La glicación es un proceso mediante el cual las moléculas de azúcar se transforman en productos que debilitan y deforman las fibras de colágeno y elastina que son las que otorgan el aspecto juvenil, turgente y elástico. Cuando somos jóvenes, el cuerpo produce más colágeno y puede protegerse mejor contra el daño que causan los azúcares. Con el tiempo, al alcanzar los 35 años, la combinación de fotodaño, estrés oxidativo debido a la agresión medioambiental, cambios hormonales y la acumulación de fibras debilitadas por los azúcares disminuye nuestra capacidad de reparar el daño y la piel empieza a verse envejecida. La glicación no puede ser detenida por completo porque, entre otras cosas, no podemos dejar de ingerir alimentos. Lo que sí podemos hacer es cuidar nuestra piel evitando el consumo de azúcar blanca refinada, golosinas, refrescos, o cualquier producto endulzado con fructuosa o sacarosa.
Revista Salud y Bienestar
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