Fortaleza de Játiva con murallas derrumbadas y truncadas torres que evocan epopeyas de íberos, cartagineses, romanos, godos, musulmanes y cristianos. Recios muros de un castillo que sufrió la sed de posesión de varias civilizaciones durante siglos. Porque no solo fue deseado durante la Reconquista, sino que también entró en liza en las guerras de las Germanías, Sucesión, Independencia y Civil. Avatares históricos que hicieron que fuera reconstruido una y otra vez.Castillo que ya vemos desde kilómetros de distancia, allí, en lo más alto de un cerro. Antigua fortaleza que fue en su día una ciudadela que cobijó a sus habitantes y que se encontraba muy bien protegida por su lado norte. Largos lienzos de muralla que recorrían la montaña, descendiendo y ascendiendo desde su parte oeste hacia el este.

En la cima, los íberos construyeron la base de lo que sería más tarde el castillo menor de Játiva. Una fortaleza donde cuenta una leyenda que la mujer del cartaginés Aníbal tuvo a su hijo en el año 218 a. C.
A la Saetabis íbera que existió a finales del siglo III a .C. y cuyos jinetes pertenecían a las tropas del cartaginés Aníbal, le sucedió Saetabisromana que la convirtió en un enclave vital en la Vía Augusta. Fueron los visigodos quienes la nombraron sede episcopal mientras que los árabes la convirtieron en la cuna del papel de toda Europa.Durante la época musulmana fueron varios gobernadores quienes disfrutaron del poder que les concedía esta fortaleza de Játiva. Cuando la región se independizó de Córdoba y creó la taifa de Valencia se formó uno de los reinos musulmanes más influyentes de la Península.Fue a partir de la Reconquista cuando el castillo de Játiva comenzó a jugar un gran papel en el reino cristiano porque se convirtió en la fortaleza más importante que defendía el camino que iba desde Castilla hacia Valencia.En el siglo XVI y con las revueltas de la guerra de las Germanías el virrey de Valencia huyó para encerrarse en el castillo de Játiva. Aquí fue apresado y encerrado en los calabozos. Todos sus soldados fueron degollados.



A nuestra izquierda, y más reducido, se encuentra el castillo menor que se eleva sobre un espolón rocoso.
Fueron los íberos quienes eligieron este enclave para construir una pequeña fortaleza. Desde este castillo menor parten las murallas que se extienden de forma irregular según les va marcando el recorrido la propia montaña. Andamos hacia la Puerta de Aníbal, por la que, según cuentan, pasó con todo su ejército durante la segunda guerra púnica.



Es la plaza de armas la que establece la unión entre el castillo menor y mayor. Vamos a subir a la terraza del restaurante para poder contemplar los lienzos de murallas que descienden hacia Játiva y que protegían a sus habitantes. Muros de mampostería y tapial que fueron construidos por los romanos y musulmanes.
Seguramente, si algo vamos a ver en abundancia son los aljibes árabes que recogían el agua de lluvia y que la llevaban, mediante canales, hacia todos los puntos del castillo de Játiva. Estaban construidos con capas de cantos rodados que hacían que el agua se filtrara una y otra vez para que fuera lo más pura posible. Cada recinto fortificado tenía su propio aljibe.

Y si giramos la mirada y seguimos avanzando podremos observar que las torres que aún quedan en pie tienen una abertura pequeña, la llamada aspillera. Ventanas defensivas que permitían disparar a los atacantes mientras se cobijaban detrás de los muros.
Entramos al segundo recinto fortificado donde vamos a conocer como era un horno moruno. Andamos sobre pavimento espigado de época romana. Aquí, como en todos los recintos del castillo, también hay un aljibe. Quizás este sea uno de los que más nos atraiga por la intensa tranquilidad que desprende este espacio al aire libre dedicado al agua y los jardines. Rincones repletos de aromas y plantas diferentes que evocan las épocas romanas, árabes y cristianas. Caminamos por uno de los laterales del castillo al que llamaron dehesa porque desde aquí crecían verdes prados para alimentar a los animales.
Y seguimos ascendiendo con paso tranquilo. Después de un leve repecho pasamos al siguiente recinto fortificado por la puerta de Santa María. Y nos sorprende un cambio brusco de camino. Sí, en codo. Por eso mismo, si los atacantes conseguían llegar hasta aquí, el castillo se podía dar como invadido. 
Curiosamente, dicen que no existe documentación alguna de victoria sobre este último recinto debido a la complejidad de esta disposición. Frente a la puerta de entrada lo que hemos estado viendo en los anteriores recintos, un aljibe para autoabastecer a sus ocupantes y el jardín del duque de Calabria.
Ahora las estructuras cambian y volvemos a contemplar una capilla de estilo gótico donde se encuentran los restos del conde de Urgel, aquel que era pretendiente a la Corona de Aragón y que fue hecho preso y encarcelado hasta su muerte hecho que sucedió en el calabozo del castillo de Játiva.
Mirando a la capilla se encontraba la torre que, según dicen, fue la más alta del castillo y que fue destruida por el terremoto y los franceses.

Y a nuestra derecha, un cartel alargado, sobrecogedor. Un gran listado de nombres. Algunos los recordaremos, otros no. Los presos más ilustres que tuvo el calabozo húmedo y oscuro al que vamos a poder acceder…


El castillo de Játiva se convirtió en prisión real de la Corona de Aragón desde el siglo XIII hasta el XVI contando en su triste historia con grandes personajes de la nobleza. La llamada mazmorra del conde de Urgel tenía su propia sala para el cuerpo de guardia y un pequeño agujero por donde se le suministraba el agua y el alimento. El conde de Urgel, el prisionero desdichado que sufrió humillaciones y vejaciones durante los veinte años, estuvo preso en diferentes calabozos de la Península. Y cuentan que, por lo menos en esta fortaleza y gracias a Alfonso VI, se le permitió salir al aire libre y aliviar su suerte como prisionero militar.
Seguimos avanzando y subiendo. Ya nos encontramos en la parte superior del castillo que está bastante destruida. Vamos a andar por lo que fueron las dependencias de otro prisionero ilustre, el duque de Calabria. Patios de pavimento en forma de espiga y muros destruidos debido a las tropas francesas durante la guerra de la Independencia. Bonitas ventanas de arco gótico que nos impulsan a mirar a través de ellas para poder imaginarnos las vistas que tenía este otro prisionero de la alta nobleza.Y arriba, dicen que existía una campana que era la encargada de marcar los cambios de guardia, avisar de la proximidad de tropas enemigas y de marcar los horarios de riego a los campesinos.A diferencia del conde de Urgel, el duque de Calabria fue uno de los prisioneros más ilustres del castillo. Dicen que fue educado para ser rey pero sus numerosos enemigos se lo impidieron. Cuentan que tuvo un gran romance con la reina Germana de Foix. Su largo cautiverio fue bastante cómodo ya que se construyeron para él algunas salas donde podía recibir la luz del sol y guardar su extensa colección de códices. Aquí, en este castillo de Játiva estuvo preso durante diez años hasta que se casó con Germana de Foix. 



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