Revista Cine

El club secreto de las medias blancas

Publicado el 28 junio 2014 por Key Hunters @zapatoalacabeza
¿Y no actúas con esa clase de ballet a la que vas? Yo quiero ir al teatro,y sentarme con los padres, y decirles "¡mira! ¡La mía es la que va de árbol!"
Sledge
Muchas risas con eso de que hago ballet. Mucho dije que no iba a actuar, que ya era un poco mayor para esas cosas, y que estaba muy liada y no iba a poder.
Mentira todo.
Me insistieron un par de veces y caí como una bendita. Que luego la gente hace cosas, se lo pasa bien, y yo me arrepiento de no haber participado. Así que dije que sí. Aproximadamente siete segundos después ya había un grupo de whatsapp montado y mi móvil estaba lleno hasta las trancas de fotos de diademas con flores y tutús y vídeos de maromos rusos saltando miles de metros y cogiendo en brazos a esbeltísimas doncellas con zapatillas de punta.
Así acabé en Decathlon comprándome uno de esos mallots que llevan las niñas que hacen gimnasia rítmica, pidiendo un tutú súper pomposo por internet, comprando todas las horquillas existentes en Claire's y buscando medias en Calzedonia.
Yo - ¿Tenéis medias blancas?Dependienta - Pues -me mira con cero convicción en su expresión- ... cosas de novia. - Oye, ¿por qué esa cara? A LO MEJOR ME CASO MAÑANA, ZORRA.Yo - ¿De novia? Bueno. Tú enséñamelo.
La dependienta saca un par de packs más o menos blancos que brillan un poco.

Dependienta - Ésta es menos blanca, pero te va a quedar más bonita.

Traduzco las palabras de la joven en mi mente: Las medias blancas son una aberración estética y sólo te las estoy ofreciendo porque si no, me despiden. Lucharé hasta mi último suspiro para que no te pongas esa mierda.
Yo - No, si no tienen que quedar bonitas, tienen que quedar de bailarina. Son para una actuación.
La chica levanta las cejas al escuchar la palabra "bailarina" y su mirada se pierde por un momento en el infinito. Veo en sus pupilas la silueta de una niña girando como una peonza, que tuvo que renunciar a su sueño de bailar El lago de los cisnes en un teatro de París porque su severo padre la obligó a abandonar los escenarios y estudiar una carrera. O igual sólo ha visto el anuncio de la crema reductora ésa y se ha emocionado, que últimamente por lo visto pasa mucho. No sé, da igual.
Dependienta - Espera aquí.
Y desaparece en el almacén, todavía con la mirada perdida. Pasan quince segundos.
Dependienta - Mira, te he traído éstas, que son súper tupidas, son totalmente blancas y te van a quedar preciosas.
¿Entonces no sólo sí tenían medias blancas sino que ahora resulta que me van a quedar preciosas? ¿Por qué no me las ha dado desde el principio? ¿Qué parte de "medias blancas" es la que no se entiende bien? Las dependientas me desconciertan enormemente.
Yo - Vale, pues sí, justo ésas quiero. ¿Ésa es mi... ?Dependienta - Esta es tu talla, sí, te doy una mediana, que te va a quedar perfecta.
Aparentemente hay un club secreto conformado por bailarinas y sus correspondientes aprendices, cuyos miembros tienen acceso a material oculto en mercerías. Por si algún día necesitáis unos leotardos rosas o algo así y los dependientes insisten en que eso no existe. Decidles que son para una actuación de ballet y probablemente saquen del almacén una oveja y tres hilanderas y os los fabriquen allí sobre la marcha.
El caso es que el viernes a las cinco y media de la tarde aparezco en el palacio de congresos de mi ciudad, con una mochila, un bolso y un tutú enorme en brazos, y cruzo las puertas corriendo tras tener a la chica de seguridad sujetando mis cosas durante dos minutos mientras yo rebusco entre mis cosas una cartulina en la que mi academia de baile ha imprimido muy ceremoniosamente PASE DE ARTISTA.
Me cruzo con mis compañeras, que huyen en busca de un sitio en el que ensayar mientras yo deambulo hasta encontrar nuestro camerino. Me pongo las zapatillas y el tutú en desastrosa combinación con la ropa de deporte que llevo debajo y salgo corriendo para llegar al ensayo general. Llego a la sala principal y visualizo a lo lejos a mi profesora, Valentina.
Valentina parece una bailarina incluso antes de abrir la boca. Tiene el cuerpo, la postura, y la mirada de desprecio inmensurable hacia el resto de inferiores mortales que se requiere para ser una bailarina de verdad. Pero es maja, eso sí. Me doy cuenta por un momento de que, en los diez meses que viene durando nuestra relación, a esta chica le he escuchado decir más palabras en francés que en español. Literalmente. Pienso en Valentina en una clase aleatoria de meses pasados.
Valentina - Jeté, doble, piqué por petit développé con plié, rond de jamb al aire, en dehors, en dehors, continúo el rond de jamb, attitude, brazo en arabesque. Allongé. ¡¡ESAS QUINTAS!!
Esta gente habla así. Al principio no entiendes nada, pero al final te acostumbras.
El caso es que, una vez aparece el resto de miembros del grupo y nos libramos de las señoras que bailan sevillanas y no se bajan ni a tiros del escenario, conseguimos hacer un ensayo deprisa y corriendo, en el que compruebo que ubicarse en una tarima gigante tan fácil igual no es. Y mira que te ponen marcas en el suelo y toda la historia, pero ni por ésas.
Acabamos el ensayo y vamos a los camerinos a prepararnos para la actuación. Miro a mis compañeras y veo a Ganímedes, que tiene un neceser en la mano lleno de frascos.
Yo - Ganímedes, ayuda. No sé maquillarme, ni hacerme peinados de ningún tipo. Tengo aquí un súper kit de maquillaje -precintado- que me regalaron hace tiempo. Me tienes que ir diciendo lo que tengo que hacer.
INCISO
A veces hasta he intentado prestarle atención, pero el mundo del maquillaje me resulta una extraordinaria pérdida de tiempo. No quiero utilizar diez minutos de mi día, ni mi dinero, en estar más guapa. No quiero depender de un potingue que me quite las ojeras. Si un día decido hacerme fan de estas cosas, me arrojaré felizmente a los brazos de la sombra de ojos, pero de momento, no tengo ganas.
FIN DEL INCISO
Ganímedes - ¿Pero no te has pintado nunca?Yo - Ummm... una vez, para un disfraz... pero sólo fueron los ojos, y me los maquillaron, no lo hice yo. Y otra vez, en una fiesta en un centro comercial, larga historia... pero me fueron diciendo lo que tenía que hacer y no me acuerdo de nada.Ganímedes - Bueno. Pues yo te digo.Yo - Vale, lo primero es una cosa llamada base de maquillaje, ¿verdad?Ganímedes - Sí - Me mira con asombro. Pero si le acabo de explicar la coyuntura.Yo - No me mires así. Que no me he maquillado nunca, te digo.Ganímedes - Vale. Es verdad.
Me pongo a sacar botes precintados de la mochila. Hasta un kit de brochas tengo.
Yo - ¿Es esto? - le enseño un frasco marrón.Ganímedes - Eso es.Yo - Vale, ¿y esto cómo me lo doy? ¿era darse varios puntos y extender como una crema hidratante, puede ser?Ganímedes - Sí. - Sigue teniendo cara de confusión.Yo - Vale - Me extiendo esa historia -. ¿Y ahora va eso de quitar las ojeras? Creo que de eso no tengo.Ganímedes - Coge el mío - me extiende otro cilindro marrón. Lo abro -.Yo - ¿Y qué hago con esto? ¿Cuánto me doy?
Ganímedes no contesta por un momento y me mira fijamente.
Yo - Ganímedes, que no me sé maquillar. No es una manera de hablar. Que me da la sensación de que no me crees.Ganímedes - Sí, sí, tienes razón, si me lo has dicho. Es que no estoy acostumbrada. Date el antiojeras a puntitos y extiendelo.
Y hasta aquí retengo la información relacionada con el maquillaje. El resto no tengo claro cómo pasó. Me senté, cerré los ojos, y cuando volví a abrirlos y me miré en el espejo, parecía un travesti (por lo visto cuando actúas tienes que pintarte como una puerta, porque desde las butacas si no ni te ven la cara). Lo único que hice yo, previa explicación del resto de las chicas, fue pintarme la raya del ojo, porque a Ganímedes le dio miedo mutilarme con el lápiz. Y darme pintalabios rojo chillón, además de un colorete que me proporcionó exactamente ningún resultado. Ahí ya pasé a manos de Linda para la parte de peluquería.
Linda me pide que me haga una coleta alta y apretada, la enrosca y empieza a incrustar horquillas. Horquillas de ésas largas, que te arrancan medio cuero cabelludo cuando te las quitas. Y echa laca. Echa muchísima laca. Laca barata, con un olor fortísimo. Para cuando termina con ello, la concentración del spray en la habitación es tan alta que puedo percibir a Hitler desde el más allá dándonos su aprobación.
El resto de la tarde la pasamos viendo las coreografías de los demás desde los laterales del auditorio y ensayando a ratos. Hubo un rato en el que yo me escapé para practicar, y acabé llegando a un pasillo con cristaleras que daban a la calle, donde estaban esperando para entrar Cleo, Iris, Garfield y Manzo. Después de muchas señas me vieron y se pusieron a hacer fotos a lo loco a través del cristal. Como en un zoo, igual. Y de estas cuatro presencias aprendemos una valiosa lección: no os hagáis amigos nunca de gente con ganas de ver si sus dotes artísticas les llevan a alguna parte, que luego os toca ir a verles actuar. Es más, que luego os toca tragaros dos horas de gente que os da igual, bailando, para verles a ellos dos minutos. Vaya ganas.
Y bueno, actuamos. Y no fue nada del otro mundo, pero teniendo en cuenta el desastre que esperaba, tampoco me puedo quejar. Algunas partes hasta quedaron coordinadas.
Está bien, actuar. Justo antes de salir al escenario te planteas qué haces tú ahí, si tú eres de ciencias y no sabes bailar, pero luego te quedas con la sensación como de haber hecho algo distinto en la vida. Está bien, os lo recomiendo.
De ahí hasta el final de la noche, más espectáculos. Recostada en un asiento de la primera fila, con las zapatillas de la mano y el tutú en el regazo, calculo a qué porcentaje de las dieciocho bailarinas que hay en escena se habrá cepillado ya el único chico de la clase, de eso que supongo será funky. Pero no sé, todo lo que es como moderno y no identifico para mí es funky, así que a saber. El chico ni sigue bien los pasos, ensimismado como está con las camisetas ajustadas que giran a su alrededor. Seguro que ése se metió ahí por su amor a la danza.
Cuando por fin conseguimos salir de ahí, me voy a cenar con Manzo y con Iris, que mira emocionada mis párpados bicolores.
Iris - ¡Te voy a regalar un curso de maquillaje!
INCISO
Iris me da la turra enormemente para que me maquille. Yo, según el día, me ofendo porque creo que me está diciendo que soy un callo malayo sin maquillaje y porque no me gusta que me digan lo que tengo que hacer, o bien asiento vagamente mientras ella sigue hablando de rímeles y yo pienso en otras cosas. La quiero mucho, pero con el maquillaje es una brasas de mucho cuidado.
FIN DEL INCISO
Yo - Vale... tú regálamelo...Iris - Ya, me ha dicho Manzo que me lo ibas a tirar a la cara.
Manzo se pone a gritar desde el cajero, unos metros más allá.
Manzo - ¡No, tirartelo a la cara no! ¡Te he dicho que te iba a decir que te lo metieras por el culo!
Sutil.
Iris - Jijijiji bueno, pues eso.
Por lo demás, sabed que sólo he conseguido quitarme la raya del ojo derecho; la del izquierdo se ha quedado ahí tres días. Podría haber hecho mi propia versión de La naranja mecánica. Porque cuando te echas potingues en la cara, no sólo tienes que emplear tu tiempo en aplicártelos, sino que por la noche tienes que quitarte toda esa mierda. Y será la falta de costumbre, pero yo tardé un montón. Y pensar que la gente hace eso a diario, no fastidies.
A lo mejor algún día me aficiono al maquillaje. Si me hago rica y famosa, y son otros lo que me maquillan mientras yo veo la tele. Ya lo pensaré.

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