros. Así lo hizo durante los siguientes diez años hasta que, antes de cumplir los treinta, se casó con otro pintor, Juriaen Pool. Convertida en una mujer casada y madre de diez hijos, Rachel continuó pintando junto a su marido.
En 1701, ambos ingresaban en el gremio de pintores de La Haya. La pareja era muy respetada en los círculos artísticos y trabajaba de manera intensa para hacer frente a las demandas que no paraban de crecer. Sus cuadros plagados de hermosas flores sobre un fondo oscuro hacían las delicias de sus compradores que observaban con deleite el realismo y la delicadeza con la que Rachel Ruysch las plasmaba en sus lienzos.
En 1708, el Elector Palatino, Johann Wilhelm, requirió de sus servicios en Düsseldorf a donde viajó de manera periódica hasta la muerte del elector en 1716. Rachel Ruysch continuó pintando hasta los ochenta y tres años, momento en el que su avanzada edad le impidió continuar aumentando la larga lista de cuadros que pintó desde que empezara su carrera artística. Tres años después, el 12 de agosto de 1750, fallecía en Ámsterdam.
