Revista Psicología

¿El café puede causar psicosis?

Por Lizardo

¿El café puede causar psicosis?
A simple vista parece un exagerado despropósito afirmar que una bebida tan comúnmente empleada pueda tener algo que ver con el desarrollo de cuadros de psicosis, si casi todo el mundo toma café habitualmente y nunca ha estado loco, ¿no?
La psicosis inducida por sustancias es un diagnóstico psiquiátrico frecuente sin embargo la psicosis inducida por cafeína permanece como un raro fenómeno con escasos reportes publicados en la literatura. Sin embargo, hay diversos casos que relacionan el consumo de altas dosis de café con la aparición de cuadros de psicosis en determinados individuos con alguna predisposición no del todo determinada. En la literatura se han reportado casos tanto de psicosis en individuos sin patología psiquiátrica previa así como recaídas en pacientes esquizofrénicos y bipolares, asociados al consumo de elevadas dosis de café o bebidas cafeinadas (sobre todo las ahora populares bebidas energizantes): también se ha advertido que la suspensión del consumo de cafeína facilitó la mejoría en individuos con psicosis crónicas. Incluso en población no clínica -es decir sin ningún trastorno psiquiátrico- bajo efecto de estrés, se ha demostrado que la cafeína incrementa la proclividad a presentar fenómenos alucinatorios.
Desde luego, aunque no hay cifras precisas sobre la incidencia de casos de psicosis asociada al consumo de cafeína, aún una prevalencia baja significaría un considerable número de afectados pues el consumo de cafeína es sumamente extendido -hasta el 80% de la población mundial la consume habitualmente-. También hay casos que apuntan a la posible asociación del consumo de cafeína con el desarrollo de episodios de manía. 
Se ha señalado que dosis de cafeína superiores a 10-15 mg/kg de peso corporal están asociadas ocasionalmente al desarrollo de cuadros psicóticos. El umbral para el desarrollo de intoxicación cafeínica (síndrome compuesto por inquietud, nerviosismo, excitación, insomnio, diuresis, logorrea y pensamiento acelerado, agitación, taquicardia y sensación de infatigabilidad) es impreciso pero se apunta como superior a los 1500-2000 mg.de ingesta de cafeína. Es necesario considerar que la farmacocinética de la cafeína no es líneal pues se satura a dosis entre 250 y 500 mg.  por lo tanto, los consumidores crónicos de dosis elevadas, como nuestra paciente, tendrán niveles séricos de cafeína progresivamente crecientes y acumulativos. Sin embargo, la tolerancia a los efectos de la cafeína se desarrolla con bastante rapidez, tanto a sus efectos de disrupción del sueño como a sus efectos subjetivos y psicomotores, lo que hará menos predecible la respectiva expresión clínica de las dosis consumidas de cafeína.  De hecho, el desarrollo de síntomas de “dependencia” entremezclados con aquellos de intoxicación y “abstinencia” -se entrecomilla dependencia y abstinencia pues tradicionalmente no se aceptaba el desarrollo de dichos síndromes con la cafeína- deviene en la mixtura denominada “cafeinismo” en el que se describen nerviosismo, inquietud, irritabilidad, tremor, calambres musculares, hiperreflexia, insomnio, cefalea, pensamiento acelerado y palpitaciones. Estos fenómenos deben diferenciarse de la psicosis cafeínica donde existe plenitud de síntomas de esa índole, como alucinaciones y delirios y desorganización conductual.
Se conoce que los efectos de la cafeína sobre el sistema nervioso central a nivel molecular consisten en el antagonismo competitivo sobre receptores de adenosina (A1 y A2A), la inhibición de fosfodiesterasas intracelulares, bloqueo de receptores GABA-A y liberación de calcio intracelular, aunque estos efectos son aparentes a dosis sumemente elevadas. Los efectos clínicos de la cafeína son principalmente atribuidos a su antagonismo sobre receptores de adenosina A1 y A2A: en cuanto a este último, su bloqueo produce incremento de la neurotrasmisión dopaminérgica, que a nivel de las neuronas mesolímbicas vendría a suscitar el desarrollo de síntomas psicóticos positivos (de manera más o menos análoga, a la psicosis por estimulantes anfetamínicos o cocaína).
Aparte de lo peculiar e inusitado de estas presentaciones clínicas, que podrían quedar meramente en el arqueo de una ceja ante la anécdota, una arista que cabe resaltar es que a fin de cuentas, la psicosis, la locura, no resulta ser tan ajena ni distante a la experiencia común del ser humano: todos podemos psicotizarnos: todo depende de la sustancia consumida, de la circunstancia vivida, del trauma sufrido, de la constitución heredada, de la quebrada experiencia que nos quepa en suerte. La locura no está al otro lado de un océano de distancia sino hasta en nuestra propia taza de café.
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ENLACES: 
- Hedges DW, Woon FL, Hoopes SP. Caffeine-Induced Psychosis. CNS Spectr 2009; 14: 127-129. (PDF)
-  Cerimele JM,  Stern AP,  Jutras-Aswad D. Psychosis Following Excessive Ingestion of Energy Drinks in a Patient With Schizophrenia. Am J Psychiatry 2010;167:353-353.
- Winston AP, Hardwick E, Jaberi N. Neuropsychiatric effects of caffeine. Adv Psych Treat. 2005; 11: 432-439.
- Crowe SF et als. The effect of caffeine and stress on auditory hallucinations in a non-clinical sample. Personality & Individual Differences. 2011: 626–630.
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